Luego de que el escándalo por los tuits racistas de Celeste Amarilla contra Kylian Mbappé escalara al plano diplomático, la senadora liberal se retractó a medias y aseguró que se estaba "desconstruyendo" porque venía de una generación en la que "decir negro de mierda era lo más usual".
Amarilla había calificado al astro del fútbol de "camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo". "Bruto, no aprendió ni a escribir; en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés", decía el mensaje más fuerte de Amarilla, quien se vio obligada a borrar algunos posteos.
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Sin embargo, la senadora no se disculpó con el número 10 de la selección francesa y corrió el foco hacia la supuesta corrupción de la FIFA y la falta de reacción del presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y del titular de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), Robert Harrison, a quienes acusó de no haber respaldado a los jugadores paraguayos tras las ofensas del delantero francés durante el partido del sábado.
"Mbappé y yo somos dos piezas en el tremendo ajedrez del poder. Mbappé es un contratado para jugar fútbol. Yo, como barra brava, le contesto y se arma una casi guerra. Esto dejó de ser fútbol para ser política", lanzó la legisladora este martes en conferencia de prensa. "(Gianni) Infantino le da órdenes a Domínguez", continuó Celeste, quien además señaló a Santiago Peña por "caer en la trampa": "El que le llama a Macron para que le pida que me calle es Infantino".
Pero la decisión de borrar los mensajes contra Mbappé no respondió solo al costo político -buena parte de la oposición rechazó los comentarios de Amarilla- ni a las amenazas de una eventual demanda por discriminación. También pesó la llamada del presidente de Francia, Emmanuel Macron, a Santiago Peña, lo que obligó al Gobierno a distanciarse de las expresiones de Celeste a través de un comunicado oficial.
Luego de la respuesta de Mbappé, la Federación Francesa de Fútbol y las autoridades francesas (desde parlamentarios y ministros hasta el propio Macron), Celeste profundizó en su tono burlón y subió una foto a Instagram mostrando "el look de mi ídola Emily (en París". Más tarde posteó otra foto con un texto desafiante: "A los trolls, cuentas falsas y a los maleducados que me maltratan, se pueden ir todos a la puta".
Antes de la medianoche y de la conferencia de esta mañana, donde pidió disculpas -no sin descabalgar de su bronca con Mbappé-, la senadora del PLRA subió un comunicado de cuatro párrados en el que comenzaba a suavizar el tono. "Durante el partido tuviste una conducta arrogante, se notaba tu desprecio a cada jugador, como si te diera asco", escribió. "A mí me dolió, a todo mi país le dolió, y mucho", concluyó.
En el Gobierno atendieron rápido a Macron para no dañar la relación con Bruselas. Es que el Mercosur todavía no logró consensuar la distribución de las cuotas libres de aranceles que otorga la Unión Europea para determinados productos. Ante la falta de acuerdo sigue vigente el criterio de "first come, first served", es decir, el primer país que accede a la cuota se queda con el cupo disponible. Peña quiere apelar al mandatario francés para que juegue a su favor.
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Mientras tanto, Amarilla sostuvo que el conflicto "sobrepasa la soberanía de los países". "Esto es la FIFA. Todos sabemos que hoy la FIFA es un poder fáctico. Se habla de coimas multimillonarias, como en el FIFAgate. Catar paga más que Estados Unidos y eso le costó a muchísimos mucho. Esto sigue ocurriendo", afirmó. También repartió para las autoridades deportivas locales: "¿Dónde estaban Alejandro Domínguez y Robert Harrison? No fueron capaces de defender a ningún jugador porque están detrás del dinero y del poder", fustigó.
La Cancillería paraguaya también se vio obligada a salir a despegarse de las declaraciones de Amarilla, a las que calificó de "contrarias a los valores y principios que inspiran la convivencia pacífica y el respeto a la dignidad humana que nuestro país promueve". La senadora reveló que evaluaba una demanda por violencia de género, mientras en el cartismo ya despejan el escenario de una posible sanción contra Celeste.
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