Editorial
Pescando en un mar de frustración: el voto emocional que rompe con lo ideológico.
Por Javier Correa
La generación política que lleva 20 años en el poder derrama claros y nuevos síntomas de agotamiento. Sin embargo, el mayor costo lo está pagando el peronismo. ¿Hay cambio de ciclo o vamos a una estable decadencia? Milei aprovecha el contexto.

Javier Milei puede ser de derecha, pero sus votantes no o, al menos, no necesariamente. Se tiende a pensar el sistema político argentino a través de la variable ideológica izquierda-derecha, pero actualmente esto es una simplificación que no conecta con los datos que tenemos. El extravagante economista es el gran emergente del gran consenso que tienen todos los segmentos electorales en la Argentina: la política, en sus versiones más taquilleras, solo ha producido desencanto.

Más que una línea recta que recorre el sendero de izquierda a derecha (o viceversa), el sistema político argentino podría ser más bien un triángulo en donde, desde un vértice, Milei aspira de la política tradicional sus adhesiones.

La polarización que plantea el fenómeno Milei no es ideológica, es emocional. No se posiciona dentro del eje peronismo-antiperonismo, sino por encima capturando enojados para combatir privilegiados. "Dame tu corazón indignado para castigar a la casta", esa parece ser la propuesta que deja del mismo lado del fango al Frente de Todos y a Juntos por el Cambio.

"Usted es mi enemigo, que me enaltece ¿me entiende? Cuanto más lejos estoy de lo que usted representa, mejor soy", le dijo Marcelo Bielsa a un periodista hace 20 años, pero bien podría ser una frase de Milei al orden político establecido.

Con Juntos por el Cambio devenido en un espacio político tradicional, el libertario es premiado por un contexto que demanda disrupción y novedad ante enormes niveles de hartazgo social. Milei se ha convertido así en referencia ineludible del círculo de poder de la Argentina que trata de entender lo que ofrece, sin detenerse a observar las razones de quienes lo demandan.

¿El fin de un ciclo político? ¿El comienzo de uno nuevo?

Un estudio de Poliarquía desarrollado por Lucas Klobovs destaca que solo un 28% de los argentinos cree que la situación del país estará mejor en los primeros meses de 2024: nunca desde que se realiza este estudio ha habido un número tan bajo en un año electoral. Si cada elección presidencial renovaba esperanzas, este no es el caso.

Por nuestra parte, en Ad Hoc venimos monitoreando la conversación pública de los 39 millones de usuarios que habitan en el ecosistema digital argentino. Cuando analizamos las repercusiones de los eventos políticos los datos nos arrojan una conclusión fundamental: el interés masivo de la audiencia digital está en paralelo a la agenda política, es decir que la agenda de la política y la del usuario "de a pie" no interactúa. Mientras que la conversación digital sobre el Caso Báez Sosa tuvo casi 7 millones de interacciones en 48hs, los "renunciamientos" de Alberto y Macri combinados apenas llegan al millón de interacciones. A su vez, durante el mes de abril, el dengue activó a mayor cantidad de usuarios que las grandes noticias políticas. El problema no es que el mosquito interese más que la política, sino que la dirigencia nacional, entretenida en sus disputas internas, casi no le habló del insecto a una sociedad en cuya memoria colectiva aún anida una pandemia.

En este contexto, Cristina Kirchner primero, Mauricio Macri después y, por último, Alberto Fernández eligen renunciar a sus potenciales candidaturas. Más allá de las especulaciones respecto de Cristina, lo cierto es que los tres últimos presidentes eligieron no competir. Protagonistas de los últimos 20 años de la vida política argentina, y con solo 4 meses de diferencia, le dicen a quien quiera escuchar que ellos son los primeros conscientes de los límites que la realidad les impone.

Entre una política que no conecta con los ciudadanos y líderes que asumen sus propios límites, ¿estamos ante un fin de ciclo generacional o un incipiente cambio sistémico? Si algo viejo se va, ¿estamos en el inicio de un ciclo protagonizado por nuevos actores de poder? "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en el claroscuro surgen los monstruos". En esta frase de Antonio Gramsci quizás haya una respuesta.

Huérfanos de la política, pero al revés.

Juan Carlos Torre escribió "Los Huérfanos de la Política de Partidos" para explicar la crisis de representación que vivió la Argentina en 2001 y que terminó con el estallido social que todos conocemos. El "que se vayan todos" parecía estar dirigido a toda la política, pero en realidad solo barrió con el polo no peronista de votantes, mientras que el PJ aguantó el temporal.

Un estudio de Marketing y Estadística (dirigida por Sebastián López Perera) muestra que en Presidente Perón, un verdadero bastión del peronismo en el conurbano, el drenaje del Frente de Todos es alarmante. En 2019 obtuvo cerca del 60% de los votos, mientras que hoy la intención de voto peronista apenas supera el 30%. Juntos por el Cambio mantiene el caudal electoral, mientras que los que crecen son Milei y el voto en blanco.

Los datos electorales también son elocuentes. Entre 2017 y 2021 el peronismo perdió casi 1.200.000 votos en la provincia de Buenos Aires, mientras que Juntos por el Cambio perdió solo 350.000 aun con José Luis Espert creciendo por derecha. Si en 2001 el catalizador del descontento eran los partidos de izquierda, la dispersión en opciones no peronistas y el voto en blanco, 22 años después la catarsis parece vehiculizarse al grito de casta y dolarización.

Javier Correa y Lucas Raffo

Directores de AdHoc

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