La transición
 La tradición, la democracia y el capricho
Por Diego Armesto
El Presidente saliente no tiene razón alguna de estar presente en la Asamblea para asumir, ya que la Constitución nada dice del mismo.

En estos último días se está planteando un frívolo debate sobre la entrega del mandato presidencial, y en ese marco el Jefe de Gabinete de Ministros, con sus clásicas declaraciones grandilocuentes y chabacanas expreso: "No se puede hacer como uno quiere sino como indica la Constitución; con todo respeto, no se puede llevar a Barrio Parque", intentando confirmando que la ceremonia de entrega de mando se realizará en el Congreso.

La Constitución en su artículo 93 señala “Al tomar posesión de su cargo el Presidente y Vicepresidente prestarán juramento, en manos del Presidente del Senado y ante el Congreso reunido en Asamblea, respetando sus creencias religiosas…”.

El texto fundamental establece claramente cómo debe prestar juramento el Presidente electo, no existe razón alguna para que se discuta sobre un mecanismo establecido en la Constitución, y desvirtuar año tras año la costumbre del traspaso de mando.

Las razones son fundadas por cuanto nuestro sistema representativo indica que el nuevo presidente en ese momento puede informar al Congreso sobre las políticas y su programa de gobierno que va a desarrollar durante su Administración de Gobierno.

Pero pareciera, que la idea central es romper con una tradición que inauguró el Presidente Alfonsín en 1983, cuando este una vez juramentado se trasladó a la Casa Rosada para recibir los atributos formales del mando presidencial. Ceremonia que se repitió en los cambios de mando entre Alfonsín y Menem, Menem y De La Rua.

Nadie puede negar el mandato constitucional establecido, y la forma en que el nuevo presidente debe asumir el mando, pero dista mucho de la tradición, si uno observa el procedimiento de juramento en los Estado Unidos, y observa su historia, la mayoría de la veces el nuevo mandatario jura en el Capitolio, ante el Presidente de la Corte Suprema y posteriormente se dirige al pueblo sobre su programa de gobierno, existen raras excepciones: Washington juró ante el Federal Hall de Nueva York, los Presidentes reeelectos en la Casa Blanca y los Vicepresidentes en sus oficinas o en la misma Casa Blanca.

En tal sentido, y la tradición establecida en nuestro país es fruto de la costumbre y los buenos usos democráticos, el Presidente saliente no tiene razón alguna de estar presente en la Asamblea, ya que el texto constitucional nada dice del mismo.

Seguramente desde el actual oficialismo se quedaron con la entrega del mandato que hizo el Presidente Duhalde, pero este lo hizo ante la Asamblea Legislativa porque su mandato fue otorgado por la misma en el año 2002.

A 32 años de la recuperación de la democracia, la Presidente saliente, quien deja el mandato pretende imponer un capricho y desvirtuar una tradición y a una simbología que hace a los dotes de mando. Pareciera que no quieren dejar la Casa Rosada, que el Poder lo van a seguir manteniendo, pero la verdad, es que la gente eligió un cambio, y ese cambió también significa volver a las mejores tradiciones que también hacen a la construcción democrática y de la república.

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