Colombia atraviesa sus primeras horas bajo el gobierno de Abelardo de la Espriella con el paÃs todavÃa conmocionado por un terremoto que golpeó distintas regiones y dejó más de 180 vÃctimas fatales y graves daños materiales. La emergencia obligó al nuevo Ejecutivo a reaccionar frente a una crisis de alcance nacional apenas dÃas después de asumir el poder.
En medio de la conmoción, el expresidente Ernesto Samper, quien gobernó Colombia entre 1994 y 1998, analizó en diálogo con LPO las primeras horas de la gestión de De la Espriella y el papel del Estado frente a esta catástrofe. Referente del progresismo colombiano y latinoamericano, Samper también cuestionó la influencia de Donald Trump en los procesos electorales de la región, alertó sobre una "derechización" de América Latina y planteó los desafÃos que enfrenta el progresismo colombiano tras la derrota electoral del Pacto Histórico en las elecciones de julio.
¿Cómo evalúa estas primeras horas del manejo de la crisis por parte de la nueva gestión del presidente De la Espriella?
El terremoto que sufrimos ha sido una experiencia muy dolorosa. El terremoto no solamente afectó a una ciudad, sino a más de siete ciudades, varias de ellas capitales de departamentos. Y, obviamente, a la gente más pobre, que es la que vive en viviendas más amenazadas. Sin embargo, ha surgido de nuevo, como en otras oportunidades, una gran solidaridad tanto nacional como internacional. Ahà es donde uno descubre que la región está integrada alrededor de buenas causas y es posible trabajar sobre esas buenas causas, sobre esa integración de hecho, de una mayor integración internacional. Hasta el momento se conoce un número de vÃctimas muy importante, con mucho dolor. Estamos todos, pues, conmocionados con el hecho, como si fuera nuestra propia casa.
Hay que decir que Colombia ha tenido históricamente un liderazgo en el manejo de crisis y desastres. Por estar nosotros en esta esquina privilegiada de tener los dos mares, también nos ha traÃdo dificultades y dolores de cabeza: aumento de los huracanes en el Caribe, aumento de los sismos en la zona andina, que serÃa este caso. Eso nos ha ayudado a desarrollar un sistema de respuesta muy rápida, unas condiciones legales que permiten apropiar recursos rápidamente, unos sistemas de atención del socorro. Todos los departamentos tienen sus oficinas de atención de riesgos.
Creo que es uno de los paÃses que está más preparado en la región para asumir riesgos, que hoy dÃa son el terremoto, ayer fueron las inundaciones, pueden ser los incendios. Es un paÃs sometido a muchas dificultades naturales, a pesar de que somos un paÃs muy lleno de biodiversidad y una naturaleza increÃble.
El presidente Abelardo de la Espriella llegó al poder con la propuesta de reducir el Estado en un 40% y darle un rol central al sector privado. ¿Cree que la magnitud de este terremoto puede hacerlo revisar esa visión o, una vez superada la emergencia, mantendrá esa lÃnea de gestión?
Bueno, lo primero: esta es una lección dramática y muy oportuna para que él se dé cuenta de que un paÃs como Colombia, desmontando el Estado, es un paÃs que renuncia a gobernarlo. De manera que espero que esto sirva para él.
De momento ha tenido un buen comportamiento, ha liderado los equipos, porque tenÃa instrumentos: oficina de desastres, un fondo de adaptación, unos protocolos en las Fuerzas Armadas para responder rápidamente a esas emergencias. Y se dará cuenta de lo importante que es tener unos apoyos estatales para el cumplimiento de sus funciones gubernamentales.
Usted no fue invitado a la ceremonia de asunción del pasado viernes en Cali. ¿Cómo evalúa el cierre del gobierno de Gustavo Petro, la derrota del progresismo en las elecciones y la llegada de una nueva derecha al poder en Colombia?
Nosotros hemos sido vÃctimas, como otros paÃses de América Latina, de esta intervención arbitraria y descarada que ha hecho el presidente Trump en los procesos electorales de la región. En Honduras, se liberó a un narcotraficante que era el jefe polÃtico de quien quedó en la presidencia del paÃs. En el caso de Milei, puso recursos para que pudiera sobrevivir las parlamentarias. Intervino en el proceso abiertamente en Chile y, en el caso de Colombia, pues hay una declaración. No es que mandó una razón, es que él mismo declaró: el único candidato que serÃa aceptable para Estados Unidos serÃa el señor De la Espriella.
O sea, que me parece que nos ha devuelto muchÃsimos años en lo que era la relación entre América Latina y Estados Unidos. Que esto viene después de que el propio gobierno del señor Trump ha subido los aranceles de lo que exportamos a Estados Unidos, está persiguiendo de una manera implacable a los migrantes latinoamericanos, ha criminalizado la migración como ningún otro paÃs lo habÃa hecho y, además, se han liquidado todas las agencias de USAID. Eran agencias que atendÃan problemas sociales que tenemos nosotros en todos los paÃses.
De tal manera que la intervención en Colombia no es nueva y forma parte de un proceso muy peligroso de derechización de la región, que se instrumenta a través de una polÃtica de diplomacia ideológica, en la cual las relaciones internacionales no se dan entre Estados, como deben darse entre Estados soberanos, con la intervención en los asuntos internos de cada Estado, sino que se dan entre gobiernos.
Entonces, si el gobierno que usted preside es un gobierno que está de acuerdo con mis prioridades en materia de polÃtica exterior, mis prioridades internas, nos volvemos aliados; si no, no asisto.
Eso es parte del error que cometió el presidente, el nuevo presidente de Colombia, Abelardo, al sacarnos de la lista de invitados a dos expresidentes, el presidente Santos y a mi mismo. El pecado que hemos cometido es que aquà estamos hablando de paz, estamos hablando de negociación, estamos hablando de territorios, hablando de un modelo distinto que él piensa, pero eso no puede llevarlo a simple y sencillamente declararnos enemigos de entrada, mientras que por otro lado está diciendo que él va a ser el gran maestro de la convivencia.
En Argentina, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner está presa; Lula, en su momento, estuvo detenido, y Rafael Correa está exiliado en Europa. Algunos analistas dicen que Gustavo Petro podrÃa correr la misma suerte. ¿Cree que ese camino le puede tocar al expresidente Petro?
Espero que no, pero ningún paÃs está exento de ser vÃctima de un proceso de lawfare, como, por ejemplo, el propio expresidente RodrÃguez Zapatero en España. En este momento, después de haber sido juzgado y condenado en los medios de comunicación, pues lo único que queda claro es que él es amigo del gobierno de Sánchez, que para perseguir a Sánchez persiguen a su amigo, que ha sido RodrÃguez Zapatero.
Esto, en un Estado que predica el Estado de derecho, es inaceptable, porque lo primero que hay que respetar en un Estado de derecho es la presunción de inocencia.
Y los medios de comunicación, en poder de los grupos económicos, lo que hacen es, al contrario, no presumir la inocencia, sino presumir la culpabilidad. Tratan de obligar al imputado o al victimizado a que muestre que no es culpable, no que es inocente. Son dos cosas distintas.
Un sismo de 7.4 sacudió Colombia y pone a prueba al nuevo gobierno de De la Espriella
¿Qué le espera al progresismo colombiano de cara a estos cuatro años de mandato de Abelardo? ¿Cuál es el camino que debe seguir?
Yo apoyé al gobierno desde mi condición de expresidente liberal, el demócrata, más que liberal en el sentido europeo de la palabra. Espero que ese sector progresista logre ponerse de acuerdo alrededor de unos temas fundamentales, con un programa común.
Creemos que, si somos capaces de hacer un frente progresista, con todas estas fuerzas que no son solamente polÃticas, sino también sociales populares, como lo hizo López Obrador y lo está haciendo Claudia Sheinbaum en México, como lo que pudo hacer Lula en Brasil.
Si logramos armar este rompecabezas, la oposición tiene la posibilidad de regresar al poder, entre otras cosas porque la gente no añora el miedo o el castigo, la gente añora la igualdad, la paz. Vemos que cuando el péndulo de América Latina regrese, el autoritarismo en que está en este momento seguramente retomaremos nuestras propuestas y banderas sociales.
¿Cree posible una nueva oleada progresista en América Latina frente al avance de la ultraderecha y en un contexto de creciente desconfianza hacia la democracia como forma de gobierno?
Reconozco que no es fácil porque tenemos enemigos importantes. Los partidos han venido decayendo en su capacidad representativa. Hay unos nuevos poderes fácticos que están ocupando los espacios que liberan los partidos, como los grandes grupos económicos, los grandes grupos comunicacionales, las nuevas religiones cristianas, agencias certificadoras de paÃses. En fin, es toda una especie de arcoÃris de nuevos actores polÃticos en función de la defensa de sus intereses.
Son las personas a las cuales tendremos que derrotar democráticamente. No es una tarea fácil porque la derecha utiliza, está utilizando, un arma noble que es la polarización ideológica, que es la que se lleva a través de muchas redes y espacios digitales. Soy consciente de que la utilización polÃtica de esas mismas redes y la compartimentalización del mensaje polÃtico que se logra a través de las bodegas y todas estas granjas digitales produce un efecto mayor de alinear a la gente alrededor de mensajes de derecha.
Todos sus mensajes son negativos y emocionales: el miedo, la inseguridad, la calumnia. Entonces, lo que mueven esas redes concita mucho más el apoyo de los que se sienten atemorizados que de los que se pueden sentir ilusionados con una propuesta de igualdad o el mejoramiento de sus condiciones de vida.
Repitiendo unas palabras del presidente Mujica, que lamentablemente falleció: "El péndulo de la historia siempre ha tendido a girar hacia lo social y hacia la igualdad y hacia la libertad". Yo espero que el péndulo de América Latina regrese. Ese paraÃso autocrático en que se encuentra en este momento neofascista, pueda volver a encontrarse con la libertad que predicamos.
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