El presidente Santiago Peña expresó una preocupación moderada sobre la revitalización de la Doctrina Monroe por parte de la administración Trump, marcando una cuidadosa distancia ante la posibilidad de una intervención militar en Venezuela. Las relaciones con Lula da Silva podrÃan haber motivado a Peña, que por primera vez hace una crÃtica a Estados Unidos.
"Me preocupa muchÃsimo y le trasmità al gobierno americano nuestra preocupación sobre una incursión militar en territorio americano, yo desearÃa que eso no ocurra", contó en su última conferencia de prensa del año en Mburuvichá Roga.
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Sin embargo, el mandatario reconoció con realismo la postura de Washington. "Soy consciente de que Estados Unidos tiene muy clara su estrategia geopolÃtica", afirmó.
La hoja de ruta a la que aludÃa Peña fue formalizada recientemente por Trump. Semanas atrás, el gobierno estadounidense presentó su Estrategia de Seguridad Nacional, donde declara abiertamente el regreso a la célebre "Doctrina Monroe", conocida por su bandera de "América para los americanos".
Este principio, formulado originalmente en 1823 por el presidente James Monroe, estableció que el hemisferio occidental era una esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos, al tiempo que advertÃa a las potencias europeas que cualquier intervención serÃa considerada un acto hostil.
La lógica actual de Washington, según la lectura de Peña, vincula la defensa continental con la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, con el "Cartel de los Soles" como una amenaza real. "Ellos desplegaron hoy la mayor flota naval en su historia para proteger el territorio americano de los grupos criminales", explicó el presidente.
Esta postura se enmarca en un esfuerzo más amplio por contrarrestar la influencia de China en la región, que la estrategia de seguridad estadounidense identifica como un objetivo prioritario.
Las declaraciones de Peña representa un equilibrio diplomático. Por un lado, el presidente expresó el deseo de una solución pacÃfica para la crisis en Venezuela, pero al mismo tiempo admitió que, de no lograrse, "está seguro de que habrá una incursión militar". Esta ambivalencia refleja la compleja posición de Paraguay, un paÃs que, bajo el gobierno de Peña, es señalado como parte de una ola de gobiernos conservadores en la región que recibieron un espaldarazo de la administración republicana.
Esta afinidad se tradujo en la alineación de la polÃtica exterior paraguaya con los intereses estadounidenses en al menos tres puntos. Primero, Paraguay se encuentra entre los paÃses que implementan ajustes en sus polÃticas económicas para limitar el avance de acuerdos con potencias rivales de Estados Unidos, como Rusia y China, secundando la estrategia estadounidense de contener su influencia en el hemisferio.
Segundo, en el plano de la seguridad, la retórica de Peña sobre los grupos criminales coincide con el enfoque de la "Guerra contra las Drogas" promovida históricamente por Washington, un paradigma que sirvió como herramienta de polÃtica exterior e intervencionismo en la región durante décadas.
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Tercero, a nivel polÃtico, el gobierno de Peña es identificado como parte del mapa de la "marea azul" conservadora en Sudamérica, un bloque de naciones cuyos lÃderes, como Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile, son abiertos admiradores de Trump y su agenda.
El resurgimiento de la Doctrina Monroe bajo Trump, por lo tanto, coloca a aliados regionales como Paraguay en una encrucijada. Si bien el gobierno de Peña mantiene una relación funcional con Washington y comparte parte de su agenda ideológica y de seguridad, la posibilidad de intervenciones militares unilaterales obliga a una cautelosa demarcación para preservar la estabilidad regional, mucho más por la dependencia que tiene Paraguay de otros socios como Brasil.
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