Gobierno
(Lo que no hay) En la puerta de la aduana
Por Pablo Cano
No son pocos los que se tientan en narrar la etapa germinal de la historia argentina como una sucesión de hechos empujados por dos motores: el contrabando y la disputa por la renta de la "ciudad-puerto".

No son pocos los que se tientan en narrar la etapa germinal de la historia argentina como una sucesión de hechos empujados por dos motores: el contrabando y la disputa por la renta de la "ciudad-puerto". Y rastros de esta secuencia llegan hasta nuestros días aupados, esta vez, en el tono de la interna del FdT que pone al comercio exterior (principalmente su administración) en el centro de un reproche sobre la gestión económica y su correlato en costo político para el oficialismo.

Pero, como suele suceder en política y en la vida, nada es tan lineal. Y habría que mirar entre los pliegues de este relato para saber cuál es la discusión de fondo, qué es lo que se está poniendo en tensión.

Para ello vamos a ver los costados de la agenda que CFK pone hoy en primera plana. Y leemos a Eduardo Constantini quien, al pasar, y en el diario La Nación, dijo a principios de este mes que "Hay mucha gente, empresarios que hacen sobrefacturación de importaciones y otros que subfacturan exportaciones y generan dólares blue, entonces hoy el mercado baja por esa oferta que no va al Banco Central y mantiene al dólar en un valor más bajo, independiente de la situación económica de la Argentina", contrabando y Aduana/Afip aparecen asordinados en los dichos de uno de los grandes del círculo rojo. Y manifiesta algo que ningún funcionario del equipo económico salió a desmentir. La duda es si esto es un enorme negocio financiero efectuado sobre los márgenes de un "estado estúpido" o es una política económica desde el margen. Y que se gana y quien gana con esto.

El segundo dato es la salida de la Aduana (pero mucho más su permanencia en el cargo por dos largos años) de Silvia Traverso porque en su nombre y su trayecto se resumen varios de los puntos ciegos que van más allá de su propia gestión. Una burócrata sin formación para el cargo más allá del vínculo personal y directo con Marcó del Pont y que, aquí quizás el mayor reproche, formó equipo con familiares y recomendados de su círculo que fue tan heterodoxo como su cercanía al PRO y su permeabilidad para con el sistema. En su gestión denunció varios hechos cuya cuantía hablan por sí misma de lo escuálida de su actividad, pero, sobre todo, hablan de un status quo que le daba a su directora pequeñas gotas de los ríos que recorren de manera irregular entre los distintos estamentos de la Aduana (por ejemplo, cuando denunció a un complejo de exportadores de pasas de uvas y a su despachante por una evasión de U$S 13 millones durante 2 años). Traverso continuó una inercia que arrancó en el 2016 cuando la gestión de CAMBIEMOS naufragó entre carapintadas denunciados y CEOs complacientes- en ordenar un organismo que carece de cuadros que porten formación política y expertise técnica al mismo tiempo que viene consolidando una suerte de confederación de nichos dónde se mezclan la justicia federal en lo penal económico, los servicios y fuerzas de seguridad que operan en sus ámbitos, un puñado de "empresarios" de logística, expertos en mercados regulados de indudable prosapia contrabandista y unas decenas de burócratas entre los cuales se destacan los "verificadores" e incluso el propio sindicato en una rareza para cualquier observador de la política: una enorme caja desgobernada.

De hecho, podría decirse que el tercer dato surge de la yuxtaposición de la conclusión precedente con el discurso flamigero de CFK en la CTA el 20 de junio. La gestión en general y en lo económico en lo particular adolece de definición política, entendiendo ésta cómo la puesta en línea de la gestión con los intereses que expresan tu base electoral, porque el sistema político que arribó en 2019 viene gobernando sobre la base de reporte a los intereses de su interna antes que a la agenda de sus votantes. Y esto marca inexorablemente a todos los integrantes del FdT (principalmente a Cristina y a Alberto) cómo responsables finales de un gobierno que viene encadenando fracasos aún dentro de algunos moderados éxitos que puede mostrar. Pero la responsabilidad de ambos -y la gradualidad de la misma- se extiende sobre una agenda mucho mas grave y totalmente invisibilizada pese a las notorias alertas que se exhiben cotidianamente: la falta de músculo en el peronismo para ordenar los 100 cuadros que puedan gestionar y hacer política con volumen propio. La resucitación de Scioli es la última de las alertas que hablan de un peronismo/kirchnerismo viejo que se viene cocinando dentro de las internas de palacio y que -si alguien quisiera adjetivarlo peyorativamente- sólo generan una platea de aplaudidores seriales con cargo. Mientras la oposición podría tener unas paso con varios "nuevos", el peronismo acelera su proceso de envejecimiento. Y ojo, que aquí puede estar un error nodal en la lectura del momento histórico por parte del kirchnerismo. Lo que está sucediendo en Latinoamérica no es un giro a la izquierda (vean como quedan armadas las legislaturas de Chile y Colombia por ejemplo), lo que sucede es que la gente prefiere "bueno por conocer" de cualquier oferta que se pare en las antípodas del oficialismo en cuestión.

Quizás sea entonces éste el punto central que se desprende del furioso cuestionamiento a las políticas económicas por parte de la Vicepresidenta, empezar a constituirse en una suerte de oposición por izquierda del oficialismo...protagonizada por alguien que viene dominando la escena política hace 20 años.

Finalmente, ¿qué es lo que no hay en la puerta de la Aduana?. No hay un scanner (cómo si hay en el congreso y en la casa rosada por ejemplo). No es que la presencia del mismo dificultaría en exceso el hipotético tránsito de efectividades conducentes por la calle Azopardo, pero si sería una señal de ordenamiento. De puesta en sintonía con un proyecto político de la enorme importancia de la Aduana como instrumento de una política pública. El recientemente designado titular del organismo muestra una rara conjunción, ha sido valorado por todos los peronismos con los cuales ha trabajado (desde Pichetto hasta La Campora) y ha recibido una homologación pública por parte de la propia Cristina. Quizás sea el mojón para intentar un nuevo cambio de piel del peronismo en aquello que tanto resultado siempre le ha dado, portar dentro del movimiento lo último de lo viejo y lo primero de lo nuevo, aún entendiendo que se está en un largo tránsito hacia el llano y asumiendo la enseñanza más profunda de estos tiempos: ha sido un error constituir un sistema político cuyo centro de gravedad no porta "la lapicera". Y esta parece ser la verdadera discusión de fondo que termina de saldarse en estos días. 

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