Flybondi, la empresa que compró Leonardo Scatturice, ya suma más de 200 vuelos cancelados y más de 350 demorados en lo que va de 2026 y crecen las críticas al gobierno de Javier Milei porque no hace nada.
La compañía low cost arrastra una crisis operacional desde diciembre pasado y ya le había complicado la vida a miles de pasajeros durante las fiestas, como contó LPO. Pero lejos de mejorar la cuestión empeoró en los últimos días y en el sector sospechan que a los aviones parados se sumó la sobreventa de pasajes.
Según los datos del sitio Failbondi, que registra el desempeño de las aerolíneas que operan en el país, desde el 1 de enero Flybondi canceló 206 vuelos y otros 346 tuvieron demoras de más de media hora.
A Scioli lo chicaneó hasta su hermano por la crisis de Fly Bondi en plena temporada
La situación ya venía complicada en diciembre, cuando hubo decenas de vuelos cancelados. En 2025, según informe de la consultora Amadeus, Flybondi fue la segunda aerolínea más impuntual del país después de Boliviana de Aviación. En la empresa igualmente festejaron que ese ranking arrojó una mejora respecto a los números de 2024.
Fuentes de los gremios tradicionales (en Flybondi hay un sindicato propio cercano a la compañía) indicaron a LPO que en los últimos días hubo muchos problemas con pasajeros en el interior del país y en algunos tuvo que intervenir la seguridad. En Aeroparque y Ezeiza los inconvenientes no se notaron tanto porque la empresa aceitó el mecanismo de aviso previo a los pasajeros de las demoras y reprogramaciones, explicaron.
Las fuentes indicaron que Flybondi tuvo que parar algunos aviones por cuestiones técnicas y nunca cumplió con las promesas de traer al país nuevas aeronaves. Sospechan además que hubo sobreventas de pasajes y recalcan que hubo problemas similares en diciembre de 2024.
Lo que llama la atención de esta crisis es la pasividad del gobierno nacional, que podría intervenir a través de la Secretaría de Transporte o la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) como autoridades regulatorias pero decidió dejar a miles de pasajeros librados al azar.
Flybondi fue comprada el año pasado por COC Global Enterprise, un fondo estadounidense propiedad de Leonardo Scatturice, empresario cercano al gobierno de Javier Milei que también se quedó con OCA y cerró varios negocios con el Estado. Scatturice es valorado en el gobierno por su poder de lobby ante la derecha estadounidense. El calvo empresario es el gestor del CPAC que tuvo a Milei como invitado estrella en distintas ocasiones.
En los primeros días de diciembre, antes de que se desate el infierno para miles de pasajeros, paradójicamente la nueva gestión de Flybondi anunció que invertiría 1.700 millones de dólares para traer 35 aviones. Se trata de una fórmula repetida por la empresa: grandes anuncios de aeronaves que nunca terminan de llegar.
Scatturice, asesor de confianza de Santiago Caputo, se quedó con Flybondi
Un año atrás, la Secretaría de Transporte por entonces a cargo de Franco Mogetta, hoy en manos del mendocino Luis Pierrini, había intimado a Flybondi para que presente un plan para mejorar el servicio y que debía incluir una mejora significativa de las cancelaciones, entre otros puntos.
En el sector aerocomercial dicen que Flybondi presentó un plan flojo de papeles con medidas que ya venía anunciando, como la incorporación de nuevos aviones, y que nunca lo cumplió. Las consecuencias quedaron a la vista.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.
ESTE ES UN CAPITALISMO DE RAPIÑA, CON "LIBERALES", PERONISTAS DE TODO PELAJE, RADICALES, MILITARES Y TODO OTRO INDIVIDUO QUE PORTE UN PASAPORTE ARGENTINO!!!! SOLO SON NEGOCIOS LO QUE ANIMA A LOS FUNCIONARIOS (ME CONSTA PORQUE ESTUVE CON TODOS!!!)
EL PROBLEMA SOMOS NOSOTROS, MUCHACHOS, NOSOTROS!!!
Nada de lo que esté vinculado al gobierno argentino puede ser tenido como serio.
Los liberotarios consideran que están haciendo bien las cosas...y no.
Aerolíneas funcionaba y funciona.
Estos pelotudos creen que están haciendo la revolución de no sé qué... Y los únicos que lo padecen son los argentinos en su totalidad.
La próxima vez cortate la mano antes de votar.
Flybondi canceló cientos de vuelos y dejó a miles de pasajeros varados. Pese a eso, el Estado no le quitó rutas ni habilitaciones. La explicación no parece técnica sino política.
Hoy Flybondi está controlada por un fondo cuyo referente es Leonardo Scatturice, empresario con pasado en inteligencia y vínculos reconocidos con Santiago Caputo, uno de los asesores más influyentes del presidente Milei. Caputo no es dueño de la empresa ni hay pruebas de financiamiento de campaña, pero la relación indirecta existe y es conocida.
Ese dato no prueba corrupción, pero sí ayuda a entender la tolerancia estatal frente a incumplimientos que, en otras compañías, suelen derivar en sanciones más duras. El problema no es solo Flybondi: es el contraste entre un gobierno que se define liberal y un mercado aéreo donde la competencia no se abre y los costos de la ineficiencia recaen sobre los usuarios.
No hace falta hablar de “entongue” para señalar lo evidente: cuando una empresa cercana al poder falla, el Estado mira para otro lado. Y cuando eso pasa, el discurso liberal se vuelve retórico y la libertad de mercado, selectiva.
El problema no es Flybondi, sino el liberalismo selectivo. Para el usuario, desregulación y desprotección. Para los empresarios amigos, paciencia infinita. No se abre el mercado, no se quitan rutas, no se aplica todo el peso del control.
Cuando el Estado es duro con los débiles y blando con los cercanos, no hay libre mercado: hay privilegio. Y eso, por definición, no es liberalismo.
Flybondi canceló cientos de vuelos y dejó a miles de pasajeros varados. Pese a eso, el Estado no le quitó rutas ni habilitaciones. La explicación no parece técnica sino política.
Hoy Flybondi está controlada por un fondo cuyo referente es Leonardo Scatturice, empresario con pasado en inteligencia y vínculos reconocidos con Santiago Caputo, uno de los asesores más influyentes del presidente Milei. Caputo no es dueño de la empresa ni hay pruebas de financiamiento de campaña, pero la relación indirecta existe y es conocida.
Ese dato no prueba corrupción, pero sí ayuda a entender la tolerancia estatal frente a incumplimientos que, en otras compañías, suelen derivar en sanciones más duras. El problema no es solo Flybondi: es el contraste entre un gobierno que se define liberal y un mercado aéreo donde la competencia no se abre y los costos de la ineficiencia recaen sobre los usuarios.
No hace falta hablar de “entongue” para señalar lo evidente: cuando una empresa cercana al poder falla, el Estado mira para otro lado. Y cuando eso pasa, el discurso liberal se vuelve retórico y la libertad de mercado, selectiva.
El problema no es Flybondi, sino el liberalismo selectivo. Para el usuario, desregulación y desprotección. Para los empresarios amigos, paciencia infinita. No se abre el mercado, no se quitan rutas, no se aplica todo el peso del control.
Cuando el Estado es duro con los débiles y blando con los cercanos, no hay libre mercado: hay privilegio. Y eso, por definición, no es liberalismo.
La clase media ahí se va a quejar.
Argentos... jódanse.