México
Gabinete en silencio
Por Andrés Wainstein
La renuncia de Urzúa pone en evidencia las fallas en la gestión de un Gabinete que no comprende el sistema de toma de decisiones de AMLO.

No es la primera vez que un integrante del Gabinete le presenta la renuncia a Andrés Manuel López Obrador. La escena ya se repitió varias veces. Nada grave, cosas que ocurren en el empedrado camino de la gestión pública. La novedad, en todo caso, es que Carlos Urzúa, hasta ayer secretario de Hacienda, tomó la decisión y la hizo pública sin avisarle a nadie.

La mayoría de los colaboradores cercanos de López Obrador se enteraron como el resto de los mexicanos: cuando la carta ya había sido difundida en sus redes sociales. En medio del desconcierto, hubo que buscar un reemplazante de forma urgente.

Se trató de horas muy delicadas, porque los mercados reaccionan rápido frente a la incertidumbre de un Gobierno sin un liderazgo claro en el programa económico. Eso explica la tradición de muchísimos líderes del mundo de anunciar la renuncia de sus colaboradores en el preciso momento que se designa a su reemplazante. 

Rápido de reflejos, AMLO depositó en cuestión de horas el encargo en Arturo Herrera. Alumno de Urzúa, podría garantizar cierta continuidad y menos incertidumbre ante la idea de eventuales cambios bruscos. El economista del Colmex, sin embargo, exigió una purga en Hacienda. El hombre que había vivido en carne propia los desplantes públicos del Presidente ahora ponía condiciones. Pequeñas revanchas que ofrece la política.

La reacción de López Obrador evitó mayores costos en los mercados, pero la salida de Urzúa dejó una herida visible. Su carta llamativamente evitó los típicos protocolos de corrección política. No contuvo ninguno de los eufemismos que se suelen utilizar para suavizar las renuncias, no siempre amistosas. Urzúa no se fue por motivos personales, ni por proyectos profesionales, o por cuestiones de salud. Nada de eso.

Urzúa argumentó, en cambio, que lo "orillaron" a renunciar algunos "personajes influyentes" que le estaban imponiendo funcionarios sin conocimiento. Y se quejó porque sus aportes en economía "basados en evidencia" no encontraban eco. Más bien se optaban por posturas "extremistas". Una crítica filosa para un AMLO que, desde hace meses, dejó de reconocer los reportes y estadísticas oficiales.

Pero detrás de este cuestionamiento de Urzúa se esconde, en silencio, un malestar generalizado que fue tomando forma en todo el Gabinete. El sistema de toma de decisiones hace imposible poder anticipar crisis de cualquier índole. Sólo cuando la "bomba estalló", se abordan los temas de una forma profunda y técnica.

Varios integrantes del Gabinete -algunos con experiencia en otros sexenios- se quejan off the record por la falta de mesas temáticas de trabajo con López Obrador. Espacios donde se pueda volcar información más profunda, contrastar ideas y discutir entre funcionarios que tengan miradas distintas para la resolución de diversas problemáticas. No hay nada de eso.

"Es imposible verlo. La prioridad es la mañanera y sus giras por todo el país. Sólo tenemos una reunión de Gabinete donde hay más de 70 o 100 personas, y se hace un repaso superficial de los asuntos de gestión. Es imposible abordar los temas en esas reuniones. No delega, pero tampoco abre espacios en su agenda para tomar las decisiones. Por eso hay una parálisis notable en muchas áreas". Sórdido escenario describe un colaborador de Palacio Nacional.

En la vorágine que le imprime López Obrador a la agenda política de su gobierno, parece que pasaron años desde Germán Martínez renunció al Gabinete en medio de una crisis de desabastecimiento de medicamentos e insumos en los principales hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social. En ese momento, las quejas apuntaban hacia Hacienda. ¿No había margen para que AMLO estudiara el diferendo y zanjara esas diferencias?

Hay, además, otro antecedente muy ilustrativo. Gerardo Esquivel había sido elegido como futuro subsecretario de Egresos. Y en pleno armado del Paquete Presupuestal, el economista le corrigió varias ideas a López Obrador. Le explicó que no tenía sentido destinar tantos recursos del presupuesto a sólo tres o cuatro obras emblemáticas, porque paralizaría el resto de la inversión pública. Y además sería imposible ejercer todo ese dinero con proyectos cuyos arranques son difíciles. "Este muchacho es muy soberbio", se quejó el Presidente con Urzúa. Terminó en Banxico.

Y en medio de esta falta de coordinación con su Gabinete, alrededor de López Obrador empieza a tomar forma un nuevo grupo de jóvenes que constituyen una suerte de guardia pretoriana. Como reveló LPO, allí aparece la figura de Carlos Torres, el economista junior que oficia de Secretario Técnico ante el Gabinete. Ya lo señalan como el joven que le pasa los "otros datos", que suele manejar AMLO frente a estadísticas o informes incómodos.

Urzúa no soportó más la interna con Torres. Ahora, el rol de intermediario que construyó este joven economista es cuestionado por varios secretarios. "Públicamente, el Presidente dice que Benito Juárez tuvo el mejor Gabinete de la historia de México. Pero a nosotros nos paraliza con internas". ¿Herrera logrará un cambio de fórmula?

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