Negociar con el sistema sin parecer parte del sistema, el gran desafío de los outsiders para el 2027. |
La llegada de Javier Milei a la Casa Rosada ofrece hoy un ejercicio empírico de relevancia frente a las elecciones presidenciales de octubre del año próximo. Tras haber superado la mitad de la gestión al frente del Poder Ejecutivo, con un claro triunfo en las elecciones legislativas del año anterior en medio de un fuerte ajuste económico con inflación a la baja, el gobierno de Milei demostró que es posible alcanzar la presidencia de la Nación sin una estructura política anclada en el histórico sistema de partidos que se alternó en el ejercicio del poder desde el retorno a la democracia en 1983.
Pero esta fotografía reciente es sólo una secuencia mínima en el desarrollo de una larga película con final abierto. El discurso rupturista intermitente, amplificado diariamente a través de las redes sociales, se suma a la falta de una estructura territorial propia en la mayoría de las provincias. Esto obliga al presidente Milei a renovar periódicamente la estrategia de alianzas parlamentarias. La vulnerabilidad política que enfrenta su gobierno se profundizó, además, tras la larga agonía provocada por la mala praxis ejecutada en el caso Adorni.
Milei llegó a la presidencia exhibiendo una discreta actividad legislativa llevada adelante como diputado nacional en 2021. Su legitimidad personal como outsider se perfiló a partir de su desempeño como asesor financiero en importantes corporaciones. En este sentido, su expertise profesional fue divulgado a través de un aceitado marketing narrativo en los medios de comunicación tradicionales -que hoy le dan la espalda- y centrado en una furibunda crítica a lo que él conceptualizó como la "casta política".
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A ello sumó una promesa de alineamiento incondicional con los Estados Unidos e Israel en materia de política exterior, y una posición pragmática frente al intercambio comercial con China. Además, en las últimas semanas, el presidente inició una disputa política a cielo abierto con el gobierno de Brasil, el principal socio comercial de la Argentina. En simultáneo, se dedica a la búsqueda de enemigos útiles en los sectores del progresismo para subirlos al ring de una difusa "batalla cultural" de resultado incierto.
El académico estadounidense Murray Edelman señala que los líderes políticos deben seguir a sus seguidores, que lo típico es que la clave del éxito para lograr y conservar un alto puesto público sea la conformidad con una ideología ampliamente compartida, y que la originalidad es riesgosa. Y remata afirmando que "la historia y la teoría sugieren que los seguidores crean a los líderes, y no lo inverso".
La política funciona con lógicas propias y marcos simbólicos, a través de negociaciones para lograr consensos que muchas veces se convierten en el puntapié inicial del armado de una coalición electoral. Los dirigentes saben que deben navegar diariamente en un mar de expectativas y deseos de una ciudadanía cuya paciencia se achica año tras año.
En este orden de ideas, el éxito empresarial aporta visibilidad, prestigio y facilita la obtención de recursos esenciales para una campaña presidencial. Aun así, no garantiza el logro de legitimidad política en poco tiempo, ya que para acelerar la creación de seguidores se necesita una narrativa dirigida a persuadir a los votantes sobre los beneficios que su agenda de gobierno aportaría al desarrollo económico y social de los sectores excluidos.
Esto explica por qué, en un contexto de ajuste económico y transformación de la matriz productiva y laboral del país, un empresario exitoso puede ser visto como parte de la élite corporativa que se benefició del sistema al que ahora debe enfrentar desde el poder. No le resultará fácil articular un relato que conecte su trayectoria empresarial con la solución de problemas políticos concretos, como la baja de la inflación con creación de empleo y el combate contra la inseguridad.
Más allá de un anclaje ideológico definido a priori desde su actividad empresarial, un outsider debería entender que el discurso del pragmatismo no alcanza para cautivar el voto de una gran cantidad de indecisos que llegarán en esa condición hasta pocos días antes de los comicios de octubre del año próximo.
La irrupción de un líder por fuera de las estructuras políticas tradicionales no se produce de la noche a la mañana. Más aún cuando en la actualidad las campañas políticas se libran a través de las redes sociales, donde es difícil determinar con certeza el momento en que un candidato es percibido como el portador legítimo de las soluciones menos dolorosas para la mayoría de los habitantes del país.
La lista de outsiders como posibles candidatos presidenciales seguirá aumentando hasta fin de año, mientras varios de ellos deshojan la margarita para decidir si saltarán del sector privado a la política.
Algo queda claro: la dirigencia política y empresarial de la Argentina deberá clarificar si la pobreza del 30 por ciento de la población se puede reducir debatiendo durante meses sobre las formas y los modos personales de Javier Milei. O si, en cambio, es una utopía política la búsqueda de un consenso de gobierno a partir de la aprobación legislativa de media docena de leyes fundamentales, comenzando por un pacto con todos los gobernadores para sancionar la ley de Coparticipación Federal y la reforma tributaria que aliente la creación de empleo formal, condición imprescindible para el crecimiento con equidad social.
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- 215/08/2610:59El efecto demostración del Javo condiciona el arribo de nuevos outsiders y les embarra la cancha para seguir chamuyando a la gilada como lo vienen haciendo también los políticos tradicionales, ahora veremos la aparición de outsiders como hongos y altas garrochas en los políticos tradicionales creando un escenario muy divertido de cara al 2027, la creatividad en los chamuyos será sublime...la primera de la zurda y los peronchos es llamar a este engendro derecha liberal...XD jajajaja....
- 114/08/2608:46Ya se termino la "gimmick" del outsider, se agoto en el desastroso presente.