Republicanos
New Hampshire amplifica el temor del establishment: los republicanos van a las elecciones con los peores candidatos
Partidario de la teoría del fraude, el general Don Bolduc se impuso en las últimas primarias republicanas del año. El trumpismo arrasó en las internas y crece la preocupación del ala moderada.

Don Bolduc tiene méritos propios como para convertirse en un personaje destacado. El general de ultraderecha que apoya a Donald Trump y niega la legitimidad del mandato presidencial de Joe Biden actuó en Afganistán y lleva ya varios años dentro de las filas republicanas. De hecho, compitió sin éxito en las primarias de New Hampshire hace dos años. Sin embargo, es parte de una tendencia que lo excede y genera preocupación en los rivales internos del ex presidente.

Bolduc acaba de ganar la pulseada interna en la carrera para el Senado y tendrá que competir con la actual senadora demócrata Maggie Hassan. Su caso gana trascendencia como un eslabón más de una cadena que puede dañar -y mucho- las aspiraciones del Partido Republicano en los comicios de medio término. Se trata de la victoria de los candidatos trumpistas, todos ellos negacionistas, en el gran test de las primarias que acaba de terminar. 

Lo que parece haber sido una ventaja indudable en la batalla dentro del Partido para los postulantes de extrema derecha -apoyar a Trump y repetir las consignas más duras- puede convertirse en un bumerán cuando deban competir por el voto del ciudadano común ante candidatos moderados. Así lo piensa la plana mayor del establishment republicano, que deja trascender su preocupación de cara a noviembre, más aún cuando Joe Biden ofrece signos claros de haber dejado atrás su peor momento.

"Trump es un cartucho quemado y si Reagan viviera, el Partido Republicano lo vería como un liberal de izquierda"

General retirado del Ejército y acostumbrado a las declaraciones que generan escándalo, Bolduc se impuso por poco margen sobre el favorito del establishment, el presidente del Senado estatal Chuck Morse. El ganador figura en la lista de los defensores fervorosos de Trump y promueve desde hace dos años sus denuncias de fraude. Sigue insistiendo en que Trump ganó las presidenciales de 2020.

"Firmé una carta con otros 120 generales y almirantes diciendo que Trump ganó las elecciones, y maldita sea, lo mantengo", dijo el general de brigada retirado del Ejército en un debate en agosto pasado. También ha pedido la derogación de la Enmienda 17, que permite a los votantes elegir directamente a sus senadores y se ha manifestado por la disolución del FBI después del allanamiento en Mar-a-Lago.

Lo que parece haber sido una ventaja indudable en la batalla dentro del Partido para los postulantes de extrema derecha -apoyar a Trump y repetir las consignas más duras- puede convertirse en un bumerán cuando deban competir ante candidatos moderados. Así lo piensa el establishment republicano. 

La lealtad de Bolduc a Trump lo llevó a enfrentarse con casi todos dentro de su partido. Primero que nada, con el gobernador republicano de New Hampshire, Chris Sununu, a quien no dudó en definir como un "simpatizante del comunismo chino".

Sununu era el candidato favorito en todas las encuestas pero sorprendió al mundo político cuando decidió ir en busca de su cuarto mandato como gobernador y no competir contra la demócrata Hassan. En cambio, respaldó a Morse, el republicano que acaba de ser derrotado por Bolduc.

Trump en su campo de de golf, en Nueva Jersey, esta semana.

En un intento de última hora por saldar la disputa interna en favor de los sectores moderados, el gobernador Sununu expresó su apoyo más decidido a Morse en los últimos días y catalogó a Bolduc como un "teórico de la conspiración". Sununu comparte una sensación que se extiende más allá de las fronteras de New Hampshire: está convencido de que a los republicanos les resultará mucho más difícil ganar las elecciones en el Estado con el ex general como candidato.

A comienzos del año, el escaño de New Hampshire era visto como una gran oportunidad para los republicanos, ya que los números de las encuestas de Hassan eran mediocres y Sununu era visto como un candidato probable. Pero todo cambió en los últimos dos meses, mientras Biden se recuperaba, la polarización ingresaba en una fase más agresiva y el trumpismo crecía dentro del partido republicano. Ahora, son cada vez más los republicanos que ven la contienda como una oportunidad que puede perderse.

"Trump wants to make it clear to his Republican rivals that if they betray him, they're going to pay a very high price."

El general Bolduc ganó la campaña con poco financiamiento y se enfrentó a un rival que tenía entre sus apoyos el del grupo antiaborto Susan B. Anthony List Candidate Fund y el de la Asociación Nacional del Rifle. El respaldo del establishment republicano a Morse se advirtió también en el apoyo del súper PAC alineado con el líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell: gastó más de $4 millones en anuncios en el tramo final de la contienda en un intento por evitar que Bolduc ganara. Sin embargo, ganó por poco gracias al apoyo de Trump.

Enemigo declarado del ex presidente, McConnell alertó en agosto pasado sobre cómo venían cayendo las posibilidades de su partido en la carrera hacia noviembre. Durante un acto en Kentucky, afirmó que "la calidad de los candidatos tiene mucho que ver con el resultado". Enseguida Trump le devolvió el golpe a McConnell y lo tildó de "político corrupto".

Las dudas que generaba el general de ultraderecha no solo asaltaban a los moderados. Hasta Corey Lewandowski, el exjefe de campaña de Trump, le recomendó al expresidente que no respaldara a Bolduc y afirmó que no era "un candidato serio".

Bolduc es el último de los triunfadores internos que corren desde atrás en la pelea con los demócratas. Su caso se une al de Herschel Walker en Georgia, JD Vance en Ohio, Mehmet Oz en Pensilvania y Blake Masters en Arizona.

Pero el ganador en New Hampshire es uno más entre los triunfadores internos que corren desde atrás en la pelea con los demócratas. Su caso se une al de Herschel Walker en Georgia, JD Vance en Ohio, Mehmet Oz en Pensilvania y Blake Masters en Arizona. Todos son republicanos que ganaron campañas primarias al alinearse con Trump, pero se perfilan como claros perdedores en la pulseada por seducir al gran electorado que define los comicios.

El control de Trump sobre el Partido Republicano quedó claramente demostrado por el destino de los 10 republicanos de la Cámara de Representantes que votaron para acusarlo por su papel en la incitación a los disturbios en el Capitolio del 6 de enero de 2021. Solo dos de los 10 tienen la posibilidad de regresar al Congreso en enero, y eso está lejos de ser seguro. La paliza a la representante Liz Cheney en Wyoming resultó el caso más resonante. A pesar del fuerte reconocimiento de su nombre, su alto perfil en los medios y los fondos que reclutó para su campaña, Harriet Hageman, una abogada respaldada por Trump, la derrotó por casi 40 puntos.

Humillada por la derrota en Wyoming, Cheney no se retira y prepara su venganza contra Trump

Así como nadie puede negar el éxito de Trump como kingmaker, nadie puede estar seguro de que esa serie de victorias haya sido buena para el objetivo republicano de ganar la mayoría en el Congreso. Muchos republicanos están desconcertados con un dato: Trump parece haber elegido a los peores candidatos, casi como si quisiera que el partido pierda las elecciones generales. Como ejemplo está el del mediático doctor Mehmet Oz, el candidato republicano al Senado por Pensilvania que corre desde muy atrás al vicegobernador demócrata John Fetterman en una contienda en la que está en juego la banca del senador republicano Pat Toomey.

Algo similar podría desarrollarse en Ohio, donde JD Vance se enfrenta a una competencia inesperadamente reñida por un escaño en el Senado con el representante demócrata Tim Ryan. Por último, están los dos ejemplos más contundentes: el de Herschel Walker, la ex estrella del fútbol que intenta derrocar al senador demócrata Raphael Warnock en Georgia, y el de Blake Masters, que pretende expulsar al senador demócrata Mark Kelly en Arizona.

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