Producción
Hacia la nueva vitivinicultura
Por Bruno Ceschín
Cada año los problemas de la vitivinicultura aparecen en agenda próximos a la Vendimia, entre febrero y marzo. Sin embargo los problemas para lo productores comienzan desde la poda, por julio y agosto. Por lo que creemos oportuno anticiparnos y poner sobre la mesa los problemas de fondo de esta importante economía regional.

El vino es la bebida nacional no solo por lo que significa en la mesa de los argentinos y las argentinas, sino más bien por la industria y el trabajo que hay a su alrededor. Aunque en Mendoza somos vanguardia en la producción y elaboración, la vitivinicultura es una actividad federal que se realiza en 17 provincias de nuestro país.

El consumo de vino también es federal, aunque esta cultura se ha ido modificando con el tiempo. De los 88 litros per cápita por año que se consumían en 1977, apenas llegamos a los 19 lts por persona actualmente. Esta estrepitosa caída fue reemplazada por el aumento, también exponencial, del consumo de cerveza. Esto es muy importante debido a que el 80% de la producción se destina al mercado interno, y si bien en el último semestre ha mostrado signos de mejoría respecto al mismo periodo de 2019, no se observa una salida definitiva de la crisis que atraviesa el sector.

El problema es estructural, la cadena vitivinícola presenta un alto nivel de concentración. Las comercializadoras más grandes de vino son 3: Peñaflor, RPB y Fecovita, que intervienen en más del 70% aproximado de las compras de uva y vino a granel, a la vez que comercializan alrededor del 75% del vino en el mercado interno. En el eslabón de fraccionamiento, de un total de 355 bodegas, solo 8 empresas (con una capacidad de más de 10mil hl), despachan el 44% de los vinos. Apenas 20 empresas comercializan el 55% de los despachos, mientras que las 240 trasladistas tienen un menor y escaso poder de negociación. En la base de esta pirámide, se encuentran 15.781 productores, que a la hora de comercializar sus uvas deben hacerlo con los precios, plazos y formas de pago pautados por los eslabones mencionados anteriormente. Es decir que tenemos un oligopsonio en la compra y un oligopolio en la venta. ¿Será por eso que en los últimos 3 años no haya aumentado el precio de la uva ni del litro de vino pagado a los productores?

También se concentra el sector de proveedores de insumos, en el caso de vidrio por ejemplo, solamente 2 empresas (Grupo Verallia y Cattorini) producen casi la totalidad de las botellas, solo por mencionar uno de los insumos más importantes.

Hasta ahora solo se han planteado políticas que brindan "soluciones" a corto plazo. El problema de fondo no es el sobre-stock, es que la normalidad impuesta por las reglas del mercado solo benefició a unos pocos. Mientras los consumidores pagan cada vez más caros los vinos y espumantes, las y los productores, las y los contratistas, las y los trabajadores rurales, las y los pequeños bodegueros no alcanzan a cubrir sus costos y se funden.

¿En qué momento el vino dejó de ser una bebida popular para ser exclusiva de intelectuales y élites? ¿Qué pasa si recordamos que el vino es la bebida de todos y todas, que se puede tomar como más nos guste, con hielo, con soda, con ojotas o con zapatos?

Necesitamos políticas articuladas para organizar la comunidad que conforma el entramado productivo vitivinícola, que desconcentre la cadena y promueva el consumo.

Es hora de pensar en un plan que desde la bioeconomía y la bioética proteja la biósfera y la biodiversidad, que con desarrollo productivo y sustentable genere desarrollo territorial con arraigo y movilidad social ascendente, que basado en la innovación y la investigación promueva el desarrollo científico aplicado.

Hablamos de vincular lo biológico con lo real por medio de la virtualidad. Pensemos en eficientizar el sistema de riego y de aplicación de productos, reduciendo el impacto ambiental y la utilización de recursos escasos de la naturaleza.

La tecnología actual brinda la posibilidad de recorrer hasta 400 hectáreas por día con drones, los cuales recolectan imágenes de gran nitidez y datos como: medir el estrés hídrico y el vigor de las plantas; contabilizar el número y el tamaño de cepas; hacer seguimiento de los cambios de color o forma de las plantas, etcétera. Pensemos que las decisiones y las acciones se realizan a través de Apps, que son ejecutadas por sistemas robotizados de riego y aplicación de productos. La Apps vintiOS es un ejemplo de tecnología que a través de la cartografía y los datos permite controlar las parcelas.

Es posible una vitivinicultura de nuevo tipo y altamente intensiva en conocimiento, que garantice la conservación de los recursos biológicos, su uso directo y su transformación en el marco de los procesos productivos; que aplique las tecnologías al conocimiento, transformación y emulación de recursos, procesos y principios biológicos. Sin embargo, sin resolver el problema de la concentración de los eslabones estratégicos, la actividad seguirá teniendo las y los productores, las y los contratistas, y las y los trabajadores rurales, empobrecidos.

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