Crisis de Gobierno
Es la justicia, no la economía, ¡estúpido!
Por Ricardo Bloch
Queda claro que la disputa política entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández trasciende al dinero, pero la escasez de éste es el que alumbra el verdadero motivo de la salvaje y primitiva lucha entre el presidente y la vicepresidenta.

Dice Frank Underwood, el personaje central de la serie House of cards interpretado por Kevin Spacey: "Qué desperdicio de talento. El eligió el dinero en vez del poder, un error que en este pueblo casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos luego de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos. No puedo respetar a alguien que no entienda la diferencia".

Cada día que pasa resulta más difícil interpretar la esquizofrénica coyuntura política de la Argentina. ¡Qué bien se vendería un Manual de psiquiatría política! En lugar de analizar los hechos y las motivaciones de quienes los provocan y protagonizan, se intenta una deconstrucción de los mismos en lecturas tardías y contrafácticas realizadas por aquellos que, según Underwood, no entienden las ventajas de percibir claramente cuál es el poder que permanece a lo largo del tiempo.

El espectáculo del fracaso

Queda claro que la disputa política entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández trasciende al dinero, pero la escasez de éste es el que provoca alumbrar el verdadero motivo de la salvaje y primitiva lucha entre el presidente y la vicepresidenta de la Argentina. Hay cuestiones mucho más gravitantes en el corazón de la Casa Rosada que una simple lectura política que concluya que la herencia económica y social que dejará este gobierno será peor que la recibida de la administración de Mauricio Macri.

Es probable que el jefe de estado ya tenga redactado el capítulo de sus memorias en donde explica con lujo de detalles la primera conversación personal que mantuvo con la exmandataria cuando ésta le ofreció en mayo de 2019 encabezar la fórmula presidencial que triunfó con el 48,24% de los votos en los comicios de octubre de ese año. Ese pliego de condiciones no era un programa de gobierno. Era un manual de supervivencia frente a una eventual adversidad política de corto plazo.

Es la vicepresidenta de la Nación quien carga con la mayor responsabilidad frente a la ciudadanía a la hora de explicar el hasta hoy rotundo fracaso del gobierno diseñado por ella. El relato kirchnerista está más devaluado que el peso frente a la tragedia socioeconómica que se profundiza todos los meses.

Semana a semana se aleja cada vez más la posibilidad de una reelección presidencial del binomio de Todos contra Todos. Esta tendencia es directamente proporcional al agravamiento de la situación judicial de Cristina Kirchner. Y esto lo saben a la perfección los factores de poder de la Argentina, quienes, desde el retorno de la democracia en 1983, han estado subidos a la calesita de la política y los negocios que viene girando desde entonces.

En este contexto es la vicepresidenta de la Nación quien carga con la mayor responsabilidad frente a la ciudadanía a la hora de explicar el hasta hoy rotundo fracaso del gobierno diseñado por ella. No alcanza con la puesta en escena de su florida retórica para intentar persuadir a sus seguidores sobre la falsa antinomia del "nosotros o el ajuste salvaje de la derecha". El relato kirchnerista está más devaluado que el peso frente a la tragedia socioeconómica que se profundiza todos los meses.

El festival decadente que la sociedad pudo ver a partir de la renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán y su reemplazo por Silvina Batakis fue un compendio de errores en materia política y de comunicación, incomprensible para dirigentes políticos que durante dos décadas ocuparon las máximas responsabilidades en la conducción del Estado.

Alberto Fernández no se animó a ir a fondo con la renovación de su elenco ministerial y su programa económico. Sabe que los tiempos para la mejora de su gestión en un año electoral están agotados. Tal vez por eso esté llevando a la práctica aquello del "cuanto peor mejor" en la creencia de que los mayores costos políticos los paga (y pagará) Cristina Kirchner, quien avanza con prisa y sin pausa en la designación de los ministerios más importantes del gabinete nacional.

De continuar esta absurda y patética debacle política, que se perfila aún peor que los trágicos días de diciembre de 2001, el paso de la anomia social a la anarquía institucional estará a la vuelta de la esquina. Sólo la urgente convocatoria a un diálogo de consenso entre el oficialismo, la oposición y los sectores gremiales y empresarios de la Argentina podrían evitar el retorno de la violencia para dirimir las disputas políticas.

Sólo una pequeña duda: ¿Aceptaría Cristina participar en esa convocatoria si Alberto le propone realizarla? Y finalmente: ¿Quién de los dos armaría la agenda?

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  • 1
    observador
    07/07/22
    08:21
    Buen articulo.

    Como lo veo, el problema del peronismo es su enfermizo cortoplacismo que lo perjudica no solo a largo sino en lo inmediato.

    Es poco entendible que no se hayan desyunado que los resaltados que tienen hoy son la consecuencia los dislates de CFK desde 2007 a esta parte. Solo se explica por apetitos desmadrados de hombres muy pequeños. Si enteramos en lo moral del asunto teniendo en cuanta los ratios socio económicos desde alli hsta aquii, el pecado es mucho mayor. Ni que hablar si proyectamos los años le costara a este pais revivir a los zombies que han creado por millones. Mas difícil aún sera revertir las creencias de los hijos de los zombies.

    La mala noticia para el peronismo (y buena para la oposición) es que no se ve a nadie con los huevos y cualidades necesarias para iniciar una renovación que empiece por acelerar las causas de CFK hasta que sea privada del ejercicio de cualquier cargo público. Presa seria contraproducente.

    Si Cambiemos se ordena bajo un liderazgo solido que hoy tampoco se avisora, tiene la posibilidad de iniciar un cambio epico en este pais y muy probablemente con el apoyo de muchos politicos peronistas tradicionales.

    Yo si creo que hoy por hoy y por el bien del pais a largo plazo....cuanto peor mejor.
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