Seguridad
Los obispos buscan a los generales para terminar con política de "abrazos no balazos"
Contactos directos y distancia con Palacio Nacional. La búsqueda de un equilibrio en Seguridad. Rechazan planes de paz.

 Se multiplican en las últimas los contactos entre los generales a cargo de las  regiones militares y la curia mexicana. El crimen de dos religiosos jesuitas en Chihuahua ha generado una movilización de alta intensidad en la cúpula ecleasiástica. Los obispos están priorizando el vínculo directo con los militares porque asumen que Andrés Manuel López Obrador prefiere mantener distancia del hecho criminal.

El crimen de Chihuahua detona una confrontación que se mantiene por lo bajo desde hace meses y que ha llevado a AMLO a buscar nexos directos con el Vaticano y no tener demasiada interlocución con la curia mexicana.

Ese conflicto quedó en evidencia. Hoy jueves Ramón Castro Castro, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) diejo en un video:   "Ahora como nunca, el dolor de la cruz se vuelve más intenso por tanta sangre inocente derramada a lo largo y a lo ancho del país. Los índices de violencia y sus estructuras de muerte, se han desbordado e instalado en nuestras comunidades, desfigurando a la persona humana, y destruyendo la cultura de paz". Una hora despúes el presidente apareció en sus redes para contar lo mucho que disfruta el beísbol. 

Según pudo conocer LPO, lo contactos entre la curia y los generales tuvieron mensajes similares: se señaló en reiteradas ocasiones que el sexenio actual supera en asesinatos al de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, se alegó sobre las extensas franjas territoriales en poder de organizaciones delictivas y, tal vez lo más delicado, se pusieron en duda los intentos de pacificación del Gobierno a través de acciones de reparación del tejido social, al señal que existe un concepto equivocado sobre el drama a afrontar.

Básicamente el mensaje que llegó hasta la oficina de Luis Crescencio Sandoval es que la Iglesia Católica respalda las políticas sociales del Gobierno pero que también urge una acción concreta contra los grupos criminales. 

Bajo esta tesis, México no está ante un conflicto interno de tipo guerrillero, sino que enfrenta a corporaciones criminales multimillonarias y que ante ese plano no hay mensajde pacificador que pueda progresar. También se señaló que los resultados de la política social actual pueden ser positivos pero puede llevar décadas recuperar el tejido social fractura que facilita la violencia.

Los militares coinciden en ciertos diagnósticos aunque toman con cautela el mensaje de los obispos al señalar que en diversas partes del país, como es el caso de Guerrero, los religiosos tienen una convivencia casi hasta afable con los grupos criminales.

Como sea, Sandoval es muy conciente, y así se ha mencionado en el gabinete de seguridad ya desde hace dos meses, de que se comienza a imponer la necesidad de un cambio de estrategia, una búesqueda de sentido intermedio, que no institucionalice la violencia desde el Estado (al estilo del calderonismo) pero que tampoco permita el avance descontrolado de los grupos criminales.


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