Editorial
Rascando el fondo de la olla
Por Marcia Dell'Oca
El Banco Central apuntala las reservas con medidas heterodoxas para lograr cerrar el año con el dólar oficial dentro de lo presupuestado y dar una señal al mercado de que no lo van a correr. Incluso con las reservas netas llegando a cero, Pesce está dispuesto a hacer uso de todo el arsenal normativo para volver a ganar en el mercado de dólar futuro.

El Banco Central obligó a las entidades bancarias a desprenderse antes de que comience diciembre de todos los dólares de su posición global neta de moneda extranjera que exceda los requerimientos patrimoniales. En otras palabras, los bancos tienen lunes y martes para desprenderse de unos 700 a 800 millones de dólares que pasaran a engrosar las exiguas reservas netas del Banco Central.

El jueves les había permitido a los bancos volver al mercado oficial para recomponer su posición global neta y llevarla a cero en caso de estar en rojo, señal que fue entendida por el sector como una sugerencia de lo que estaba por venir. Además, fue sujeto de interpretaciones varias entre las que no faltó la idea de un "cepo encubierto" o de una exigencia del Fondo Monetario Internacional para garantizarse el cobro de 4.170 millones de dólares antes de que termine marzo.

Desde ya, cabe aclarar que no se trata de un cepo ni ningún impedimento para que los ahorristas puedan retirar los dólares depositados en el sistema bancario, cuya liquidez es de las más altas de la historia. "Todos los depósitos en moneda extranjera cuentan con activos en la misma moneda que los respaldan. Adicionalmente, existe una normativa específica con más de 20 años de vigencia que exige particularmente que los depósitos en dólares estén respaldados con activos en dólares", recordaron desde el Banco Central.

Pero tampoco es una exigencia del Fondo Monetario que el gobierno refuerce el cepo con discrecionalidades normativas en ausencia de definiciones macroeconómicas.

Por lo pronto, más que un programa económico de diseño del FMI, lo que se observa es un cúmulo variopinto de medidas heterodoxas unidireccionales: ajustar el cepo por acá y por allá con restricciones primero a las importaciones, luego a la financiación de turismo en el extranjero, flexibilización para las empresas importadoras de acuerdo a los reclamos de las cadenas productivas a veces con foco en insumos y generalmente con eje en la importación de maquinaria que favorezca las exportaciones, administración de la brecha cambiaria en momentos de liquidación de la cosecha y saltos en la cotización de los dólares paralelos pasadas las elecciones. Un concierto de normativas heterodoxas o "parchecitos" que se actualizan semana a semana con el único objetivo de administrar las escasas reservas internacionales sin convalidar una devaluación, ni dejar que el mercado le marque al Banco Central el ritmo de devaluación. No antes de fin de año, al menos.

Y aunque en el Central aseguran que ellos no están vendiendo futuros contra la devaluación al nivel del año pasado -en que cosecharon una multimillonaria ganancia en una pulseada con los agoreros del inminente salto cambiario-, el mercado de futuros crece en posiciones abiertas y negocia un dólar mayorista a diciembre en $105,55, señal de que domó las expectativas hasta fin de año. Pero a mayo lo proyecta, tasa mediante, arriba de los $135, lo que muestra que en esta carrera, el Banco Central lo que consigue es mes a mes postergar la devaluación esperada más que estabilizar las expectativas.

 En la carrera por el dólar futuro, el Banco Central lo que consigue es mes a mes postergar la devaluación esperada más que estabilizar las expectativas.

La pregunta del millón es hasta cuándo el Banco Central y el mercado seguirán en la carrera. Porque mientras algunos entienden que el acuerdo con el FMI es la línea de llegada; para otros, no va a determinar un cambio en la realidad estructural: el superávit comercial es insuficiente para satisfacer la demanda irrestricta de importaciones (turismo incluido) y las obligaciones contraídas incluso con el grueso de la demanda financiera ya derivada los mercados paralelos. Por eso la duda respecto de que las medidas que se apliquen a partir del acuerdo con el FMI basten para contener la presión cambiaria sobre las reservas internacionales al tiempo que se levantan algunas restricciones. O si, incluso con acuerdo y algunas medidas para comprimir la brecha cambiaria, el Banco Central sigue preso de la falta de stocks y en una pulseada permanente por sostener el sendero de la política cambiaria.

Lo que es seguro es que con las reservas líquidas agotadas y con las netas justas para pagarle al FMI los próximos dos vencimientos, cada resolución que sale con la firma de Miguel Pesce es tomada como la confirmación de que el Banco Central está rascando el fondo de la olla con normativas para hacerse los pocos puñados de oxígeno que encuentra con los que llegar a diciembre. Con la llegada de la liquidación de la cosecha fina, el Banco Central va a encontrar aire por 3.000 millones de dólares, aunque no van a ser de golpe, sino distribuidos en los próximos tres a cuatro meses.

 Con las reservas líquidas agotadas y con las netas justas para pagarle al FMI los próximos dos vencimientos, cada resolución que sale con la firma de Miguel Pesce es tomada como la confirmación de que el Banco Central está rascando el fondo de la olla para llegar a la cosecha fina de diciembre.

Es que más allá de todas las políticas que está desarrollando el Gobierno para diversificar exportaciones con más valor agregado y contener la importación de bienes no prioritarios para las cadenas de valor locales, lo cierto es que todavía depende de los sectores que pueden aportar "los grandes números" como el campo esencialmente y también la energía.

La maldición es la falta de stocks. Con 20.000 millones de dólares de reservas netas, el Banco Central podría administrar la presión cambiaria de los meses de bajas exportaciones con holgura. O podría tomar medidas correctivas de forma preventiva como lo hizo en su momento Juan Carlos Fábrega.

Pero con la aguja señalando el tanque vacío, la especulación se acelera sobre el dólar futuro e incluso promueve la dilación de exportaciones y la acumulación de insumos importados. Y los analistas dudan descreen de que el Gobierno vaya a conseguir un nuevo "maná del cielo" como los 4.300 millones de dólares en DEGs que llegaron al país en agosto ya sea en forma de préstamos de otros organismos o incluso del FMI.

La bendición, en cambio, son los precios internacionales de los commodites que mes a mes explican cerca de un tercio del superávit comercial observado. Con los precios internacionales de 2020, la presión sobre las reservas habría sido mucho mayor. De los 13.734 millones de dólares de superávit comercial de los primeros diez meses de este año, más de la mitad se explican exclusivamente por la diferencia que se observó respecto de 2020 en los precios internacionales, 7.281 millones de dólares de acuerdo a las cifras que mes a mes publica el Informe de Comercio Argentino del Indec.

De los 13.734 millones de dólares de superávit comercial de los primeros diez meses de este año, el 52% se explica exclusivamente por la diferencia que se observó respecto de 2020 en los precios internacionales.

Y aunque el terreno de los contrafácticos es por naturaleza pantanoso, sí habría sido factible esperar que, con los precios internacionales del año pasado, este concierto de medidas heterodoxas para contener el dólar se materializase en el primer trimestre del año y no el último. O lo que es lo mismo: que tan pronto cedan las precios internacionales, con o sin acuerdo con el FMI, las reservas volverán a escasear y el Banco Central sacará normativas que una tras otra huelan a fondo de olla. Por lo pronto, tanto el Gobierno como el FMI proyectan un 2022 con materias primas a precios convenientes para los términos de intercambio argentinos.

En tanto, con las reservas líquidas en rojo, hay para quienes no habrá restricciones ideológicas ni pragmáticas que valgan para que el Gobierno no quiera avanzar sobre los depósitos privados; en cambio, para otros, todas las medidas que se están tomando son para dar garantías de que no se van a licuar los depósitos en pesos ni tocar los depósitos en dólares.

De hecho, una de las banderas de la reestructuración del sistema bancario que han defendido los kirchneristas consiste en la separación entre el sistema en dólares y el sistema en pesos que se determinó tras la pesificación asimétrica de Remes Lenicov y quedó plasmada en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de septiembre de 2003 y persistió en la reforma del 2012.

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