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La caída de Boudin en San Francisco golpea a los fiscales progresistas y potencia el reclamo de mano dura
El fiscal que buscaba reducir la tasa de encarcelamiento fue destituido por el 61% de los votos. Hijo de militantes de la izquierda radical y traductor de Chávez, dijo que fue derrotado los "multimillonarios de derecha".

Para muchos, fue una sorpresa. Para otros, una consecuencia inevitable. San Francisco generó ayer uno de los resultados más resonantes de las primarias en California con la destitución del fiscal progresista Chesa Boudin. El 61% de los votantes se inclinaron por clausurar un mandato iniciado en 2019 en una de las ciudades de más fuerte tradición liberal a lo largo de Estados Unidos.

Con indicadores históricos de violencia como el tráfico de drogas, el robo de autos, el vandalismo y los asaltos en viviendas, la alarma se extendió tras la pandemia entre los empresarios y dueños de comercios en San Francisco que rechazaban a Boudin y lo acusaban de ser demasiado blando con los delincuentes.

La campaña en su contra tuvo un mayoritario respaldo social pero fue motorizada por una alianza de accionistas que tienen intereses en los rubros tecnológicos y de bienes raíces. El fiscal destituido apuntó contra ellos en un acto que compartió junto a sus seguidores la noche del martes. "La gente en San Francisco está enojada. Están frustrados. Y quiero ser muy claro sobre lo que sucedió esta noche: los multimillonarios de derecha gastaron más que nosotros tres a uno (...) Aprovecharon un entorno en el que la gente está apropiadamente molesta. Y crearon una dinámica electoral en la (...) se les dio la oportunidad de expresar su frustración y su indignación", dijo el ex defensor público.

Pero después se mostró eufórico y hasta triunfalista, cuando afirmó que el movimiento que lo eligió en 2019 está "vivo y coleando": "Nuestra causa es justa y ya hemos ganado... Ya hemos ganado porque somos parte de un movimiento nacional que reconoce que nunca podremos salir de la pobreza encarcelados", aseguró.

"La gente en San Francisco está enojada. Están frustrados. Y quiero ser muy claro sobre lo que sucedió esta noche: los multimillonarios de derecha gastaron más que nosotros tres a uno (...)

Ahora, la alcaldesa de San Francisco, London Breed, deberá seleccionar un reemplazo temporal, aunque Boudin tiene la posibilidad de volver a competir en las elecciones de noviembre.

Con 41 años, un pasado como defensor público y una historia digna de Hollywood, Chesa había ganado el cargo por un margen estrecho en noviembre de 2019, en lo que fue interpretado como parte de una ola nacional de fiscales progresistas que crecía a partir de su compromiso en busca de generar alternativas al encarcelamiento, poner fin a la guerra racista contra las drogas y hacer que los policías rindan cuentas. Entre sus grandes promotores, estaba el ala izquierdista del partido demócrata liderada por Bernie Sanders y entre sus grandes financistas figuraba el magnate George Soros, que llegó a aportar 40 millones de dólares para la causa. 

Dos años después, aquellos pergaminos se volvieron en su contra. En una campaña de alta confrontación y muchos intereses en juegos, sus oponentes tildaron a Boudin de ideológicamente inflexible e inexperto, y lo cuestionaron por ponerse del lado de los delincuentes antes que en el lugar de las víctimas. Sus defensores, en cambio, denunciaron que su caída era en realidad la revancha republicana que apunta a socavar las reformas de seguridad en la Ciudad.

Su tiempo en el cargo coincidió con las imágenes de robos descarados y ataques contra personas asiático-estadounidenses que se viralizaron durante la pandemia y los modos de Boudin lo convirtieron en blanco fácil para canalizar la frustración pública.

La campaña de destitución contra Boudin fue respaldada por grupos que ya antes en febrero habían destituido a tres miembros liberales de la junta escolar de San Francisco pero contrasta con la fortaleza del gobernador de California, que en 2021 sorteó sin dificultades los intentos por sacarlo del cargo.

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Boudin tenía apenas 14 meses cuando sus padres, activistas de la izquierda radical de Weather Underground, fueron detenidos como conductores en un robo fallido en 1981 a un vehículo blindado en Nueva York que dejó dos policías y un guardia de seguridad muertos. El fiscal destituido creció visitándolos en la cárcel. Su padre, David Gilbert, fue condenado a 75 años de prisión. Su madre, Kathy Boudin, recibió una condena de 20 años ampliable, salió en libertad condicional en 2003 y murió de cáncer en mayo pasado.

El fiscal destituido recibió una educación de élite hizo y cursó su carrera de Derecho en Yale. En su juventud, viajó por Latinoamérica y vivió en paises como Guatemala, Colombia, Chile, Brasil y Argentina, Brasil. Durante su incursión en Venezuela en 2004, el fiscal se convirtió en traductor del entonces presidente Hugo Chávez y escribió incluso dos libros: "Gringo: a coming of age in Latin America" y "The Venezuelan Revolution: 100 questions - 100 answers".

La destitución del fiscal de San Francisco es un duro golpe al movimiento de fiscales progresistas de todo el país y puede ser considerado el punto más alto del rechazo de votantes que reclaman mano dura en medio de las crecientes tasas de criminalidad. 

Sucede en un escenario paradójico. Según The Wall Street Journal, el crimen en general ha disminuido en la ciudad desde que Boudin asumió el cargo en enero de 2020, pero los robos aumentaron un 45 % en los últimos dos años y los homicidios aumentaron un 37 % durante el mismo período. La tasa de homicidios de la ciudad en 2021 subió del 5,4 a 6,4 por cada 100.000 habitantes.

La preocupación por el crimen entre los estadounidenses está en su punto más alto desde 2016, según una reciente encuesta nacional de Gallup. Aunque entre los criminólogos prima la idea de que nada demuestra que las políticas de los fiscales sean las culpables del aumento de la delincuencia, las preocupaciones de los votantes incrementan el rechazo al movimiento de fiscales al que se acusa de "desfinanciar a la policía".

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Boudin ganó la elección para su cargo en 2019 con promesas de reducir los encarcelamientos y perfeccionar las prácticas de aplicación de la ley en San Francisco. Fue el primer fiscal de distrito en presentar cargos de homicidio contra un oficial de policía por disparar mientras estaba de servicio y se empeñó en enviar a los delincuentes no violentos por drogas a centros de tratamiento en lugar de a la cárcel.

Los fiscales progresistas hoy conducen condados en Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Filadelfia. En todos esos lugares, se registraron subas de los homicidios durante la pandemia. No es una característica que los distinga del resto del país: a nivel nacional, los asesinatos tuvieron un aumento récord de casi un 30 % en 2020, según la Oficina Federal de Investigaciones.

En Los Ángeles, los detractores de los fiscales progresistas están ahora cerca de reunir suficientes firmas para forzar un voto revocatorio para su fiscal de distrito, George Gascon. Elegido en 2020 y con un pasado como fiscal de distrito de San Francisco, su renuncia y posterior traslado al sur de California había allando el camino para que Boudin pudiera asumir en su reemplazo.

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