Editorial
Tres Tristes Tercios
Por Santiago Gerber
Bronca, miedo y rechazo priman en una sociedad cuya vida se ha desordenado por completo desde hace ya mucho tiempo.

Las PASO de agosto delimitaron casi con exactitud un escenario de tercios, que algunos analistas también llamaron "de cuartos", incluyendo a la cada vez mayor cantidad de argentinos que no va a votar.

A partir de allí, se instaló una premisa: La Libertad Avanza parece tener el primer puesto asegurado y tiene al alcance la posibilidad de un triunfo en primera vuelta. Luego vinieron las primeras encuestas, que en todos los casos señalan a la fuerza de Milei con un crecimiento respecto a su performance de agosto.

¿Qué efectos ha tenido esta cuasi certeza? A nivel redireccionamiento del voto es imposible de saber, pero en cuanto a la opinión pública puede advertirse que en un sector de la población sobrevino la angustia. El temor a lo desconocido que personifica Milei, a eso que es difícil de representarse, parece abarcar no sólo a la casta política.

El carácter antisistema del libertario supo representar a la perfección el dolor y los reclamos de quienes no son contenidos por ese sistema. El 42% de pobreza difundido hace poco por el Indec denota que ese universo es cada vez más grande y que la grieta más profunda está entre las personas que son pobres y las que no.

Luego emergen los dos candidatos del sistema, que paradójicamente no tienen ningún punto de contacto entre sí: Sergio Massa, que promete más y mejor -sistema- y Patricia Bullrich, que asegura continuidad a pesar de liderar una fuerza que se llama "Cambio".

Ambos intentan polarizar con el candidato libertario, uno con una retórica productivista, la otra con la idea de hacer algo parecido a Milei pero racionalmente. Con esas estrategias discursivas, es previsible que sea Massa quien haya logrado confrontar más con el líder de La Libertad Avanza.

El ministro de Economía hace malabares durante la campaña, entre ellos haber salido airoso del debate presidencial. Sin embargo, el golpe del escándalo de Insaurralde en Marbella amenaza con tener una potencia de daño superior a cualquier anuncio o performance pública de Massa.

Bullrich, por su parte, hace agua cada vez que habla de temas económicos. Flaquear en el discurso económico y querer transmitir certidumbre y expectativas a la población en un momento así, se le hace casi imposible. Tendrá la última bala de plata para jugar en el próximo y último debate.

¿Algún candidato ha logrado entusiasmar al electorado? Todo parece indicar que no, y que sus principales objetivos son lograr expresar un voto bronca (Milei), el miedo a la derecha (Massa) y el rechazo al kirchnerismo (Bullrich). Estas motivaciones a la hora de votar están orientadas a un otro, lo que hace que sea peligroso para el futuro.

Bronca, miedo y rechazo priman en una sociedad cuya vida se ha desordenado por completo desde hace ya mucho tiempo. La fantasía del discurso dialoguista de la dirigencia política de principios de 2020 -ante la irrupción de la Pandemia- desapareció y quedó un caldo de cultivo inimaginable para que ganen espacio los discursos extremos. "Mi propuesta es que no gane el otro", podríamos decir recurriendo al paroxismo.

Así caminan sus últimas semanas de campaña esos Tres Tristes Tercios validados por la sociedad argentina. El futuro es una incógnita.

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