Editorial
Hablamos con derechos y nos contestaron con el cambio
Por Víctor Colombano
Se nos vendrá un camino que se anticipa difícil y doloroso, que dejara a muchos afuera. No podremos decir que no nos avisaron.

Estamos en ese momento en que se nos tilda la computadora y lo único posible es resetearla y arrancar de nuevo. ¿Momentos de total incertidumbre? ¿Qué va a pasar con nuestros programas, con todo lo que está en la memoria?

El tiempo nos da la perspectiva para analizar los hechos que sucedieron y una de las primeras conclusiones que puedo sacar es que el enojo y la ira fueron más grande a las advertencias de lo que nos podría pasar como país si el liberalismo tomaba las riendas. El malestar lo podíamos ver en contra de la inflación y el hartazgo con el sistema político. Ahí fue donde "la casta" caló hondo.

A pesar de los presagios y falsas denuncias sobre nuestro sistema electoral, el fraude tan anunciado no existió, el sistema funciona, el voto en blanco tan temido no fue protagonista.

¿Por qué la incertidumbre cada vez es más grande? ¿Javier Milei nunca expresó claramente qué es que lo quiere hacer y qué es lo que puede hacer? ¿A sus votantes no les importaba?

Esto se puede observar antes de las elecciones generales, antes del ballotage y finalmente una vez victorioso. Las dudas e idas y vueltas son cada vez mayores. Podríamos decir que nos entusiasmamos mucho luego del debate entre los dos candidatos, sobre todo porque observamos la gran diferencia en conocimiento del Estado de uno sobre el otro. Como conclusión, podríamos decir que los debates tienen muy poca incidencia en el voto de los argentinos.

Cuando la tendencia de cambio es muy fuerte, los apoyos institucionales tienen muy poca influencia en el voto personal. Ante el enojo, el pueblo en su mayoría decidió sumarse a la ola del cambio corriéndose a la derecha y extrema derecha, sin saber bien cuáles eran las propuestas, descreyendo de las políticas, sin tomar conciencia del riesgo al que llamaron ¨Campaña del Miedo¨, envalentonados en creer que estaban del lado del mango de la motosierra.

A partir de estas definiciones y a la luz de los hechos, el sistema de partidos políticos y de representación deberá reconfigurarse para que la representación sea genuina. Nuestra dirigencia y nuestra militancia deberán reordenarse en favor de abrazar las demandas de nuestra gente que, sin dudas, crecerán a medida que el gobierno electo avance en su gestión.

Como peronista, deberemos realizar una profunda autocrítica y debatir que queremos representar y como lo haremos de aquí en adelante. Ya no somos solamente los que garantizamos la gobernabilidad, pero sí en cambio somos una opción que garantiza derechos y democracia.

Este concepto no es menor. Tenemos por delante el desafío de que no sea un significante abstracto, sino que podamos volverlo tangible en nuestro día a día, en cada rincón del territorio. Nuestra autocrítica debe ser verdadera, señalar porque no pudimos concretar alianzas específicas con otras fuerzas políticas, contando con el mejor candidato que podíamos haber tenido y que se puso la campaña y gran parte de la conducción de nuestro país al hombro.

Es necesario el protagonismo de nuevos dirigentes y dirigentas que se animen a levantar en alto el bastón de mariscal y conducir el peronismo.

Es momento del dialogo, del abrazo fraternal a nuestros compañeros/as que nos piden explicaciones, es momento de implementar el amor peronista para contener a esa enorme militancia comprometida y envalentonada por el ejemplo del candidato que salió a la calle, subtes, colectivos, y puerta a puerta a dar testimonio de lo que se nos avecina.

Se nos vendrá un camino que se anticipa difícil y doloroso, que dejara a muchos afuera. No podremos decir que no nos avisaron. Lo caracterizaban con una motosierra, y muchos de los votantes de Milei estarán con esperanzas, otros preocupados, porque finalmente lo que creían que no podía realizar puede convertirse en realidad.

Y lastimosamente, ahora saben que ellos y ellas también eran el pueblo, que disfrazado de casta pagaran el costo del avance de la derecha liberal. Estamos en la antesala de un ajuste sin control de daños, avalado y sostenido por el ¨Pacto de Acassuso¨. Allí se tomó la última dosis de coraje, ahí la casta en su mayor expresión no tuvo miedo ni titubeo en el diseño de un ajuste feroz.

La famosa grieta sigue abierta. Quizás sea la tarea del peronismo la de buscar en unidad la manera de cerrarla. A partir de ahora, nuestra razón de ser deberá ser la de generar esperanza en nuestro pueblo, partiendo en solucionar los problemas actuales. Primero los de casa y luego aportar para una convivencia en paz y armonía. Debemos transmitir una esperanza verdadera con acciones concretas y nada de ilusiones temporales.

Comienza un nuevo camino, novedoso e incierto, pero con mucha esperanza y agradecimiento a nuestro candidato, a nuestros militantes que dejaron todo en pos de un triunfo, y fundamentalmente a quienes confiaron en nosotros para que cuidemos sus derechos y conquistas sociales.

El domingo 19 de noviembre se ofreció un gran espectáculo. El capítulo final de una serie, y la gente abono con su voto el ticket de un nuevo espectáculo con Milei como protagonista. Esperemos que el final sea con todos los espectadores adentro de la sala y que todo se desarrolle en paz y armonía. 

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