La llamada "mafia de los Balcanes", vinculada a los prófugos Sebastián Marset y Diego Benítez, ha exportado su violencia letal hasta los Emiratos Árabes Unidos. Esta red criminal, en alianza con bandas griegas y turcas, está transformando a Dubai en un sangriento campo de batalla internacional. Lo que antes era un refugio seguro para grandes capos, hoy es el escenario principal de ejecuciones profesionales y ajustes de cuentas.
Recientemente, el asesinato del mafioso turco-holandés Eyhmus Muhittinolu en una concurrida avenida de Dubai sacudió los cimientos de la seguridad en la región. El ataque, perpetrado por sicarios armados, es atribuido a la organización criminal "Entik", que lidera una coalición transnacional delictiva. Este crimen marca un hito en la exportación del sicariato europeo hacia territorios que anteriormente garantizaban impunidad y tranquilidad.
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La red "Entik", dirigida por un capo de la diáspora soviética, ha consolidado una alianza estratégica con la "mafia de los Balcanes" y grupos turcos. Esta estructura utiliza mercenarios albaneses y ucranianos para ejecutar operaciones de "limpieza" sistemática contra sus competidores en el continente europeo. La coalición busca monopolizar el control logístico del narcotráfico y el contrabando, eliminando cualquier resistencia mediante la violencia extrema.
Las investigaciones conectan a este entramado con el uruguayo Sebastián Marset y el paraguayo Diego Benítez, quienes operaban mediante la logística balcánica. Benítez, a través de su empresa Tupá SA, facilitó el envío de toneladas de cocaína hacia Europa en alianza con el capo albanés Franc Çopja. Estas relaciones permitieron que la organización criminal echara raíces profundas en Sudamérica antes de expandir su brazo armado hacia el Oriente Medio.
Desde su bastión en Dubai, el líder conocido como "Entik" coordina la eliminación de figuras clave del submundo griego y turco. Se estima que la organización paga hasta un millón de euros por cada asesinato selectivo, empleando ejércitos de hombres altamente entrenados. Esta estrategia de "limpieza" busca asegurar el dominio absoluto sobre el contrabando de combustible y tabaco, además del tráfico de estupefacientes.
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Los sicarios empleados por esta alianza demuestran un nivel de profesionalismo alarmante, utilizando tácticas militares y armamento de guerra en sus ataques. Un ejemplo de su letalidad fue el asesinato de Vangelis Zambounis, acribillado con fusiles dentro de un vehículo blindado en plena ciudad de Atenas en enero de 2024. La red prefiere contratar especialistas extranjeros para garantizar que los objetivos sean eliminados sin dejar rastro ni posibilidad de error.
Dubai ha dejado de ser el paraíso de impunidad que Marset y sus socios utilizaban para gestionar sus finanzas y esconderse de la justicia. Las autoridades locales y la Interpol han intensificado la vigilancia, resultando en informes sobre la posible captura de líderes como "Entik".
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Las organizaciones criminales utilizan los sistemas informales de transferencias como "hawala", permitiendo que millones de dólares circulen sin registros bancarios. Estos mecanismos financieros son vitales para costear la logística del sicariato internacional y el mantenimiento de las células operativas en diversos continentes. Además, el uso de identidades falsas y pasaportes europeos permite que sus miembros crucen fronteras eludiendo los controles migratorios tradicionales.
Paraguay se mantiene como un centro logístico crítico donde organizaciones como el Primer Comando Capital (PCC), el Comando Vermelho (CV) y organizaciones trasnacionales como la Mafia de los Balcanes gestionan la adquisición y el embalaje de la droga. Células locales se encargan de ocultar la cocaína en productos legales antes de enviarla a los puertos europeos considerados más vulnerables, como Amberes y Hamburgo. Esta conexión sudamericana es el motor económico que financia la expansión global y las campañas violentas de la alianza criminal en Europa y Asia.
Operaciones multinacionales como "A Ultranza Py" y "Balcanes" han expuesto la profundidad de estos vínculos, pero los cabecillas continúan operando desde las sombras. La captura de los líderes en Dubai es ahora la máxima prioridad para desarticular este "sindicato" del crimen que une a albaneses, griegos y turcos. La globalización del sicariato exige una respuesta coordinada entre agencias de seguridad para frenar una violencia que ya no conoce fronteras geográficas.
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