El terremoto que sacudió a Colombia el lunes dejó postales de destrucción, muerte y miedo en varias regiones del país, pero también activó una enorme red de solidaridad entre los propios colombianos. Desde Bogotá hasta Medellín, pasando incluso por las ciudades afectadas como Manizales, Cali y Quibdó en el departamento del Chocó (la zona del epicentro del sismo), familias, vecinos y voluntarios comenzaron a movilizar alimentos, bebidas, medicamentos y otros productos destinados a quienes lo perdieron todo.
En el norte de Bogotá, fue habilitado rápidamente un centro en el que se reciben donaciones destinadas a las zonas del desastre. Allí, el dolor de quienes tienen familiares o amigos en las regiones golpeadas se mezcló con el impulso de ayudar. "Vengo a entregar alimentos y bebidas por todo lo que sucedió en el terremoto. Yo soy de un pueblo llamado Zarzal, el cual se vio muy afectado", contó a LPO Alexandra Varela, quien se encontraba en Bogotá cuando ocurrió el sismo de 7.4 a las 7:34 del lunes 10 de agosto. Entre lágrimas, Varela se mostró conmocionada y es que tras el temblor recibió la peor noticia: una de sus amigas murió después de que su vivienda quedó reducida a escombros.
Su madre, que permanece en Zarzal, sobrevivió al terremoto aunque perdió bienes materiales. "Lo material ya no es importante, lo bueno es que está con vida", dijo Alexandra, que decidió acercarse al centro de acopio para colaborar con los damnificados. "Espero que el gobierno muestre las ayudas y que todos colaboremos para que saquemos adelante a todas las regiones que fueron afectadas", agregó.
La solidaridad también llegó desde quienes vivieron el terremoto lejos de las zonas devastadas. Javier Sáenz, vecino de Bogotá, estaba en su departamento en un sexto piso cuando comenzó el movimiento. "Fue bastante duro. La duración también fue bastante larga, fueron momentos muy complicados", relató a LPO. Para Sáenz, la emergencia representa una prueba para la sociedad colombiana y también para el nuevo gobierno: "Es en estos momentos donde se mide realmente el talante de los colombianos y la verdadera resiliencia con nuestros hermanos".
Natalia, oriunda de Cali, estaba en Bogotá junto a sus dos hijos cuando ocurrió el terremoto. Su familia y sus amigos permanecen en Cali, una de las ciudades más afectadas. "Estoy acá con el corazón a la mitad", contó a LPO. Después de comunicarse inicialmente con el padre de sus hijos, las líneas telefónicas comenzaron a colapsar y quedó incomunicada con parte de su familia. Decidió entonces transformar la angustia en ayuda. "Me di cuenta que necesitaba ayudar y pues nada, vine", explicó. "Yo siempre he pensado que los colombianos somos resilientes, que en estos momentos difíciles sacamos lo mejor de nosotros".
Adriana Pérez, desde Manizales, ciudad que integra el Eje Cafetero y sufrió grandes daños por el movimiento telúrico, relató a LPO los momentos de miedo que vivió cuando comenzó el terremoto. "Salimos a la plazoleta y no veíamos más que caer, caer y caer", contó. Aunque su vivienda no sufrió daños importantes, edificios cercanos quedaron seriamente afectados, lo que dejó a varios de sus vecinos heridos.
En la misma ciudad y en medio de ese escenario, María Fernanda de los Ríos y su hermana decidieron madrugar este martes para preparar café y buñuelos, para luego llevarlos a quienes habían perdido sus viviendas. "Estamos apoyando, estamos con el corazón entregado a las personas que perdieron todo", contaron a este medio. "Hoy dijimos: vamos a madrugar, vamos a hacer desayunos, porque ellos lo necesitan".
La tragedia también golpeó en un momento político particular: el terremoto ocurrió apenas tres días después de la asunción de Abelardo de la Espriella. El nuevo Presidente llegó a la Casa de Nariño con una agenda centrada en la seguridad, el ajuste del gasto público y el cambio de rumbo respecto a varias de las políticas sociales que dejó el ex mandatario Gustavo Petro. La catástrofe obligó al nuevo inquilino de la Casa de Nariño a cambiar rápidamente sus prioridades y poner al Estado al frente de una emergencia nacional. De la Espriella declaró la emergencia para todo el país, lo que obligó a desplegar equipos de rescate, militares y funcionarios en las regiones afectadas.
La respuesta también puso en evidencia las dificultades propias de un gobierno que acaba de comenzar. La falta de un empalme completo con la administración anterior y la transición en organismos clave de gestión del riesgo se convirtieron en uno de los primeros desafíos de la nueva administración. Mientras el Gobierno intenta ordenar la respuesta, las autoridades locales adoptaron medidas extraordinarias. En Cali se decretó un toque de queda nocturno, se reforzó la presencia de la Policía y el Ejército en las calles, además las autoridades locales declararon la calamidad pública. Cali también activó la alerta roja hospitalaria y suspendió el icónico Festival Petronio Álvarez, que debía comenzar esta semana.
En Pereira la ciudad también está bajo un toque de queda nocturno y es que en varios sectores de la ciudad hay temor a posibles saqueos. La medida se sumó al despliegue de los organismos de emergencia en una de las zonas más golpeadas por el terremoto. La extrema situación, sin embargo, no borró la otra prioridad con la que De la Espriella llegó al poder: la lucha contra los grupos armados y el narcotráfico.
Y es que este martes, mientras los rescatistas intentan recuperar a las personas atrapadas bajo los escombros, las Fuerzas Militares avanzaron con la nueva política de seguridad de De la Espriella. El presidente había advertido antes de asumir que su administración endurecería la ofensiva contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las FARC y otras organizaciones criminales. Incluso antes de su posesión, había anunciado que las Fuerzas Armadas recuperarían la iniciativa en las zonas controladas por los grupos armados.
En las primeras horas de este martes, dos aviones de la Fuerza Armadas colombiana bombardearon un campamento del Frente Nororiental del ELN, ubicado en una zona rural del Norte de Santander. La operación generó además una alerta de la Defensoría del Pueblo por posibles afectaciones a la población civil.
Así, en los primeros días del nuevo gobierno, Colombia quedó atravesada por dos imágenes contrapuestas: por un lado, militares, policías, bomberos y voluntarios buscando sobrevivientes entre los escombros; por otro, las Fuerzas Militares retomando la ofensiva contra las organizaciones armadas.
La tragedia natural puso al Gobierno frente a una tarea que no estaba en sus planes iniciales, administrar una emergencia de enormes dimensiones apenas 72 horas después de asumir. Pero también mostró una respuesta que no depende solamente de quien está al frente del Estado.
En los centros de acopio, en las calles y en las zonas afectadas, miles de colombianos comenzaron a hacer lo que podían. "Somos patrias y tenemos que tener solidaridad hacia nuestros hermanos", resumió Javier Sáenz desde Bogotá.
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