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"Esta campaña es un gran laboratorio de ideas sobre cómo la teoría populista puede ganar una elección"
"El aparato comunicativo de Moncloa y de Sumar no ha sabido contrarrestar esa ola cultural y comunicativa que está llevando a cabo la derecha", explica en diálogo con LPO el consultor Pedro Portas-Breda.

Las elecciones generales de este domingo parecen haberse convertido en un plebiscito sobre los cuatro años de Legislatura de Pedro Sánchez, arrinconado por el varapalo de las municipales y autonómicas de mayo, que consagraron a Alberto Núñez Feijóo como el candidato con posibilidades reales de sustituirle en la Moncloa. 

En caso de que el Gobierno de coalición de la izquierda llegue a su fin, el PP volvería al poder de la mano de Vox, necesario para darle mayoría a un Ejecutivo de derecha. Y apenas cuesta imaginar las consecuencias de ese experimento, porque los populares ya conviven con la ultraderecha en ayuntamientos y autonomías.

"El adelanto electoral fue una buena jugada de Sánchez, pero en algunos aspectos es tarde. El presidente no consiguió colocar los mensajes que quería. Fue mérito de Feijóo mostrarse como una persona moderada. La imagen presidencial la dio el candidato de la oposición. Esa imagen presidenciable le ha contaminado bastante su reelección a Sánchez", dice a LPO Pedro Portas-Breda, consultor y experto en Comunicación Política. 

El líder del PSOE no tenía más alternativa que adelantar las generales, previstas para fin de año, por el "tsunami azul" del 28M, pero protagonizó una campaña deslucida que puede costarle su cargo y el liderazgo del PSOE.

Portas-Breda dialogó con este medio sobre la figura de Salvador Illa como un hipotético reemplazo de Sánchez al frente del partido, la estrategia de las formaciones independentistas en Cataluña, la ola de ultraderecha en Europa, la campaña fallida del PSOE, la falta de potencia de Sumar y la ausencia de Pablo Iglesias en los mítines de la izquierda. En pocos días, las urnas mostrarán si el presidente del Gobierno cuenta con probabilidades de cerrarle el paso al PP o si España girará hacia una dirección que la acerca más al pasado que al futuro que proyectó desde la Transición hasta ahora. 

¿Cómo ves planteada esta elección general?

Salvo el CIS, todos apuntan a que el PP va a ganar las elecciones, incluso con una mayoría holgada. Hay casas demoscópicas que lo sitúan en la zona de los 150 escaños. Es el número mágico de esta elección, es decir, si consigue entre 148 y 154 escaños, el PP se va a ver en la condición de que un gobierno en solitario es posible. En Génova se trabaja en esa hipótesis: si consiguen 150 escaños, tendrán la suficiente fortaleza para pedir una abstención, ya sea del PSOE o de ciertos grupos a los que logre convencer. La clave para que el PP gobierne pasa por dos factores, o bien consigue una abstención del PSOE, que pasa porque Pedro Sánchez abandone la secretaría general, porque sería imposible, o tendrá que buscar el apoyo de Vox, como hizo en algunas comunidades autónomas. Se repite un poco la historia. Hace cuatro años Sánchez decía que no necesitaría a Unidas Podemos y que iba a la centralidad. El votante de centro no existe. Otra cosa es que navegue en la centralidad en muchos temas. Esos votantes menos politizados se movilizan dependiendo del clima de la elección. En este caso, el clima es muy favorable a un gobierno del PP.

"¿Queda tiempo?": la duda en el PSOE tras el fracaso de Sánchez en el debate 

Las encuestas le dan muy bien a Feijóo después de que el PP arrasara en las municipales y autonómicas, con una remontada de Sánchez, que fue un momento de la precampaña. ¿Este éxito de Feijóo tiene que ver con él o con un agotamiento del PSOE?

Hay una concentración de voto en el PP, la casa de la derecha en España, porque hay bastante porcentaje de electores que quieren acabar con ese artefacto que se ha creado y que se llama "sanchismo". Siguiendo a Ernesto Laclau, este es un claro caso de significante vacío. El sanchismo se ha convertido en un significante vacío en el que entran todos los males de España, un significante lleno de valores negativos, como por ejemplo la mentira. El sanchismo significa mentir, pactar con los enemigos de España, que algunas cosas que se decían se pueden cambiar en cualquier medida. Se ha llenado de emociones políticas negativas hacia el presidente del Gobierno más que energías propositivas en favor de una alternativa de Gobierno. Al fin y al cabo, cuando se crea un clima de opinión donde el adversario es el representante de la mentira, es muy difícil luchar contra eso. Esto es una clara victoria de las emociones políticas frente al voto racional. Cuando salen las encuestas del CIS y se le pregunta a la gente qué es lo primero que se fija a la hora de votar, la primera opción que sale es el programa electoral. Cada elección demuestra que esto no es así. No digo que el programa del PSOE sea mejor que el del PP, pero en esta elección el PSOE ha abandonado el terreno de la emoción positiva y creo que se ha equivocado. Si hubiese seguido una línea de proposición, en línea con 2019, le habría ido mejor.

¿En qué falla la estrategia comunicativa del Gobierno de coalición?

En la segunda mitad ha habido un claro error que lo definiría como un "conformismo comunicativo". El presidente es el mandatario que desde la llegada de la democracia nuevamente más veces ha ido a dar explicaciones a las Cortes. Pero es una mirada insuficiente de lo que es el campo mediático hoy en día. En un telediario salen pocos segundos de intervención parlamentaria. El terreno de la política se tiene que disputar en otros espacios, como los matinales, los programas de entretenimiento. El presidente Sánchez ha desaparecido de esos espacios hasta la campaña electoral porque no le ha quedado otro remedio. Y en el momento en que ha ido a explicar su programa y su manera de hacer política, hemos visto una subida en la intención de voto.

"Esta campaña es un gran laboratorio de ideas sobre cómo la teoría populista puede ganar una elección"

Lo que se ve es una campaña reactiva del PSOE y de la izquierda en general, totalmente a la defensiva frente a los ataques del PP y Vox, que vuelven con un discurso muy cohesionado y complementario. Y del lado del PSOE y Unidas Podemos hay una gestión, eso parece que no se explotó en esta campaña.

Ese es el gran fallo del conformismo comunicativo. En América Latina, cuando se presenta una ley, hay grandes anuncios con referencias simbólicas sobre lo que puede significar esa ley para la ciudadanía. Aquí creo que pecamos un poco de no espectacularizar un poco la acción de gobierno y dejarlo todo en que el BOE haga su trabajo. En ese sentido el Gobierno ha hecho acciones que han sido bien vistas por la ciudadanía, pensemos en la ley de eutanasia, pero que no ha encontrado un asociacionismo con la acción del gobierno. Esta campaña es un gran laboratorio de ideas de cómo la teoría populista puede ganar una elección y cómo el concepto del sanchismo ha arrasado con muchos de los debates. En el cara a cara entre Feijóo y Sánchez había un plebiscito dentro de la elección sobre las declaraciones y cambios de opinión de Sánchez. El aparato comunicativo de Moncloa y de Sumar, al que le ha venido fatal el adelanto elector, no ha sabido contrarrestar esa ola cultural y comunicativa que está llevando a cabo la derecha. Es ola progresista que comenzó en Grecia con Alexis Tsipras, con elecciones que se siguieron muy de cerca en España, la vemos ahora como algo alterno, con Meloni llegando al gobierno de Italia. Quizás en España vuelva a gobernar la extrema derecha, cosa que no pasa desde la dictadura de Franco.

Preocupado por las encuestas, Sánchez ignora el CIS y pide movilizar al votante progresista

Hay algo de sintomático en la vuelta a tópicos como la guerra civil, a "dar la batalla cultural" a la izquierda, criticar el separatismo o las cuestiones identitarias. Una parte del PP asume tesis que pueden funcionar como un búmeran, sin vuelta atrás.

Algo que ha conseguido bien la extrema derecha en lo cultural, a través de los medios digitales y las redes sociales, es romper consensos. Es una de las grandes misiones de la batalla cultural. La izquierda también intenta romper consensos, como intentó Podemos con el régimen del 78, otro significante vacío. En este caso se intenta romper el consenso sobre el aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo y varios ejemplos que ahondan en lo identitario, porque es ahí donde residen las pulsiones meramente emocionales. El indentitarismo también ha sido un poco un búmeran para la izquierda. Se han logrado importantes conquistas sociales, pero ha habido una realidad percibida por parte de los ciudadanos en que no se había cuidado lo suficiente ciertas cuestiones materiales. No tuvimos una ley de vivienda hasta casi el final de la legislatura, que además depende mucho de las comunidades autónomas y antes se podía aplicar porque tenían mayoría en varias comunidades y ahora no. La vivienda es un problema básico de la ciudadanía de la juventud. Es cierto que hemos tenido la pandemia y la guerra en Ucrania, pero creo que ha habido una sobreexposición en cuestiones identitarias y no tanto en cuestiones materiales.

El indentitarismo también ha sido un poco un búmeran para la izquierda. Se han logrado importantes conquistas sociales, pero ha habido una realidad percibida por parte de los ciudadanos en que no se habían cuidado lo suficiente ciertas cuestiones materiales

¿Ves ese equilibrio entre las cuestiones materiales y aquellas más identitarias dentro de Sumar?

Debería ser la intención de Sumar en el largo plazo. La idea de Sumar, encarnada en Yolanda Díaz, debería ser un laborismo verde, una suerte de unión entre aspectos como la crisis climática, que formará parte del debate público, si no es en esta elección, será en la próxima sí o sí, porque evidentemente es una emergencia y en otros países se ha convertido en el eje del debate, y un laborismo que entronque con las clásicas tradiciones de defensa de los derechos de los trabajadores y la vivienda digna. Las cuestiones identitarias tienen que ser cubiertas por un partido y las cuestiones materiales que pueden ser descuidadas en algún momento por el PSOE, y que Sumar las lleve a cabo. Pero los tiempos son los que son. Sumar lleva un año en proceso de escucha y por el adelanto electoral, al margen de las rencillas partidistas que hemos visto y que ha desencantado a buena parte de sus votantes, no espera un gran resultado en estas generales. Veremos si consigue llegar a ser tercera fuerza política. Eso dependerá un poco de cómo estén las cosas en la derecha. Pero es un proyecto que necesita tiempo y tiene que saber diferenciar entre lo que es una coalición electoral y un movimiento a largo plazo, que busque integrar a los sindicatos, a la sociedad civil, asociaciones, al mundo ecologista.

"Esta campaña es un gran laboratorio de ideas sobre cómo la teoría populista puede ganar una elección"

El escenario más realista y hasta deseable para el PSOE en este momento, admitido dentro del mismo partido, es un bloqueo. Pero si al socialismo le va mal, Sánchez va a quedar muy cuestionado como líder del partido. ¿Qué escenario se puede abrir frente a la debacle electoral?

Si el PSOE logra un resultado inferior al que logró hace cuatro años, es decir, menos de 120 escaños, y si el PP logra unos 150, entendemos que el presidente dejará el cargo. Estamos en un momento distinto a 2015 y 2016, cuando el candidato no tenía el desgaste de haber ejercido como presidente. En ese caso se abrirá una guerra de sucesión dentro del PSOE, pero no hay un candidato claro. Tengo mi apuesta personal en Salvador Illa. No veo a nadie más ahora mismo.

¿Otros como Ximo Puig?

Viene de perder unas elecciones en Valencia, no es una figura ganadora. No es como si Feijóo fracasara y entrara Díaz Ayuso o Juanma Moreno. Puig no es una persona que genera tantos consensos. El gran problema del PSOE es que después de Sánchez no hay una figura clara. En el PP han sobrado liderazgos.

Me cuesta ver a un líder del PSOE que venga de Cataluña, al menos en este momento particular de la política española.

Es una de las grandes victorias de Sánchez: la normalidad en Cataluña gracias a la política de apaciguamiento. El PSOE será el partido más votado en Cataluña con casi toda seguridad el próximo 23 de julio. Es evidente que una figura catalana en el resto de España, cuando gran parte de ese significante vacío del sanchismo nace de una pulsión de la defensa de lo español tras el referéndum ilegal en Cataluña, puede verse complicado. ¿Pero cuál es la alternativa para el PSOE? Esa es la gran ventaja de Sánchez si él decide quedarse en el cargo. Es evidente que habrá un comité federal donde habrá una candidatura, porque tiene que haber unas primarias a secretario general del partido, pero si a Sánchez le dan los números para un bloqueo e ir a segundas elecciones, lo va a intentar. A lo largo de su trayectoria ha demostrado que nunca ha dado un partido por perdido. Es un político que no se rinde fácilmente. Pero si el PP y Vox suman, poco hay que hacer. Feijóo va a buscar la abstención del PSOE. El relato lo tendría ganado Feijóo, es decir, como el PSOE no se abstiene, no tiene más posibilidad de pactar con Vox.

Sánchez ha dicho que va a gobernar con Yolanda Díaz, pero Feijóo no ha dejado en claro que va a gobernar con Abascal. Mantiene una puerta abierta a una posible abstención del PSOE para atraer a ese votante al que no le gusta Vox y que puede votar al PP

En cualquier caso, se trata de una excusa. Es evidente a esta altura que la afinidad de Feijóo es con Vox, aunque él no lo explicite en campaña.

Pedro Sánchez ha dicho que va a gobernar con Yolanda Díaz, pero Feijóo no ha dejado en claro que va a gobernar con Abascal. Mantiene una puerta abierta a una posible abstención del PSOE para atraer a ese votante al que no le gusta Vox y que puede votar al PP. Tal como hizo Sánchez hace cuatro años, que decía que quería gobernar en solitario y Podemos era un socio de gobierno no fiable, la misma estrategia está desarrollando Feijóo, que es buscar a los votantes en la centralidad.

Feijóo tensa con Abascal y busca despegarse del 155 para recortar distancia en Cataluña

Pasando a Cataluña, ¿crees que puede haber un reavivamiento de las formaciones independentistas si ven que el triunfo del PP y Vox es inminente?

Lo que mejor les vendría a los partidos independentistas es un gobierno del PP y Vox para volver a agitar a sus bases. El independentismo sigue siendo entre el 45 y el 48 por ciento de la intención de voto en Cataluña y por el momento parece que eso no tiene por qué cambiar. Sí es cierto que una política parecida a la que se llevó antaño puede alimentar esas bases. Sobre todo Junts, que ha mantenido una posición política mucho más extrema que la de ERC, que se fue a dialogar con el Gobierno y que los más reaccionarios entre las bases del independentismo lo han visto como traidor. Rufián mismo ha sido catalogado como traidor. Entonces las posiciones maximalistas, si gobiernan PP y Vox, se van a ver reforzadas. Ahora que se puedan agitar como en 2017 o durante la sentencia del Tribunal Supremo a los independentistas catalanes, es complicado, porque es una escalada de tensión que tiene que ser llevada durante mucho tiempo. No es de un día para el otro.

Pienso en cómo se plantea esta elección como decisiva. Expresidentes del Gobierno como Aznar, Rajoy y Zapatero se vienen involucrando en la campaña.

Sí es cierto que estas elecciones tienen un cariz especial. Es la primera vez que se ve una opción real de un gobierno de PP y Vox. Debido a la guerra en Ucrania y el coronavirus, con los fondos europeos será una decisión de avanzar o retroceder. Entiendo que los fondos se terminarán de aplicar. Feijóo decía hace muy poco que derogaría la reforma laboral, y ahora dice que es un compromiso con Bruselas. Dijo en el debate que las autopistas volverán a estar con peajes, que es también un compromiso suscrito con Bruselas. Los países de la UE jugamos en ese contexto, donde las directrices de Bruselas son de obligado cumplimiento para la legislación española. Todas esas cuestiones, para el elector medio que no está tan politizado y que nada sabe, se venden de determinada manera. La izquierda tendría que haber vendido esta elección decisiva de manera más propositiva. Se está hablando de avanzar o retroceder, sí. Pero no se ha hablado de la España que queremos en 2030, en 2040. Vox es visto como un peligro sólo cuando ha entrado en ciertos momentos y se han tomado ciertas medidas, como censurar obras de teatro, y es ahí cuando ha habido un repunte en la intención de voto del PSOE. Pero hasta entonces Vox está jugando un poco a esconderse.

"Esta campaña es un gran laboratorio de ideas sobre cómo la teoría populista puede ganar una elección"

No alcanza con apelar simplemente al miedo.

Claro, y entonces esa emoción negativa no agita a su electorado. Eso es fácilmente detectable. Lo vimos en las elecciones autonómicas y municipales y en 2019. El miedo a la ultraderecha es algo que ya no funciona. La izquierda tiene que proponer un nuevo horizonte de país.

Podemos sale del modo boicot y se alista detrás de Yolanda Díaz en la última semana de campaña 

Más allá de los compromisos de Feijóo, en Bruselas hay preocupación por un gobierno que incluya a Vox en un país de las dimensiones de España. ¿Qué problemas pueden tener los populares si Vox es su muleta para llegar a Moncloa?

Eso lo sabe Feijóo. Por eso busca esa cifra mágica. El año que viene hay elecciones europeas, quiero decir que está en tiempo de descuento la actual Comisión y el actual Parlamento. Hay que tener mucho ojo a lo que salga de esas elecciones en mayo de 2024. Podría darse un vuelco y haber gran apoyo a partidos euroescépticos, de extrema derecha e incluso de extrema izquierda como el NUPES de Jean-Luc Mélenchon. Creo que habrá una gran desmovilización de los partidos europeístas y eso puede favorecer a países que se están moviendo a la extrema derecha como Hungría, Italia y presumiblemente España si entra Vox en el gobierno. En caso de que se conformen mayorías de claro tono euroescéptico, hay que tener cuidado porque nos metemos en una nueva dimensión. Feijóo sabe que, en ese año que tendría que gobernar con Ursula Von der Leyen en esta Comisión, ahora mismo la presidenta del Parlamento europeo lo tiene el Partido Popular Europeo, o el Consejo con Charles Michel, no ven bien a la extrema derecha de Vox. Habrá problemas con el programa de coalición.

El terreno de la política se tiene que disputar en otros espacios, como los matinales, los programas de entretenimiento. El presidente Sánchez ha desaparecido de esos espacios hasta la campaña electoral porque no le ha quedado otro remedio

¿No hay riesgo de que el PP se extreme con Vox en el gobierno si no llega a ese número mágico?

Hemos visto en ciertas medidas de este Gobierno que el PSOE ha adoptado postulados de Unidas Podemos. El socio te empuja hacia tu lado del espectro. En el caso del PP, ante ciertos asuntos, va a tener que derechizarse más y asumir los postulados de Vox, no va tener problema. Hay ciertas tendencias dentro del PP que son más cercanas a Vox.

¿Podríamos destacar a Ayuso?

Ayuso es un animal político, un artefacto muy curioso, creo que es una figura pop incluso. Juega un poco a esa ambigüedad, porque siempre se ha mostrado liberal en algunos aspectos, como con el tema LGBTI o el de los menores no acompañados, que es un punto de desencuentro con Vox. Pero en otros aspectos ha conseguido el apoyo en el anti sanchismo.

El problema para Ayuso es qué va hacer si Sánchez pierde.

Ahí está el gran problema que podemos observar si finalmente se consigue un gobierno de derecha. Si pensamos la campaña en acabar con el sanchismo, ¿qué horizonte de país ofrecen el PP y Vox? No están vendiendo qué España queremos en 2040 o 2050. La izquierda tampoco ha sabido orientar la campaña en ese sentido. Es una campaña con pocas propuestas porque se ha convertido en un plebiscito al presidente, se han puesto una visión muy cortoplacista. El Gobierno debería haber girado la conversación a un futuro y no en torno al presidente. Las municipales y autonómicas han girado en torno de un voto contra Sánchez. Los votos a los partidos se han mantenido similares, pero ha habido un gran número de electores que se han dejado llevar por esa ola llamada sanchismo. 

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  • 1
    19/07/23
    14:27
    POPULISMO, palabra generada en los ambitos anglofilos para englobar cualquier politica que beneficie a los paises en desarrollo. La politica se "derechizo" por pelotuditos de camisita como este.
    Responder
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