El presidente Santiago Peña y las Fuerzas Armadas vienen analizando la posibilidad de elevar la capacidad de los pilotos paraguayos a través de los F-5 Tiger II que la Fuerza Aérea de Taiwán ya no usa.
Se trata de aviones supersónicos que podrían sumarse a los seis A-29 Super Tucano que Peña compró a la brasileña Embraer por unos USD 101 millones. La inversión busca reforzar el margen de acción de la Fuerza Aérea Paraguaya (FAP) para enfrentar el narcotráfico y el crimen organizado en la región.
Los 35 F-5 Tiger II aparecen, según confirmaron fuentes militares a LPO, como una de las alternativas más potables por una cuestión más operativa que técnica: los pilotos de la FAP ya están familiarizados con el modelo por haber participado en ejercicios como Salitre, organizado por Chile, y CRUZEX, una iniciativa de Brasil.
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A esto se suma un dato clave: la FAP tuvo un acercamiento con Northrop Grumman, el fabricante del F-5, a raíz del contrato para la provisión del sistema de radares AN/TPS-78, cuya entrega aún está pendiente.
"Los F-5 Tiger son antiguos, pero ayudan a escalar las capacidades de los pilotos. Es una experiencia diferente para ellos, que necesitan entrenarse en el manejo de estas aeronaves", explicó a este medio un alto referente del gabinete militar de Peña.
Taiwán retiró sus F-5 el año pasado, con una flota estimada en 35 aeronaves en condición de vuelo al momento de la baja. La isla acaba de completar la renovación de su flota de cazas en plena tensión con China, algo que podría beneficiar a Paraguay. Sin embargo, en el Gobierno no desconocen que los costos de mantenimiento podrían multiplicarse.
Es que poner a volar un Tiger cuesta USD 5 mil por hora, sin contar los gastos operativos, la antigüedad del avión y las eventuales reparaciones.
"Por ahora, nada. Pero como países aliados no podemos descartarlo. La última donación fueron los helicópteros UH-1, pero después nada más. Por ahora no existen novedades", dijo a LPO Óscar González, ministro de Defensa.
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Desde el gabinete de Defensa insisten en la adquisición de armamento y equipamiento militar no solo para elevar la capacidad básica de entrenamiento, sino también para volver a contar con una línea de reacción operativa "después de 22 años".
El Gobierno viene reforzando la vigilancia del espacio aéreo y espera la llegada de los radares de largo alcance de fabricación estadounidense que costaron USD 45 millones. El plazo de entrega es de 30 meses desde la firma del contrato, realizada en 2025.
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