El brasileño João Paulo Silva Matos fue detenido y expulsado del paÃs, en una muestra de cuán coordinada está la cooperación policial entre los dos paÃses. Además, la captura de Silva Matos, condenado a 14 años de prisión en su paÃs por participar del intento golpista de enero de 2023, refuerza el mensaje de que Paraguay no será un refugio para los bolsonaristas en la mira de la Justicia de Brasil.
El prófugo fue localizado y aprehendido en la ciudad de Salto del Guairá, en el departamento de Canindeyú. El operativo, ejecutado puntualmente a las 16:00 horas sobre la avenida del Paraguay, estuvo a cargo de agentes especializados de la División Regional del Comando Tripartito.
Esta dependencia, que forma parte del Departamento de Convenios y Acuerdos de Cooperación Policial Internacional, actuó con celeridad y precisión tras recibir una alerta formal de sus pares brasileños.
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Silva Matos habÃa ingresado a Paraguay de forma ilegal. Una vez identificado y detenido se confirmó que pesaba sobre él una orden de captura internacional expedida por el Supremo Tribunal de Justicia de Brasil. Su traslado inmediato a Ciudad del Este y su expulsión de Paraguay siguieron los protocolos establecidos, lo que prueba la efectividad de los canales de comunicación binacionales.
A fines del año pasado, precisamente el 29 de diciembre, las autoridades paraguayas ya habÃan detenido y expulsado a otro condenado clave por el intento de golpe de Estado en Brasil: Silvinei Vasques, exdirector de la PolicÃa de Carreteras (PRF). Vasques habÃa sido sentenciado a más de 24 años de prisión apenas dos semanas antes de su captura en territorio paraguayo.
Pero no se trata solo de una mera cuestión judicial o la cooperación entre Brasilia y Asunción en materia de seguridad. Las dos expulsiones envÃan una señal polÃtica clara: el Gobierno de Santiago Peña no permitirá que Paraguay se convierta en un refugio para personas condenadas por delitos graves en Brasil, especÃficamente por actos de sedición contra la democracia.
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Esta postura sobrevive a pesar de los conocidos entredichos y tensiones diplomáticas que han surgido entre Peña y Lula da Silva durante el último año. La ruptura por el caso de espionaje de la ABIN, la ausencia de Lula en la firma del acuerdo con la UE o los temas pendientes en materia energética no impidieron esta colaboración que, en el fondo, marca también una distancia entre Peña y el Clan Bolsonaro.
De hecho, la actitud del Gobierno paraguayo parece alejarse deliberadamente de cualquier afinidad con el bolsonarismo que puedan llegar a endilgarle, sobre todo a las puertas de las presidenciales en Brasil. Esta posición tiene raÃces en la polÃtica interna, donde el cartismo, sector al que pertenece Peña, habÃa criticado en el pasado al expresidente brasileño, hoy preso por tratar de impedir la asunción de Lula en 2023.
Cuando Honor Colorado estaba en la disidencia, figuras como Basilio "Bachi" Núñez llegaron a acusar al entonces presidente Mario Abdo BenÃtez de actuar con servilismo tras la firma del acta secreta de Itaipú. Por lo tanto, la gestión actual parece estar rectificando esa percepción y alineando su postura internacional con el principio de no intervención.
No obstante, este acercamiento operativo con Brasil en materia de seguridad contrasta con ciertas áreas de fricción. En el espectro militar y de inteligencia de Brasil existe una creciente preocupación por la estrecha cooperación entre Paraguay y Estados Unidos.
Los acuerdos que permiten el ingreso de militares estadounidenses para capacitación, dotados de inmunidades, y la posibilidad de recibir equipamiento y aeronaves, son vistos con recelo desde Brasilia porque se interpretan como un factor que podrÃa alterar el equilibrio tradicional en la región.
El Gobierno paraguayo, por su parte, defiende su vÃnculo con Washington porque redundan en beneficio de la seguridad regional, especialmente en un punto sensible como la Triple Frontera. La formación de profesionales y el fortalecimiento de capacidades, sostienen en el Ejecutivo de Peña, permiten custodiar esta zona compleja, cuyo control efectivo beneficia directamente a Brasil al impedir que se convierta en un santuario para actividades ilÃcitas.
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