Editorial
Goodbye Néstor
Por Pablo Cano
Cristina se despidió de los restos del proceso político que protagonizó junto con el verdadero factótum de ese tiempo histórico, Néstor Kirchner.

"La deben haber visto todos, pero sino véanla porque es una joya para entender sin tanta vuelta ni tanta cosa porque se cayó el muro..." Cristina pronunciaba esta frase en octubre de 2021 refiriéndose a la película "Goodbye Lenin" en el cierre del encuentro nacional de La Campora. En la misma parte de tal discurso y ante un auditorio que en aquella oportunidad cuidó que abajo y arriba de escenario sólo se observaran pibas y pibes en el estricto sentido etario de la palabra, también recalcaba la eficiencia del capitalismo como sistema económico... un piedrazo al sueño de la patria socialista para esa militancia que se jacta de ser soldados del Pingüino, de Chavez y de Fidel.

Con la facilidad del diario del lunes, podría haberse inferido allí que había un grito de "avívense" que CFK le daba a todo el kirchnerismo, empezando por la conducción política del espacio al que ese día le estaba hablando. Poco más de un año después, con una pistola que no disparó en su cabeza y con una justicia que viene incendiando su legado y arrastrando en tal suceso a su familia, Cristina en unos pocos minutos de una visceralidad extrema a través de You Tube se emparentó con el personaje principal de aquella película (curiosamente, o no, de nombre Christiane) y asumió el final de una época. De alguna forma, se despidió de los restos del proceso político que protagonizó junto con el verdadero factótum de ese tiempo histórico, Néstor Kirchner.

No fueron pocos aquellos que con el 54% del 2011 crearon un coro que interpretaba aquel resultado y el país emergente del mismo como el encumbramiento de CFK por encima de la figura de Néstor. Si bien ella misma siempre se cuidó de caer en esa tentación, lo cierto es que todo el sistema de construcción política que viene a partir de aquel momento se estructura sobre un nuevo rango de interlocución con la conducción (ella) y arrastrando de mala gana y por su propia inercia parte del complejo entramado que había construido su marido. El desgranado del "Nestorismo" genera conflictos políticos siendo el principal la paulatina pérdida de la conducción del sistema peronista, lo que genera enfrentamientos como los que CFK mantuvo con Moyano en su segundo mandato, y también decanta como material forense en la justicia federal arrastrando hasta nuestros días nombres como los de Julio de Vido, Lázaro Baez y Cristobal Lopez e incluso resuena en la reciente manifestación de Cristina respecto al vínculo de su marido con Magneto.

Diseccionar el kirchnerismo entre el tiempo de Néstor y el tiempo de Cristina es una tentación recurrente y que suele ser atacada por ambos lados de la grieta. Alguno por considerar a CFK parte de un mismo sistema mafioso y otros porque implica deméritos inaceptables para cualquiera de los dos Kirchner. Sin embargo, parece difícil pensar que la decisión de Cristina de excluirse del proceso político de cara al 2023 -cuando previamente todos los movimientos iban en contrario y aún pese a la rectificación de tal movimiento para encuadrarla en una proscripción- sea una continuidad estratégica que caracterizó al tiempo inaugurado por Néstor Kirchner. Por el contrario, su soledad frente a lo que percibe como una embestida brutal contra su persona, su familia y su legado, es el hecho mas silencioso y más notable de este momento. 

La ausencia de movilizaciones, su corrimiento de candidaturas y la expresa convocatoria a que "vayan ustedes" (yo no los llevo más) implica que está percibiendo que su activo político es el que hay y no el que puede ir a construir como hizo Néstor cuando medía un punto a fines del 2002. Y que ese activo no lo pone en juego por otros porque otros no se ponen en juego por ella. Un achique. Un lugar seguro que se entiende cuando se tamiza la orfandad de Cristina, propia de aquellos a los cuales les cuesta considerar a otros como pares, y también por alguna cuota de temor personal que horadó en sus percepciones luego del fallido atentado. Ojo, jamás podrá decirse que CFK le falta coraje y/o que sus decisiones políticas están ensombrecidas por el miedo. Lo que sí es evidente que Cristina empieza a preguntarse a cielo abierto para qué tomar esos riesgos. Y evidentemente no encuentran razones que lo justifiquen.

El acompañamiento asordinado a la ortodoxa gestión económica de Sergio Massa y a su consecuente encumbramiento como heredero natural de cara al 2023 es el episodio final de este ciclo y que, por las características del Ministro de economía y su recorrido de éste en los últimos 20 años, hace prever que cualquiera sea el escenario que se encuentre en diciembre de este año, no habrá para adelante en el peronismo resquicios para la condición de gran electora que ostentaba CFK hasta su reciente paso al costado. Obviamente habrá narradores que expliquen el repliegue sobre la Provincia de Buenos Aires o un eventual regreso en el 2027 (CFK tendrá entonces 74 años, 3 menos que Lula al momento de coronarse Presidente de Brasil por tercera vez) como una brillante jugada de la Jefa. Lo cierto es que las personas cambian poco, pero los contextos mutan -particularmente en esta parte del globo- de manera tan repentina e impredecible que nada puede darse por descartado. Salvo que, como sucede en la película, lo que pasó, pasó, lo que hay es lo que hay, y basta con mirar para atrás para entender porque se cayó el muro.

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