Inflación
Un banquero nada central
Por Marcia Dell'Oca
La democracia argentina tiene por ley un fusible en la Jefatura de Gabinete de Ministros y por tradición otro en la presidencia del BCRA, que se activa cada vez que la economía repite sus vicios.

El próximo 31 de mayo se cumplen 84 de años de la asunción de Ernesto Bosch y Raúl Prebisch (gerente general) al frente de un flamante Banco Central. Se suponía que el cargo de presidente del BCRA duraría 7 años, más que los 6 años que duraba un mandato de la presidencia de la Nación y lo suficientes como para que con el correr de los años se fueran desacoplando las fechas de recambio de las autoridades de la política fiscal -que al fin y al cabo depende del Ejecutivo- y de la política monetaria, los dos brazos de la política económica de un país.

"Concentrar reservas suficientes para moderar las consecuencias de la fluctuación en las exportaciones y las inversiones de capitales extranjeros sobre la moneda, el crédito y las actividades comerciales al fin de mantener el valor de la moneda", era el primer objetivo, por Ley, del BCRA.

La idea era que una figura institucionalmente fuerte protegiera el valor de la moneda nacional de la tentación de "darle a la maquinita" de los gobiernos. Y Ernesto Bosch logró mantenerse hasta el 18 de septiembre de 1945, más de diez años, desde el gobierno de Agustín Pedro Justo hasta el de Edelmiro Farrell.

Pero la estabilidad tuvo corta vida. Como anticipo de lo que sería la historia argentina, mientras Farrell estuvo en el gobierno, por el Banco Central pasaron 4 presidentes. La inflación promedio -en ese entonces se medían sobre los precios mayoristas- fue del 16,6% en aquellos años (1944-1949). No es que los presidentes de la República terminasen sus mandatos tampoco: hubo seis golpes de Estado.

La democracia argentina se debe el debate de si quiere tener un Banco Central independiente, uno autónomo pero no independiente, o si prefiere seguir con esta dinámica en la que el fusible de facto es el presidente del BCRA.

Fue un signo del siglo XX la inestabilidad política argentina y también las recurrentes crisis de balanza de pagos. Ambas se solaparon e hicieron que el sillón de Reconquista 266 -hasta 1940 su domicilio fue San Martín 275- se convirtiera en la montura de un toro mecánico de la que salieron eyectados funcionarios que en la amplia mayoría de los casos ni siquiera contaron con la ratificación de su puesto en el Senado de la Nación como lo exige la ley.

Avanza el siglo XXI y las cosas no parecen mucho mejores. Desde el cambio de milenio, o si se quiere desde 2001, los presidentes de Banco Central promediaron gestiones que superaron el año y medio por apenas 47 días.

Si anda sin tiempo, sírvase saltearse los siguientes cinco párrafos...

Ya que es semana de efemérides, el 25 de mayo de 1946 asumía el cuarto presidente del BCRA, Miguel Miranda, y se nacionalizaba el Banco Central. Se reformaba su Carta Orgánica, la estabilidad de la moneda pasaba a segundo plano y el objetivo primero de la institución pasa a ser la plena utilización de los factores productivos para la promoción del desarrollo económico. En esa década, deberían haber pasado por la jefatura de Reconquista dos personas y, sin embargo, fueron seis. Para no perder ritmo, Eugenio Blanco, el siguiente presidente -ya el décimo- duró solo dos meses en el cargo.

Para ir resumiendo, en 84 años pasaron 61 personas por la presidencia del Banco Central -solo una mujer-, es decir que en promedio cada uno de ellos duró menos de un año y medio -un año, cuatro meses y 16 días para ser exactos-. Si excluimos los diez años de Bosch, el promedio baja 1 año, 2 meses y 24 días.

Tuvieron que pasar 36 años para que en 1981 Adolfo Diz, el banquero central de Videla y Martínez de Hoz autor de la Ley de Entidades Financieras hasta hoy vigente, pasara a ser el segundo presidente del BCRA en terminar su mandato. Era el 34º.

Hubo una pequeña "trampa" en su llegada al podio. En la reforma de la Carta Orgánica del 2 de octubre de 1973 (Ley Nº 20.539), el mandato se redujo a 4 años, de los 7 que habían sido ratificados en la reforma de 1957. Por eso, en la memoria colectiva persiste la creencia de que solo un hombre terminó su mandato.

Bajo su mandato la maquinita también siguió funcionando, aunque fuera emisión para cambiar deuda y esa emisión fuera luego esterilizada -como en 2016, pero a diferente escala-. Era la época de la tablita y la inflación en promedio fue del 147% anual... casi la mitad del 276% del gobierno de Isabelita.

Hasta el regreso de la democracia faltaba poco y aun así pasaron cuatro economistas más por el Banco Central. El más conocido de ellos, Domingo Cavallo.

... y retome por aquí.

La vuelta de la democracia no trajo estabilidad a la jefatura del Banco Central. Otros diez hombres desfilaron por el cargo hasta que Roque Fernández se convirtió en el tercero en la historia en superar los 4 años al frente de la institución, pero no logró cumplir los 6 años que ahora exigía la Carta Orgánica reformada en 1992. Fue el 49º en ocupar la presidencia. Su sucesor, Pedro Pou, casi repite la hazaña. 50º presidente el Banco Central, superó los cuatro años, pero tampoco llegó a los seis.

La estabilidad cambiaria de la Convertibilidad fue clave. No se discute. Con un Banco Central reducido en sus funciones a una Caja de Convertibilidad, el ejercicio de la política monetaria y su tensión con la Casa Rosada casi desapareció, aunque el taxi de la deuda mostrara que esa estabilidad no era gratuita.

Pero hubo algo más: la reforma constitucional acortó el mandato presidencial de 6 a 4 años y creó la figura del jefe de Gabinete, como fusible político. Entre 1994 y el 21 de diciembre de 2001, este fusible de activó dos veces: a Bauzá lo siguió Rodríguez; y tras el cambio de gobierno, a Terragno, lo sucedió Colombo.

No fue el caso después del 2001, el fusible volvió al palacio de la calle Reconquista y desde entonces la Argentina ha visto salir presidentes del Banco Central eyectados como antes de que cambiara el siglo. El jefe de Gabinete se ha consolidado como una figura fuerte y en estos años hemos visto primero a Marcos Peña sentar a un presidente del Banco Central en la Casa Rosada junto con dos de sus ministros para hacerlo cambiar su política en una foto inolvidable con Sturzenegger a la izquierda del Poder Ejecutivo, en un ejercicio de sumisión de la política monetaria.

Al fin y al cabo, aunque sus pliegos fueron refrendados por el Senado el 30 de noviembre tras once meses de interinato, la reforma de la Carta Orgánica para darle independencia del Poder Ejecutivo -que la OCDE viene reclamándole a Macri desde el comienzo de su mandato- no fue presentada hasta el último día de marzo de 2019 y bajo ultimátum del FMI. (Su mandato debía terminar el 23 de septiembre de 2022.)

De regreso a la coyuntura

Esta semana, el mundo de la política se sorprendió con la figura central que adquirió otro jefe de Gabinete, protagonista de la primera etapa del kirchnerismo, en la que Prat Gay debió irse del Banco Central y su sucesor, Martín Redrado pudo sobrevivir el cambio de presidencia, pero tampoco terminar su mandato.

La semana pasada, Cristina Fernández de Kirchner mandó a tantear si Guido Sandleris tenía intenciones de quedarse: durante sus dos mandatos, ella hizo renunciar a Redrado, a Marcó del Pont y a Fábrega. Este último se fue detrás de una devaluación, es decir, después de volver a fallar en su tarea primordial de cuidar el valor de la moneda. A Vanoli lo eyectó Macri y el Banco Central, ahora con Sturzenegger volvió a devaluar.

Sandleris cumple este fin de semana ocho meses al frente de la institución y sus pliegos aun no fueron aprobados por el Senado -como no lo fueron los de Luis Caputo tal y como Máximo Kirchner subrayó el último sábado-. Así, el actual presidente del BCRA también está en funciones "en comisión" junto con el resto del Directorio, donde desde el vamos tienen incorporados que difícilmente sigan en funciones en 2020 si cambia de signo político el Poder Ejecutivo... o si vuelve a haber una corrida cambiaria.

La democracia argentina se debe cuanto menos el debate de si quiere tener un Banco Central independiente como propone el proyecto de Reforma Orgánica que avala el FMI -y que el mismo Marcos Peña pisoteó el famoso 28 D-, o autónomo pero no independiente como propone Lavagna, o si prefiere seguir con esta dinámica institucional donde el fusible de ley es el jefe de Gabinete y el fusible de facto es el presidente del Banco Central.

Este debate es la contracara de si Argentina quiere tener moneda propia o abandonar el proyecto de Prebisch, dolarizar y cerrar el BCRA.

Tal vez la campaña electoral sea la mejor oportunidad para debatir si queremos seguir repitiendo los errores de política monetaria que hoy dejan la inflación acariciando el 60% interanual y la pobreza, el 35%.

Este debate no es otra cosa que la contracara inescindible de otro debate pendiente y es si Argentina quiere tener moneda propia -con capacidad de atenuar shocks externos-, o bien convertirla en espejo de una moneda extranjera regida por un Banco Central extranjero y que responda a los intereses de otro país. O reconocer el fracaso de la política monetaria propia, directamente abandonar el proyecto de Prebisch de 1935, dolarizar y cerrar el BCRA, propuesta que ha vuelto a ganar adeptos. 

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L década de ser colonia de los británicos
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La nota está plagada de errores. Por empezar, no sé de dónde saca esta columnista que la inflación promedio entre 1944 y 1949 fue del 16,6 por ciento, cuando ya entre el 45 y el 49 fue del 19. Perón arrancó en el 46 con una inflación del 17,6 (menos de dos puntos que el año anterior) y la fue bajando hasta el 13,1 en el 48. Al año siguiente, en el 49, pegó un salto del 31 por ciento, bajó a la mitad en el 50, tuvo un pico de 36,7 en el 51 y un máximo del 38,8 en el 52. Para el 53, Perón había hecho descender brutalmente la inflación al 4 por ciento, y en el 54 fue del 3,8. La asonada militar del 55 hizo que la inflación subiera al 12,3.
Pero hay que tener en cuenta el contexto. No se puede hablar alegremente de inflación sin considerar nivel de PBI, endeudamiento, consumo, industrialización, distribución de la riqueza. Por ejemplo, en 1947, con una inflación del 13,6, se registró un crecimiento récord del PBI del 11,1%. En promedio, durante el peronismo el PBI creció a un ritmo del 3,59 por ciento anual.
Por otra parte, no sé de dónde sacó la columnista que hubo seis golpes de estado. Si contamos desde 1935, cuando se fundó el Banco Central (por imposición de Inglaterra) sólo hubo cuatro: 1943 (intervención patriótica), 1955 (revolución fusiladora), 1966 (Onganía) y 1976 (Videla, Massera y Agosti). Si se refiere a todos los golpes de estado del siglo XX, entonces agregaríamos el de 1930, lo que sumaría cinco.
Creo que Marcia no sabe de lo que habla.
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Así que la mejor década fue la de bosch o sea la década infame