Editorial
Crónicas de un vicepresidencialismo feroz, ajustes y otras yerbas
Por Sebastian Vinagre
Los argentinos nos encontramos merced a los caprichos de una vicepresidenta que está empeñada en generar debilidad institucional.

Pocas veces en la historia de nuestro país hemos asistido a espectáculos tan grotescos, peligrosos y llamativos como este. Casi como en el reino del revés, los argentinos nos encontramos merced a los caprichos de una vicepresidenta que a todas luces está empeñada en generar debilidad institucional y sembrar un manto de dudas sobre lo que es la raíz de nuestro sistema republicano, fundamentalmente sobre la división de poderes y su esencial independencia.

Esto no sería noticia si en realidad no se tratara de una cuestión pura y simple, un descabellado intento por tratar de mantener impoluto los antecedentes a costa de las instituciones democráticas de nuestro país; en definitiva, tratar de eludirse de cualquier investigación judicial en la que pudiera estar involucrada argumentando la falacia de la persecución judicial.

Es que en un país como Argentina, con una democracia atravesada desde 1930 casi por una constante interrupción, y aproximadamente a un siglo de una época con vaivenes políticos, armar una fábula de persecución es una idea creativa para un culebrón que distorsione la realidad y mantenga en vilo a un país al borde del naufragio.

Que nos pasa a los argentinos?. Que nos pasa que nos hemos dejado dividir casi como en un destino fatal, inevitable e irreconciliable como si fuéramos un país sin oportunidades para todos. Donde hemos dejado la idea de destino común? No se trata de ellos y/o nosotros; se trata del esfuerzo de los ciudadanos deseosos de mejorar nuestra calidad de vida y ello requiere de calidad institucional, esa que tratan de convencernos de que no existe.

Quizá sea imperioso desempolvar ese necesario pensamiento crítico y esa capacidad de poner las cosas en evidencia. En un tiempo de ajustes, inflación, inseguridad, pobreza y causa vialidad debemos asumir nuestra responsabilidad como hombres y mujeres de bien, es tiempo de llamar a las cosas por su nombre y reconocer el vice presidencialismo feroz que nos atraviesa en un momento difícil del país.

Cualquier persona que se tome un tiempo de leer esta nota se estará preguntando qué es lo que deberíamos hacer frente a esta situación? Probablemente deberíamos comenzar por reencausar el eje de los problemas que nos atraviesan.

También debiéramos dejar de desviar la atención de los principales problemas de la gente vinculados al ajuste, la inflación fuera de control, la falta de trabajo, el hambre y la incertidumbre.

Mientras el fiscal Luciani presentaba alegatos, el ministro de economía del gobierno de turno ajustaba sectores como la educación, la salud y la vivienda. Mientras se arengaba a defender a una vice presidenta de la causa vialidad también se realizaban ajustes en materia de discapacidad con lo que se reafirma la idea de que el relato nacional y popular era solamente eso: Un simple relato, vacío, sin plan ni perspectiva.

Automáticamente la agenda pública se impregno de una posición sesgada como si el principal problema del país fueran las vallas de recoleta o si unos cuantos militantes del ajuste pudieran derribarlas; incluso se llegó a sostener la idea de que las vallas atentaban contra el sistema democrático de nuestro país cuando lo que en realidad atenta contra ello es la constante fijación vicepresidencial de convencer a la gente de la necesaria dependencia ya sea de hecho o de derecho del poder judicial respecto del poder ejecutivo. Y es que la acusación de Lawfare no es más que una simple estrategia mediatice para instalar una agenda de temas que nada tiene que ver con la gente.

Nuestro país necesita una reconciliación entre la dirigencia y el pueblo; una profundización de la idea de destino común, una reafirmación de la consolidación del sistema republicano. La gente necesita dejar de ser rehén de los caprichos insensatos, irresponsables y tendenciosos de un relato que omite la dura realidad social. La gente se merece dejar de estar presa de un sistema injusto sustentado sobre su bienestar social. La gente merece la verdad; tiene que saber que es víctima de un tremendo ajuste maquillado de Lawfare o persecución judicial.

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