Entrevista
"Biden llega a esta Cumbre sin ofrecer nada y lo que se ve es el desorden que tiene en su política exterior"
A horas de presentar en Los Ángeles un documento sobre la Cumbre, la investigadora del Colegio de México Guadalupe González habló en exclusiva con LPO. "La administración demócrata es una gran decepción" dice.

Guadalupe González ya cruzó la frontera y está en Los Ángeles. La investigadora y analista del Colegio de México dice que la novena Cumbre de las Américas es una de las peores organizadas de la historia que comenzó en 1994, cuando Bill Clinton recibió a los presidentes de 34 países en Estados Unidos.  

Licenciada en Relaciones Internacionales y magíster en Sociología por la London School of Economics and Political Science, González fue una pieza clave del trabajo conjunto que llevaron adelante en los últimos años los académicos de su institución junto con la Universidad Torcuato Di Tella de Argentina y la Universidad de los Andes de Colombia. El resultado de ese proceso se volcó en un documento titulado "Las Américas en tiempos adversos: en busca de una agenda renovada" y la encargada de leerlo en Los Ángeles será ella misma.

González sostiene que "la administración Biden es una gran decepción para América Latina" y lo explica por los problemas internos que lo tienen "entrampado" y condicionan su relación con la región. La investigadora sostiene que el gobierno democrata está dividido y que eso se advierte en la organización de una cumbre a la que el presidente norteamericano llega sin una agenda clara. 

¿Cómo y por qué decidieron escribir este documento?

Nuestras universidades han llegado a la conclusión de que es importante conectar el conocimiento con la toma de decisiones y con el activismo social. Es una intención de salir de la torre de marfil. La decisión de enfocarnos en la Cumbre se debe a que la llegada de Biden a la presidencia abrió muchas expectativas respecto de un posible nuevo diálogo entre América Latina y los Estados Unidos. Nosotros nos preparamos para hacer consultas con organizaciones sociales y expertos sobre el tipo de agenda que, desde la sociedad civil y desde las universidades, podría hacerse llegar a los tomadores de decisiones.

Después de un año y medio de gobierno, ¿qué pasó con esas expectativas que había generado Biden? ¿Se cumplieron o fueron defraudadas?

La administración Biden, hasta el día de hoy en la relación con América Latina, es una gran decepción. Ninguna de las promesas o cambios que anunció durante su campaña ha tenido un buen aterrizaje. O bien porque no las ha tomado o bien porque han sido bloqueadas por la oposición republicana.

¿A qué promesas se refiere?

Todavía hoy Estados Unidos no ha logrado la ratificación de su embajador ante la OEA, está todavía pendiente en el Senado de los Estados Unidos. No tiene embajadores en un tercio de los países de América Latina y el Caribe, incluido Brasil, el más grande de la región. Y hace cuatro años que no tiene tampoco embajador en Chile. Un enfoque distinto sobre la cuestión migratoria se ha visto bloqueado o por los gobernadores fronterizos o en el Congreso. Continúa todavía la deportación inmediata bajo el Título 42 de la era Trump y las personas que cruzan la frontera no tienen el más mínimo resguardo. La promesa que hizo Biden de invertir 4000 millones de dólares para el desarrollo en Centroamérica sigue estancada en el Congreso y es muy llamativo el contraste: de esta promesa, que lleva más de un año y que había sido concertada con Andrés Manuel López Obrador, no ha llegado un solo centavo a la región mientras que la ayuda militar a Ucrania fue de 40.000 millones, 10 veces más, se logró en una semana.

La promesa de Biden de invertir 4000 millones de dólares para el desarrollo en Centroamérica lleva más de un año estancada y no ha llegado un solo centavo a la región. Pero la ayuda militar a Ucrania de 40.000 millones, 10 veces más, se logró en una semana.

El Título 42 vencía el 23 de mayo pasado pero sigue vigente por el fallo de un juez de Luisiana. ¿Biden quiere y no puede o no tiene una voluntad política para iniciar una nueva etapa en materia migratoria?

Yo creo que en principio sí quiere, pero le pesan los costos de política interna dada la coyuntura de las próximas elecciones de noviembre. En segundo lugar, para dar una vuelta de página él precisaría muchísimo voluntad política y mucho capital político que tampoco está dispuesto a invertir. Además, para revertir ese tipo de fallos judiciales, él debería actuar con muchísima velocidad. ¿Y qué es lo que ocurre, incluso en materia migratoria? No hay una sola voz dentro de la administración Biden. Kamala Harris era la encargada de este tema en el inicio pero finalmente quedó relegada. El Departamento de Estado (a cargo de Antony Blinken) está mucho más comprometido con la idea de avanzar en el tema migratorio pero Seguridad Interna, Alejandro Mayorkas, lo ve difícil. Entonces, Biden está entrampado por la política interna. Aunque hubiera querido, yo no veo que existan condiciones este año para que pueda ir más lejos. Después de las elecciones y solo si hay una presión importante de los sectores pro-migración, entonces podría avanzar un poco más.

 La administración Biden es una gran decepción en relación con América Latina. Ninguna de las promesas que anunció ha tenido un buen aterrizaje. O bien porque no las cumplió o bien porque han sido bloqueadas por la oposición republicana. 

El documento dice que el talón de Aquiles en las Américas es la desigualdad social y marca que en el continente hay 207 millones de personas bajo la línea de pobreza. ¿Eso está en la agenda de la Cumbre o está siendo ignorado?

Ese es uno de los temas más importantes de política interna en Estados Unidos porque hay una enorme conciencia de muchos sectores acerca del crecimiento de la desigualdad en el país. Es un tema que toca a la sociedad estadounidense y es un tema de agenda interna en Estados Unidos. Pero la gran paradoja es que, cuando Estados Unidos, se vuelve para ver hacia América Latina hace caso omiso de esto y en la agenda oficial de la administración Biden no es un tema central. La agenda es muy difusa, no está clara. La agenda de políticas sociales contra la desigualdad debería ser prioridad pero no lo es porque Estados Unidos tiende a disociar su agenda interna de la agenda externa. ¿Cómo se va a ver en el espejo de la desigualdad? Nuestra propuesta es precisamente mostrar el espejo y plantear que podemos trabajar en estos temas juntos.

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Se discutió mucho qué países iban a participar y qué países no. Pero ustedes dicen que "Estados Unidos tiene la casa en desorden". Entonces, ¿cuál es el objetivo de Biden con esta cumbre?

Hay que recordar que la sede para esta cumbre no la pidió Biden sino el vicepresidente de Trump, Mike Pence, cuando fue a Lima en 2018. Biden tomó la cumbre como suya. Estaba prevista en el origen para marzo de 2020 pero decidió postergarla porque tenía cuestionada por Trump la legitimidad de su elección. En el trayecto, hubo una serie de crisis internacionales, primero Afganistán, después Ucrania. Esta ha sido una de las cumbres peor organizadas, no se ponían de acuerdo con. Era una agenda que al principio parecía muy promisoria, porque el "Build Back Better" con inversiones en infraestructura resultaba muy atractivo para América Latina. Eso también quedó perdido y después vino la idea de "la cumbre de las democracias" con un planteo que, desde mi punto de vista, es equivocado porque habría que convocar a "cumbres para la democracia", de forma tal que se invite incluso a quienes no necesariamente están en las mejores condiciones democráticas para hablar sobre los problemas de participación.

¿Qué es lo se puede concluir a partir de esas idas y vueltas?

Lo que quedó fue una agenda en donde no hay un tema claro. Estuvo mal preparada, no la preparó el Departamento de Estado, otra vez un desorden, la preparó Juan González del Consejo de Seguridad y había distintos voceros. Entonces, ¿qué fue esto? Buenos deseos de relanzar una relación sin que se hubiera puesto el capital político que se requiere ni los recursos que se requieren. Biden llega a esta cumbre sin ofrecer nada, no hay ninguna iniciativa concreta sobre la mesa y mal organizado. Lo que vemos es una cumbre que deja ver el estado lamentable de la relación y el desorden que Biden tiene en su política exterior.

Ustedes marcan el contraste con los años noventa, dicen que hoy existe una acelerada redistribución de poder y aluden a dos síndromes, el de la "superpotencia frustrada" y el de la "unidad fallida" en América Latina.

Desde su fundación, Estados Unidos ve a las Américas como su zona de influencia y parte de la idea de que en toda América existen valores compartidos. Se acerca como el hermano mayor que quiere imponer una agenda y se siente incomprendido porque en América Latina por lo general la respuesta es defensiva. Es precisamente porque no se consulta, es decir, no se ve a los países de América Latina como iguales sino como una zona de influencia sin tener en cuenta las asimetrías de desarrollo. Por eso, hay una frustración en Estados Unidos que no entiende la defensiva de América Latina. A la inversa, en la región se busca la integración latinoamericana pero muchas veces fundadas en convergencias ideológicas de coaliciones particulares en el poder, con presidentes que se entienden. Pero eso dura lo que duran los presidentes. Son entidades de coordinación politizadas y por eso la unidad termina siendo fallida. Se puede advertir en la Unasur o también ahora en la OEA, que ha perdido entidad para tomar muchas decisiones.


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