Los últimos estudios muestran cada vez con mayor énfasis un segmento de electores que parecen haberse quedado sin una opción polÃtica definida |
En los últimos años se ha analizado con bastante precisión el comportamiento electoral argentino en base a un esquema de segmentación en tres tercios. Un tercio que se ha mantenido relativamente fiel a las opciones del peronismo/kirchnerismo, otro tercio que encontró primero en el PRO y luego, en cierta medida, en La Libertad Avanza, una canalización de sus preferencias; Y un tercer tercio compuesto por votantes de espacios minoritarios y por aquellos más fluctuantes e independientes - los llamados "swing voters"- cuya participación podÃa inclinar la balanza hacia una u otra de las principales fuerzas polÃticas en pugna.
Si bien este escenario de fragmentación - con mayor o menor precisión porcentual - parece seguir vigente, se visualiza un cambio en la conformación de lo que identificamos como el "tercer tercio".
Los últimos estudios muestran cada vez con mayor énfasis un segmento de electores que parecen haberse quedado sin una opción polÃtica definida. Algunos están esperando la irrupción de un candidato casi "MesÃas", otros miran las alternativas existentes y están indecisos y otros, simplemente, ya no tienen esperanza de que aparezca alguien con las caracterÃsticas deseadas y manifiestan una creciente falta de disposición a concurrir a votar.
Respecto a estos últimos surge cierta dificultad para definirlos cuantitativamente ya que las encuestas suelen reflejar mejor la indecisión que la abstención, dado su carácter vergonzante en un paÃs donde el sufragio es obligatorio. Sin embargo, son electores cuya conducta es importante detenerse a analizar. El ausentismo ha adquirido en las últimas convocatorias electorales una dimensión mucho más importante de la que tuvo en instancias anteriores. Ya no parece ser solamente el resultado circunstancial de una elección que puede generar mayor o menor atractivo o interés en participar. Comienza a visualizarse una tendencia que expresa un cambio en la relación entre los electores y la polÃtica en la medida que este subsegmento muestra una diferencia clave respecto al voto en blanco y a los indecisos. Estos últimos pueden cambiar en el camino su preferencia electoral o pueden esperar hasta último momento para definirse pero, finalmente, participan y eligen. Aquellos que votan en blanco o impugnan su voto, aunque expresan de alguna manera un rechazo, también participan en la elección.
Sin embargo, quienes deciden no concurrir quedan, directamente, fuera de la misma. Y aquà puede estar la novedad: la real dimensión de este bloque que a las encuestas les está resultando difÃcil medir con precisión. De hecho, más allá de los que se animan a expresar abiertamente su no disposición a presentarse a votar, seguramente hay una masa de "electores" que hoy se manifiestan como indecisos, pero que llegado el momento también pueden no llegar a ser "votantes".
Es razonable, entonces, comenzar a pensar en la existencia de un nuevo tercio cualitativamente diferente del de los escenarios precedentes. Un tercio no homogéneo en su composición, pero que comienza a adquirir peso propio: el de quienes no tienen una decisión electoral consolidada y que hoy pueden estar expresándola mediante la indecisión, el voto en blanco o la ausencia.
Entre ellos puede haber electores apolÃticos, otros desencantados, otros enojados o hastiados de opciones que ya fueron probadas y no cumplieron con sus expectativas. Pero tienen en común su posición frente a la oferta polÃtica: no encuentran o han dejado de encontrar una razón suficiente para elegir o, más aún, para concurrir a votar.
Y este comportamiento puede modificar la competencia polÃtica tanto como el voto. Porque las fuerzas polÃticas están acostumbradas a disputar votantes. Saben cómo polarizar, cómo captar al votante independiente, cómo atraer al que puede cambiar de opción. Pero ¿qué ocurre cuando una parte de esos electores dejan de estar disponibles para esa disputa?
La pregunta central, entonces, ya no es quién puede captar a este electorado. Es si este electorado quiere ser captado. Este es el verdadero interrogante que plantea el "nuevo tercio". No sabemos todavÃa qué votará. No sabemos siquiera si votará. Lo que sà sabemos es que su comportamiento apático comienza a tener consecuencias. Y cuando la decisión de no elegir se convierte en una tendencia, la indecisión y la ausencia dejan de ser meramente un dato electoral. Se convierten en un nuevo actor polÃtico.
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