José Ocampos, expresidente de la estatal Cañas Paraguayas Sociedad Anónima (Capasa) y actual miembro del directorio, fue duramente criticado por el Sindicato de Trabajadores de la empresa. Ocampos, quien había asumido la conducción de la compañía el 25 de agosto de 2023, fue presentado por el cartismo como un ejemplo de "gestión eficiente", pero tras su salida del cargo emergieron acusaciones de corrupción y malos manejos que incomodan a sus propios compañeros de movimiento.
El secretario general del sindicato, Javier Villalba, reveló que Capasa atraviesa una crisis financiera sin precedentes, con 180 trabajadores despedidos, salarios atrasados, deudas millonarias y una producción paralizada. Según el dirigente gremial, la planta dejó de operar porque no se pagó a los proveedores de insumos, lo que deja a la empresa "sin capacidad de producir y en una quiebra técnica".
En relación con los salarios, el sindicalista señaló que Capasa solo acreditó parcialmente los haberes de abril y mayo, mientras que los meses de junio y agosto permanecen impagos. "Solamente en salario son G. 4.500 millones, teniendo en cuenta el pago de la carga social (aporte a IPS)", afirmó. A esto se suma un pasivo que, bajo la administración de Ocampos, se duplicó hasta alcanzar los G. 39 mil millones.
Villalba también denunció la existencia de lo que denominó "cheques voladores", que suman un total de G. 11 mil millones y forman parte de la abultada deuda de la estatal. Aunque el dirigente sindical reconoció que las administraciones anteriores contribuyeron al deterioro financiero, responsabilizó directamente a Ocampos y a su equipo político, integrado por David Sánchez, Ariel Venialgo y Vanessa López, por la profundización de la crisis.
Ante las críticas, Ocampos se defendió en sus redes sociales donde alegó que al momento de asumir ya existía una deuda superior a G. 30 mil millones, sin subsidios del Estado y sin el respaldo de empresas que anteriormente compraban de forma obligatoria unos G. 2 mil millones mensuales. "Ninguna de estas es excusa, pero debemos decir la verdad. Pudimos habernos quedado sin hacer nada y mantener todo igual, pero nosotros decidimos creer y jugarnos", escribió en X.
El extitular de Capasa sostuvo que durante su administración "nunca se hicieron tantas inversiones". "Ni una empresa del Estado tuvo tanta repercusión mediática", señaló. Ocampos defendió su gestión como un intento de reposicionar a la marca en el mercado, pero sus palabras contrastan con los números presentados por el sindicato y con la realidad de los trabajadores, quienes aseguran que la crisis es la más grave en la historia de la compañía.
Lo que parecía un ascenso consolidado dentro del cartismo terminó por volverse en contra de Ocampos. Luego de haber sido premiado con la presidencia de Capasa, hoy enfrenta cuestionamientos no solo de la oposición, sino de funcionarios y dirigentes sindicales ligados a su propio partido, que lo acusan de corrupción y lo responsabilizan del colapso de la estatal.
Ocampos también es director del Instituto Republicano de Política Estratégica, lugar que se ganó por su militancia de extrema derecha en las redes sociales y su labor docente en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, donde impartía clases con claros sesgos ideológicos ultraconservadores. Su cargo en el IRPE también es cuestionado por sus correligionarios, basándose en las denuncias por corrupción.
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