Republicanos
LPO en Texas
Abbott se baja de la pelea presidencial para no chocar con Trump y buscará un cuarto mandato como gobernador
El gobernador es uno de los grandes ganadores del martes junto con DeSantis y Brian Kemp, pero no buscará la Presidencia. Recién electo para un tercer mandato, ya piensa en el cuarto. LPO entrevistó a su equipo. La lógica de su construcción y el riesgo del salto nacional.

Greg Abbott sabía hace cuatro meses que iba a ganar la elección frente a Beto O'Rourke y que iba a acceder a un tercer mandato como gobernador del Estado de Texas. Se lo marcaban las encuestas y se lo indicaban los datos que le llegaban desde distintos puntos de la inabarcable superficie del Estado que gobierna. Sin embargo, continuó con sus actos y recorridas para gastar la recaudación millonaria que había logrado en la campaña más cara de la historia de Texas. Lo hizo para mantener la formalidad de una contienda que despertó interés más allá de los límites de su territorio. Pero sobre todo, según dicen en el Capitolio de Texas, para ayudar a ganar al resto de los candidatos republicanos que competían en el Estado: su vicegobernador Dan Patrick, de estrechos vínculos con el Tea Party, y el procurador Ken Paxton, el abogado que tiene una relación de lo más estrecha con Donald Trump.

Abbott superó a O'Rourke en todos los planos. Recaudó 100 millones de dólares en campaña frente a los 76 millones del ex congresista nacido en El Paso y le ganó por un porcentaje mucho mayor al que había obtenido Ted Cruz, hace cuatro años, cuando logró la victoria ante el candidato demócrata por -un margen muy estrecho- en la carrera para acceder al Senado. Cruz venció a Beto 50 a 48, Abbott 54 a 43.

En un Estado que los republicanos gobiernan en forma ininterrumpida desde 1994, el gobernador de Texas es un abogado que inició su carrera en el terreno judicial y se acostumbró a tener el poder en sus manos, sin que nadie pueda disputarselo. Esa condición, el sentirse dueño de una posición que no corre riesgo, se traslada a sus colaboradores. Al día siguiente del triunfo contundente sobre O'Rourke, el Capitolio de Austin se vivió como un día más. Las visitas guiadas en el edificio construido en 1888 se combinaban con el buen humor y la tranquilidad propia de los que en ningún momento pensaron que el poder estaba en juego.

Abbott aplastó a Beto y ya es el gobernador más poderoso de la historia de Texas

"Beto es un Tik Tok star", le dijo a LPO John Scott, el secretario de Estado de Texas y mano derecha de Abbott. Ya desde antes de la elección, Scott solía definir al candidato demócrata como un "gran perdedor".

"Beto es un Tik Tok star", le dijo a LPO John Scott, el secretario de Estado de Texas y mano derecha de Abbott. Ya desde antes de la elección, Scott solía definir al candidato demócrata como un "gran perdedor".

Texas es uno de los cinco estados en los que el secretario de Estado no es electo en votación general, lo cual convierte al funcionario que está en el cargo en una especie de extensión del gobernador y no en un competidor político. Scott es uno de los que se sumó al proyecto de Abbott por un tiempo determinado. Aunque no lo dice públicamente, los republicanos aseguran que ya tiene fecha para irse: piensa en renunciar después de que complete su gestión y volver al sector privado. Asumió en octubre de 2021 y su acuerdo con Abbott era trabajar para pasar estas elecciones.

Abbott se baja de la pelea presidencial para no chocar con Trump y buscará un cuarto mandato como gobernador

Para los republicanos que acompañan al republicano la diferencia entre O'Rourke y Abbott es monumental. Al gobernador lo consideran un político profesional, un verdadero hombre de poder que vive para conservarlo y agigantar el protagonismo de Texas a nivel nacional. A O'Rourke, un candidato ideal para hablarle a la juventud pero con enormes dificultades para dirigirse a los habitantes de todo Texas, en especial a la población rural. 

Pese a que ya es un político de relevancia nacional que resulta inamovible en el poder, es muy poco lo que se sabe de su forma de hacer política y su pensamiento íntimo. La mayor parte de la información que se difunde es parte de la propaganda de gobierno y cae en el fuego de suma cero que implica la polarización con los demócratas. Su éxito, sin embargo, está a la vista.

La noche de las elecciones de medio término consagró a Abbott como uno de los grandes ganadores republicanos. Comparte ese privilegio con otros dos gobernadores de relieve nacional que representan un desafío para Donald Trump: el de Florida, Ron DeSantis y el de Georgia, Brian Kemp.

Con su reelección, DeSantis se convirtió enseguida en una referencia nacional para los republicanos que están hartos del ex presidente y que ya, desde antes de las elecciones, lo venían promocionando. En ese pelotón, figuran desde Elon Musk hasta un gran grupo de donantes que apuestan a una figura más joven y, también, más previsible. Kemp es el gran hereje que no convalidó las denuncias de fraude de Trump en 2020 y tiene el apoyo de Mike Pence.

La noche de las elecciones de medio término consagró a Abbott como uno de los grandes ganadores republicanos. Comparte ese privilegio con otros dos gobernadores de relieve nacional que representan un desafío para Donald Trump: el de Florida, Ron DeSantis y el de Georgia, Brian Kemp.

Frente a ellos, el gobernador de Texas, que es uno de los más beligerantes frente a los demócratas en temas como la inmigración, la defensa irrestricta de la portación de armas y la prohibición casi absoluta del derecho al aborto -sin excepciones en caso de violación o incesto-, aparece como un político mucho menos conflictivo. A su lado lo admiten: no está dispuesto ni tiene interés en enfrentar a Trump.

Su obsesión es el poder de Texas. No duda en avanzar con cualquier iniciativa que crea que lo beneficie y sirva para que el Estado se proyecte a nivel nacional como el mejor para que el poder económico se asiente. Tampoco da marcha atrás cuando, una matanza como la de Uvalde en mayo pasado, termina con 19 chicos de entre 7 y 10 años asesinados con un rifle de asalto. Abbott sabe que la mayoría de texanos no quieren límites para el uso de las armas. Lo mismo puede decirse de su política de hierro en la frontera, que cuenta con el apoyo de una parte nada menor de la población latina. 

Los funcionarios de Abbott dicen que disfruta tanto su trabajo, que ya comenzó a pensar en un cuarto mandato. Sería prematuro anunciarlo ahora pero esa es la próxima meta: quedarse en el poder de Texas hasta completar la gran transformación de un Estado que ya es la novena economía del mundo.

Seguidores de Abbott en Texas.

A la proyección nacional de Texas, se suma un récord local que al republicano le gustaría batir. El que conserva por ahora Rick Perry, el ex demócrata que sucedió a George W. Bush como gobernador, estuvo 15 años en el cargo y es, hasta el momento, el que más tiempo ejerció la función en la historia de Texas. James Richard "Rick" Perry permaneció en el poder entre 2000 y 2015. Esa es la referencia de Abbott y no Donald Trump. Perry intentó dos veces ser candidato a presidente republicano pero las dos veces quedó en el camino y fue Trump el que lo convocó después como secretario de Energía, debido a sus múltiples contactos con la industria petrolera. Con esa experiencia en la mira, afirman cerca del gobernador, es más probable que resulte conveniente ir en busca de un cuarto mandato antes que lanzarse a la carrera presidencial.

Abbott asumió en 2015, después de haber sido durante 11 años como Procurador General del Estado, el cargo que hoy ostenta Paxton. Aunque lleva por ahora 7 años en Austin, el republicano que se mueve en silla de ruedas desde que tenía 26 años ya es el más poderoso de la historia. 

Los funcionarios de Abbott admiten que que ya comenzó a pensar en un cuarto mandato. Miran la experiencia de Rick Perry, el gobernador récord que fracasó en su salto nacional. También el poder de daño que conserva, pese a todo, Donald Trump. 

Antes de las elecciones, un informe de Texas Tribune lo señaló como el recaudador de fondos más prolífico en la historia del estado, incluso en comparación con Perry y George W. Bush, el último texano que llegó a presidente. Desde 1995, cuando Abbott hizo su primera candidatura para un puesto estatal en la Corte Suprema de Texas, Abbott ya recaudó $348 millones en donaciones de campaña cuando se ajusta a la inflación.

Texas es uno de los 11 estados sin límites de contribución, lo que permite a los candidatos recaudar cifras millonarias de grandes empresas y dueños de fortunas personales. Para el gobernador que convive con un poder económico descomunal todo resulta más fácil.

Aunque su nombre circula desde hace tiempo en la danza de candidatos para ocupar el liderazgo republicano, en caso de que Trump decida dar un paso al costado, Abbott se distingue de DeSantis y parece mucho más concentrado en su propio Estado. A su lado dicen que no tiene un proyecto nacional y, sobre todo, no piensa desafiar a Trump. Coinciden de alguna manera con la máxima que el senador Ted Cruz difundió hace algunos meses, cuando explicó por qué los republicanos le tienen miedo al ex presidente. Por una serie de razones de las que prefieren no hablar, todos saben que no conviene enfrentar a Trump. El miedo sigue vigente, pese a que el ex presidente venga de fracasar con el traje de kingmaker que se había pretendido calzar.

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El gobernador Abbott tiene además un argumento más para no alimentar las versiones de un salto nacional. Más que su condición física, su familia, que lo acompaña desde hace tiempo y no soportaría -dicen- una exposición mayor.

Que el gobernador se cuide de no fastidiar a Trump no quiere decir tampoco que sea uno de sus soldados. En Austin aseguran que tienen una relación más bien protocolar. Cuando hace 20 días, Trump desembarcó en Corpus Christie, en el Sur de Texas, estuvieron junto a él el Procurador Ken Paxton y el vicegobernador Dan Patrick. Por alguna razón, Abbott decidió no asistir. La relación entre ellos es cordial y Abbott jamás confrontó con él, pero tampoco se caracterizó por ser parte de su coro de aduladores.

Quienes conocen el vínculo entre Trump y Paxton sostienen que la fascinación es mutua. Trump admira en Paxton que haya podido defenderse de todas las causas judiciales que tiene en su contra y haya podido seguir adelante con su carrera pese a ese flanco débil. Si pudiera, dicen, lo contrataría como abogado personal.

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