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Humillada por la derrota en Wyoming, Cheney no se retira y prepara su venganza contra Trump
Perdió por más de 35 puntos, pero prometió hacer "lo que sea" para que el ex presidente no vuelva al poder. El apoyo de los multimillonarios que la financian y las variantes que estudia para liderar la resistencia anti-Trump.

Nada más simbólico y placentero para Donald Trump que humillar a Liz Cheney en las elecciones primarias del Estado que le dio su banca. El amplio triunfo de la abogada Harriet Hageman en Wyoming contra la vicepresidenta del comité que investiga el ataque al Capitolio acaba de consumarse: era uno de los objetivos más preciados del Vendetta Tour y constituye para el ex presidente una victoria decisiva contra sus rivales internos. La diferencia fue abrumadora: 66,3% a 28,9 a favor de Hageman.

Trump lo toma como la derrota definitiva de quienes, desde su propio partido, se animaron a desafiarlo y lo señalaron como el líder de una insurrección contra la democracia. Sin embargo, Cheney -que sabía de su caída inapelable- pretende seguir haciendo política y consolidarse como líder de la resistencia anti-Trump. "El trabajo de verdad empieza ahora", dijo.

Aunque su aporte a la democracia deba esperar para ser valorado más adelante, cuando se apaga irremediablemente el fuego del trumpismo, Cheney anticipó que su batalla apunta hacia 2024 y su objetivo es impedir el regreso del ex presidente al poder. "Desde el 6 de enero vengo diciendo que haré lo que sea necesario para asegurar que Donald Trump nunca más esté cerca de la Oficina Oval, y lo digo en serio", advirtió el martes por la noche, cuando reconoció su fracaso ante Hageman.

En un discurso que de ninguna manera puede ser interpretado como una despedida de la política, Cheney recordó que en 2020 -cuando estaba alineada con Trump- había ganado la primaria con el 73% de los votos. Ademas, invocó el legado de Abraham Lincoln y lo definió como el "gran y original campeón de nuestro partido". La congresista que deberá abandonar su banca a fin de año afirmó que el líder republicano que perdió varias elecciones antes de ganar la presidencia finalmente prevaleció. "Salvó nuestra unión y definió nuestra obligación como estadounidenses para toda la historia", dijo.

Casi siete de cada diez votantes no quieren que Biden o Trump vuelvan a postularse para presidente

A los 56 años, Cheney tiene un alto perfil a nivel nacional y viene insinuando desde hace tiempo la posibilidad de lanzarse a una primaria presidencial en 2024. La derrota en su Estado la debilita, pero su alusión a Lincoln no es la única señal de que pretende dar pelea en los próximos años. 

Las especulaciones en torno a su futuro son muchas, pero todas coinciden en que tiene como gran objetivo ver a Trump morder otra vez el polvo de la derrota. Según le dijo a Político su portavoz Jeremy Adler, Cheney lanzará una nueva organización en las próximas semanas "para educar al pueblo estadounidense sobre la amenaza constante a nuestra República y para movilizar un esfuerzo unificado para oponerse a cualquier campaña presidencial de Donald Trump". El nombre de la organización podría ser "la gran tarea", un eslogan que la congresista ya uso en su campaña. 

Axios, por su parte, anticipa la posibilidad de que Cheney lance su propio SuperPAC con apoyo de multimillonarios anti-Trump. Se habla de la publicación de un libro e incluso de una participación como columnista televisiva, todas variantes para no abandonar el centro de la escena.  

En el corto plazo, hay quienes recuerdan el ejemplo del magnate texano Ross Perot,que en 1992 quebró el bipartidismo, se alzo con el 19% de los votos y le arrancó a George W. Bush una tajada de los votos que necesitaba para ganarle a Bill Clinton. 

Cheney, al reconocer la derrota. Dijo que el trabajo empieza ahora. 

La hija de Dick Cheney, el ex vicepresidente que durante ocho años secundó a Bush padre, es una de las enemigas predilectas de Trump, aunque no siempre fue así. Había tenido una relación cercana con él durante su periodo en la Casa Blanca lo apoyó en 2016 cuando ganó por primera vez su escaño en la Cámara y sostuvo su aval incluso después de que muchos republicanos buscaron distanciarse de él debido a los comentarios machistas que hacía. 

Durante su mandato, votó de acuerdo a las pretensiones de Trump en aproximadamente el 93 por ciento de las veces, según el sitio web de datos FiveThirtyEight. En 2020, por último y con todas las evidencias en su contra, volvió a votar por él.

Sin embargo, se convirtió en una de sus más duras detractoras cuando Joe Biden ganó las elecciones y su rival se negó a reconocer el resultado. Cheney provocó la ira de Trump cuando se convirtió en una de las 10 personas de filiación republicana que lo acusó desde la Cámara de Representantes y comenzó a acusarlo de mentiroso y peligroso. Pero mucho más cuando decidió pasar a integrar la conducción del comité de la Cámara de Representantes que investiga el ataque al Capitolio y lideró una ofensiva mediática contra Trump.

 A los 56 años, Cheney tiene un alto perfil y viene insinuando la posibilidad de lanzarse a una primaria presidencial. Cuenta con el apoyo de un grupo de multimillonarios que financian el movimiento anti-Trump y no descarta ninguna posibilidad con tal de impedir que el ex presidente regrese al poder.

Durante toda la campaña, Cheney castigó a Trump con una firmeza que pocos entre los republicanos pueden exhibir. Lo acusó de mentirle al pueblo estadounidense, ignorar el estado de derecho y fomentar la violencia. "Es una puerta que abrió Trump para manipular a los estadounidenses para que abandonen sus principios, sacrifiquen su libertad, justifiquen la violencia, ignoren las sentencias de nuestros tribunales y el estado de derecho. Este es el legado de Trump, pero no puede ser el futuro de nuestra nación".

Desde entonces, el ex presidente viene librando en todo el país lo que sus detractores denominan el Vendetta Tour, con el objetivo de humillar a sus oponentes. Con nadie, sin embargo, parece haberse empeñado tanto como con Cheney.

Primero que nada, Trump decidió apostar por Hageman después de una serie de reuniones con distintos aspirantes a desafiar a Cheney. Después, se esforzó por lograr la más amplia unidad de los republicanos contra la candidatura de la congresista que lo cuestionó y se involucró de manera personal con reuniones y llamados para evitar la dispersión del trumpismo. Más aún, decidió un alto el fuego en su pelea con el poderoso Club por el Crecimiento, con quienes se había enfrentado en lugares como Ohio y Pensilvania. No podía permitirse una derrota.

Los asesores de campaña de Trump reconocen que tiene un encono especial con la vicepresidenta del comité del 6 de enero y quería expulsarla del Congreso desde hacía tiempo. En el lenguaje del poder, la victoria de Hageman en Wyoming confirma la tesis de Trump y sugiere que la hija del ex vicepresidente no tiene la talla para desafiarlo en las actuales circunstancias.

Sin embargo, hay quienes quieren verla como un ejemplo de renuncia al poder formal que pretende elevarse como un ejemplo a seguir para otros que, desde el Partido Republicano, quieran aportar su testimonio para dejar atrás la era Trump. 

El consultor politico latino Cesar Martinez Gomariz, uno de los miembros del Lincoln Project que hizo campaña en 2020 en contra de la reelección de Trump, está entre los que piensan que Cheney saldrá ganando. "Cheney está a punto de salir del Congreso pero va a salir con la cara en alto. Está diciendo no voy a comprometer al país nada más que por seguir una farsa política como la de Trump. Y tendrá un futuro nacional cuando el Partido Republicano se pregunte por qué le dio las llaves del partido de Reagan a una figura externa", le dijo a LPO. 

Bien mirado y dada la enorme maquinaria de poder que todavía acompaña al magnate inmobiliario, la caída de Cheney en las primarias republicanas para el distrito congresional general de Wyoming no es la excepción sino que está más cerca de convertirse en regla.

Ocho de los diez republicanos que votaron a favor de la destitución de Trump perdieron la reelección o directamente no se presentaron, como si fueran conscientes de que desafiar al ex presidente era inmolarse en la resistencia que no daría réditos de corto plazo.

Trump se involucró de manera personal para lograr la derrota de Cheney. Decidió apostar por Hageman después de evaluar a los distintos aspirantes a desafiarla y se esforzó por lograr la más amplia unidad en su contra. Hasta decidió un alto el fuego con el poderoso Club por el Crecimiento, con quienes se había enfrentado en lugares como Ohio y Pensilvania.

El martes de las primarias, Cheney fue a votar en Jackson, Wyoming, acompañada por su padre. El veterano dirigente tiene hoy 81 años y no dudo en participar de los avisos de campaña contra Trump, en una muestra más del rechazo que el establishment partidario siente por un ex presidente al que todavía no digiere. Después de votar, la todavía congresista volvió a dejar un mensaje contundente con el que pretende mantenerse de pie para la disputa que viene. "Hoy es el comienzo de una batalla. Nos enfrentamos a un momento en el que nuestra democracia realmente está bajo ataque y amenaza", le dijo a CBS.

Los observadores atentos de la interna republicana afirman que Cheney está mirando más allá de las primarias: aspira a ser la mujer que lidere el movimiento anti-Trump y no descarta refrendar sus pretensiones en el corto plazo con un acto nacional.

"Al final del día, si defender la Constitución contra la amenaza que representa significa perder un escaño en la Cámara, entonces ese es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer", dijo Cheney a CNN en una entrevista a principios de este mes. "No tengo la intención de perder, pero algunas cosas son más importantes que cualquier cargo individual o campaña política".

En su cruzada contra Trump, la congresista perdió apoyos de sectores que la respaldaron en campañas anteriores en sus distritos. Pero también ganó, tal como lo indican las cifras record de la recaudacion para su campaña.

a congresista rompió su propio récord en el primer trimestre del año, recaudando cerca de $3 millones, y lo siguió con la friolera de $2.9 millones en el segundo trimestre. Entre quienes la impulsaron para un proyecto distrital había demócratas dispuestos a defenderla y entre quienes apuestan a su lanzamiento nacional hay magnates como el multimillonario cofundador de LinkedIn, Reid Hoffman, el expresidente George W. Bush, su exasesor Karl Rove, el productor de cine Jeffrey Katzenberg y el multimillonario administrador de fondos de cobertura Seth Klarman.

Según publicó The Washington Post, el cambio de roles sorprendió a Diana Welch, la asesora de Christy Walton, heredera multimillonaria de la fortuna de Walmart. "No puedo creer que esté pensando en esto. Este mundo es una locura", dijo. En los últimos días, Welch coorganizó un evento en apoyo a Cheney en las cercanías de Wilson donde los demócratas, incluidos los funcionarios electos locales, superaron en número a los republicanos.

Todavía es temprano para saber si asumirá una candidatura presidencial o si apoyará a quien pueda desbancar a su verdugo de las primarias. Pero las hipotesis son infinitas. En busca de constituirse en lider de la resistencia anti-Trump, Cheney podría asumir el rol de "kamikaze" política: dispuesta a perder y a ser incluso abucheada pero golpeando al ex presidente con un mensaje frontal al que pocos se animan. Tendría garantizada la cobertura de los medios opositores al ex presidente. 



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