Lo que debÃa ser una nueva edición del superclásico entre Olimpia y Cerro Porteño terminó en una verdadera batalla campal que obligó a la suspensión del encuentro a los 29 minutos del primer tiempo, cuando los incidentes entre la hinchada azulgrana y la PolicÃa Nacional desbordaron toda previsión en el estadio Defensores del Chaco.
El Gobierno salió a defender su operativo y hoy los clubes se disputan los puntos en el escritorio. En medio de un operativo que contaba con más de 3.500 agentes, un grupo de la barra de Cerro Porteño logró vulnerar los controles e ingresar "cebollones" que terminaron siendo el detonante de una escalada de violencia incontrolable.
La PolicÃa respondió con balines de goma y gas lacrimógeno, desatando escenas de pánico que obligaron a cientos de hinchas, incluyendo mujeres y niños, a invadir el campo de juego para ponerse a salvo del humo.
El saldo oficial fue de al menos 11 uniformados heridos y más de 70 detenidos, aunque distintas fuentes elevaron la cifra de policÃas lesionados hasta 14, con algunos de ellos internados en el Hospital Central de la PolicÃa. Las reacciones no se hicieron esperar y las posiciones, como era de prever, quedaron radicalmente enfrentadas.
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Voces oficiales del Ministerio del Interior defendieron a capa y espada la actuación policial, argumentando que los agentes solo cumplieron con su deber de "reestablecer el orden y garantizar la seguridad" ante una provocación de la hinchada visitante.
No obstante, desde distintos sectores de la opinión pública, incluyendo familias que fueron al estadio, surgieron duras crÃticas que calificaron la respuesta de "desmedida", señalando la peligrosa utilización de munición de goma y gas lacrimógeno en un espacio cerrado y repleto de familias, lo que a todas luces agravó aún más una situación que ya era de por sà crÃtica. Pero los conflictos no quedaron dentro del estadio.
Una vez consumada la suspensión, la violencia se trasladó a distintos puntos del área metropolitana, con reportes de enfrentamientos entre facciones de barras y la policÃa en las inmediaciones del Defensores y en Fernando de la Mora zona Norte, donde fue detenido un barra del Olimpia que disparó en la mano a un Lince.
En el hospital del Trauma afirman que tienen pacientes con herida de bala y que dos de ellos sufrieron esas heridas dentro del estadio, cosa que la PolicÃa niega. En ese sentido, se especuló con que la violencia podrÃa estar motivada por infiltrados del crimen organizado que podrÃan estar copando a los ultras de los principales equipo de Paraguay.
Sin embargo, en el Gobierno lo descartan por lo bajo y prefieren ni hacer mención del tema para que no se instale si quiera como una posibilidad.
Ante la magnitud del desastre, tanto la cúpula policial como el ministro del Interior, Enrique Riera, salieron a defender el operativo, una postura que genera más de una pregunta.
La conferencia de prensa de este lunes, lejos de dar respuestas contundentes, se limitó a anunciar "medidas de aplicación inmediata" como el control biométrico y la venta de entradas nominalivas, promesas que, en rigor, ya habÃan sido anunciadas en el pasado y que nunca terminaron de implementarse de manera efectiva. Ahora, la pelota pasa al terreno de los escritorios, donde se libra una batalla paralela que puede definir el futuro del torneo Apertura.
Desde la vereda de Cerro Porteño sostienen que el máximo responsable de los incidentes es Olimpia, en su calidad de club organizador del evento, argumentando que fallaron en la logÃstica y en la seguridad para albergar a la parcialidad visitante.
Por su parte, el presidente franjeado, Rodrigo "Coto" Nogués, salió al cruce de inmediato y adelantó que pelearán hasta las últimas consecuencias por quedarse con los tres puntos.
"Olimpia hará valer todos sus derechos, nos vamos a resguardar en todo lo que sea necesario para salvaguardar la integridad del club", lanzó Nogués, quien además recordó un antecedente judicial en el que Cerro ya habÃa perdido puntos por disturbios de su propia hinchada.
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