FMI
Ilan Goldfajn, el duro de Brasil que deberá enfrentar Guzmán en el FMI
El ex presidente del Banco Central brasileño es un ortodoxo que conoce muy bien la economía argentina. En enero asume en el FMI y quedará a cargo de la negociación con Guzmán. El ejemplo de la transición de Lula.

La transición presidencial entre Cardoso y Lula en el 2002 se dio bajo el paraguas del crédito del FMI más grande para Brasil en su historia: 30.000 millones de dólares con el propósito de mantener la estabilidad macroeconómica en un momento de recesión y problemas en la balanza de pagos.

Una situación que ofrece algunos puntos de contacto con el contexto en el que asumió Alberto Fernández y que llevó a la economista Marina dal Poggetto a afirmar en una entrevista con LPO, que el presidente se equivocó en no resolver de entrada el tema con el FMI, como hizo su admirado colega brasileño.

"Alberto le erró al patear el tablero con el FMI, tendría que haber hecho como Lula" 

Una de las figuras de relevancia de ese proceso fue Armínio Fraga, por entonces presidente del Banco Central de Brasil, que tenía entre sus directores nada menos que a Ilan Goldfajn, próximo Director del FMI para el Hemisferio Occidental, y encargado de supervisar el acuerdo de Guzmán en remplazo del mexicano-argentino Alejandro Werner.

Cabe recordar que los interlocutores naturales del Fondo para firmar acuerdos son los banqueros centrales y los ministros de Finanzas y Fraga por ese entonces apuntó a la estabilización macroeconómica con políticas ortodoxas de las que Goldfajn en calidad de director de Política Económica desempeñó un papel técnico ineludible en el diseño de la estabilización macroeconómica de Brasil, con un programa de corte ortodoxo. No en vano, catorce años más tarde pasó a ser él mismo presidente de Banco Central de Brasil, cargo que ocupa actualmente hasta el 3 de enero cuando se sume al equipo de Kristalina Georgieva.

Goldfajn era director de Política Económica del Banco Central de Brasil, cuando Lula tuvo que renegociar apenas asumido el crédito con el FMI más grande en la historia de ese país. El futuro interlocutor de Guzmán fue uno de los artífices de un plan de estabilización de corte ortodoxo, que abrazó el ex presidente.

Fraga y Goldfajn comparten el esquema conceptual -no su implementación en el macrismo- de Federico Sturzenegger y aceptaron compartir con él las Jornadas Bancarias de 2016 respecto de cómo bajar la inflación con programas de metas y control de la tasa de interés. La llegada de Goldfajn al FMI lo primero que cuestiona es el apoyo a la definición de "multicausalidad" que consiguió Guzmán de Georgieva, antes que perdiera peso en el organismo por el escándalo con China.

Quienes conocen a Goldfajn señalan que es muy celoso de la seriedad de las promesas que hacen los funcionarios económicos, sobre todo en materia monetaria, donde la credibilidad es un activo invaluable. No en vano le advirtió a a Sturzeneggeren en el comienzo de su gestión que: "metas (de inflación) excesivamente audaces no son eficientes si nadie cree que los Bancos Centrales pueden alcanzarlas; una meta ambiciosa que se considera como no alcanzable erosionará la credibilidad del Banco Central y en consecuencia hará la desinflación aun más costosa".

Se trata de una advertencia que también le vale a las proyecciones de Guzmán que, hasta el momento son "voluntaristas" y pecan de optimismo en comparación con los números del FMI, como reveló LPO.

Durante el inicio del primer mandato de Lula, el futuro interlocutor de Guzmán formó parte de una estrategia política que priorizó la estabilidad económica para evitar la sangría de divisas y el deterioro de los activos brasileños, radicalmente contrapuesta a la de Alberto Fernández, que desde el primer momento apuntó al default técnico de los bonos emitidos por Macri, el repudio al crédito con el FMI y el salto devaluatorio del peso.

Goldfajn y Werner, su antecesor en el FMI.

 Con ciertas similitudes a la actual situación argentina, las elecciones de 2002 en Brasil se dieron en un contexto de crisis de balanza de pagos común al conjunto de América Latina, pero el riesgo del contagio del "efecto Tango" por la crisis argentina generaba incentivos para que el FMI blindara las economías vecinas. Así ese año Brasil recibió una ampliación del Stand-By que tenía desde 1999 por un monto de 30.000 millones de dólares, el mayor de su historia. Uruguay también recibió unos 3.000 millones de dólares ese mismo año.

En la estructuración del crédito que negoció el gobierno saliente había dos grandes diferencia respecto del crédito que la Argentina pidió en 2019: la primera, el presidente saliente no iba por su reelección sino por cuidar el legado de sus dos gobiernos en materia de estabilidad monetaria y del Plan Real. La segunda, la plata fresca no era para financiar su compaña; al contrario, el 80% de los desembolsos se harían en el año 2003, ya sea que el candidato electo fuera Lula o José Serra, el candidato de Fernando Henrique Cardoso. 

Los mercados  temían por la llegada de una oleada socialista y hasta comunista de la mano de un presidente obrero del Partido de los Trabajadores. Sin embargo, Lula evitó la ruptura y en junio de 2002 emitió su famosa "Carta al pueblo brasileño", bajo el influjo de Cardoso, en la que aseguraba que honraría los compromisos económicos del Brasil. Y aunque en un principio no convenció - al fin y al cabo hasta 2001 el PT hacía propaganda contra el pago de la deuda externa-, su competidor hizo lo mismo y rápidamente los mercados le respondieron al consolidar la alianza con el multimillonario José Alencar para vicepresidente.

Los mercados temían que Lula iniciara un giro al socialismo o incluso al comunismo, ya que provenía del PT y había hecho campaña contra el pago de la deuda externa. Sin embargo, a poco de asumir en su famosa "Carta al pueblo brasileño" anunció que honraría los compromisos y coordinó la transición con los ortodoxos del Banco Central y el equipo económico de Cardoso.

En las antípodas, ya antes de las PASO Alberto Fernández fogoneaba la devaluación asegurando que el dólar debía rondar los $60, lo que se concretó tan pronto se supo el resultado de los comicios de agosto de 2019; y a partir de allí instaló tres conceptos que aceleraron el deterioro de los activos argentinos: que la economía ya estaba en virtual default con los privados porque no se les iba a poder pagar, que el acuerdo con el FMI no se iba a sostener, y que el FMI debía hacerse cargo de haberle dado a Macri un préstamo político, algo que funcionarios de Estados Unidos se encargaron de corroborar meses después.

En Brasil, el rescate del FMI se concretó recién en agosto con un programa de condicionamientos exigentes: una meta de superávit fiscal primario mínimo del 3,75% PBI en 2003 y su sostenimiento en los dos años posteriores.

Confirmado en octubre Lula como candidato electo, comenzó una transición inédita de traspaso de mando coordinada. En este proceso fue clave la rápida designación de Antonio Palocci al frente del Ministerio de Hacienda. Médico de profesión, político de vocación y tesorero del PT en los últimos años, para ejercer como ministro se rodeó de un equipo de economistas de corte ortodoxo que trabajó con el equipo de Pedro Sampaio Malan, su antecesor.

El ex presidente del Banco Central de Brasil, Arminio Fraga.

"Una observación graciosa: hacia 1994/1995 el FMI criticaba mucho el Plan Real -ideado por Cardoso- por cierta heterodoxia y, en cambio elogiaba el Plan Cavallo. Pero el Plan Real fue exitoso y le permitió a Cardoso la reelección. Sin embargo, a partir de 1998 la economía se deteriora y los periódicos de entonces mostraban colas de gente buscando comida y trabajo y esto hizo que el candidato del gobierno llegara muy mal parado a las presidenciales. Para 2002 en su cuarto intento por llegar a la presidencia, Lula se da cuenta de la debilidad del gobierno de Cardoso y da un giro hacia el centro, que se diferencian de sus posturas de intervencionismo estatal e izquierda dura de las campañas previas", dijo a LPO Marco Bastos, analista político y magister en Historia Económica de la UBA.

"En 2002 redacta su Carta al Pueblo Brasileño para calmar a los mercados: la deuda externa se iba a pagar y los contratos se iban a respetar, es decir, ‘acá no va a haber expropiaciones' y de hecho no las hubo. Y de vice puso a un industrial respetado del rubro textil de Minas Gerais, lo que pavimentó su camino para ganar las elecciones y destraban desconfianzas de los grandes empresarios. Así la transición entre presidente saliente y flamante fue muy suave, inédita en la historia de la República", agrega Bastos.

Lula al inicio de su gestión sumó muchos economistas ortodoxos, que conducidos por Palocci en el primer año de gobierno, implementaron un programa de ajuste para bajar la inflación, estabilizar los precios y aumentar el nivel de reservas, muy distinto a lo de Guzmán.

El historiador recuerda que "Lula incluso contó con muchos economistas ortodoxos conducidos por Palocci que, en el primer año de Lula, implementaron un programa de ajuste para bajar la inflación, estabilizar los precios y aumentar el nivel de reservas, muy distinto a lo de Guzmán".

La mayor parte del PT apoyó a Lula en su giro al centro, trazada sin poca habilidad política. "Su estrategia catch-all, tuvo un momento representativo a fines de 2001cuando propuso en un mismo día a Meirelles, un ex presidente de Bank Boston internacional, para el Banco Central y a la senadora ambientalista de izquierda Marina Silva para Medio Ambiente", concluye Bastos.

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  • 2
    mariangel
    27/11/21
    11:10
    Goldfajn se las va a tener que ver con el nuevo miembro ordinario de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. . . un pagadios
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  • 1
    notansumiso
    26/11/21
    23:33
    Guzmy no va a negociar nada, ya tiene un pie en el avión de vuelta para New York.
    Su misión era sarasear y ganar tiempo y lo hizo muy bien.
    Seguramente sea Redrado el encargado de hacerlo, como nuevo ministro de economía.
    Kristonta ya se va, Chirola también ( es sólo un apéndice de ella).
    El gobierno sigue con Manzur y Ventajita como una especie de enlace con Larry, que pretende asumir en el 2023, si la macroeconomía está mínimamente resuelta.
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