Luego del traspiés durante la última cumbre del Mercosur, cuando estaba casi todo listo para firmar el demorado acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, el Gobierno puso la mira en nuevos mercados. La presidencia pro témpore del bloque recae en Santiago Peña, quien había pedido a sus pares avanzar en pactos con otros países, una suerte de "señal" para meter presión a Bruselas, algo que ya está ocurriendo.
"Seguiremos esperando en el altar, pero no podemos esperarle solamente a la Unión Europea", dijo Peña en la cumbre de Foz de Iguazú, donde Lula da Silva aspiraba a cerrar el acuerdo. Pero Francia e Italia introdujeron cláusulas en la recta final para contener el enojo de sus productos agropecuarios, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, prometió que la firma se realizaría a mediados de enero en Asunción.
Lo cierto es que Peña nunca se fio de la UE. No lo hizo cuando se estrenó en la presidencia semestral del Mercosur en diciembre de 2023 y delegó las negociaciones a Lula, el más interesado en sellar el acuerdo, y tampoco lo hace ahora. Según fuentes diplomáticas, el Gobierno no tiene muchas expectativas sobre el futuro del TLC.
El mandatario paraguayo tiene una nueva oportunidad para conjugar su agenda diplomática, enfocada en el comercio y la llegada de inversiones al país, con la del Mercosur. El bloque ya trabaja en un Acuerdo Comercial Preferencial (ACP) con Vietnam para suprimir los aranceles y las medidas no arancelarias. Peña aún no visitó Vietnam, pero se encontró con su presidente, Luong Cuong, en la Asamblea General de la ONU en septiembre.
En Nueva York, Peña se entusiasmó con la idea de aprovechar el vínculo con Vietnam para alcanzar un acuerdo mayor con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). El giro del Gobierno hacia Asia -que marcó buena parte de la política exterior en los primeros dos años y medio del peñismo- ya rindió frutos en Filipinas y Singapur, donde Paraguay ha conseguido posicionar sus carnes.
Peña visitó Japón, Singapur, Taiwán, India, Emiratos Árabes Unidos y, más recientemente, Uzbekistán. La propuesta del Gobierno es traducir esos destinos a nuevos acuerdos en el seno del Mercosur. De hecho, el bloque acaba de impulsar un marco de asociación estratégica con Japón, con el acento en las cadenas de suministros y la transición energética, aunque Tokio persigue un acuerdo para garantizar el flujo de alimentos, que tiene el visto bueno de la poderosa Federación Empresarial Japonesa o Keidanren.
Mientras tanto, la discusión sigue entre los 27 países de la UE. Emmanuel Macron y Giorgia Meloni creen que las cláusulas de salvaguardias y las cuotas de importación, claves para cuando bajen los precios en el continente, no son suficientes. También alegan competencia desleal por parte de los productores sudamericanos. Con este panorama, la firma del acuerdo sigue en una zona de incertidumbre.
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