Mientras Yo Creo cumplía con una jornada electoral interna que su propio líder, Miguel Prieto, calificó como un "mero trámite", la atención del exintendente esteño estuvo puesta en la vereda de enfrente. Con las municipales de octubre en la mira, Prieto no dudó en meterle pimienta a la interna de la Asociación Nacional Republicana (ANR).
"La batalla es encarnizada dentro del Partido Colorado", lanzó Prieto tras votarse a sí mismo para concejal de la capital departamental. En rigor, la competencia en el coloradismo de Alto Paraná se centra entre las dos principales fuerzas que buscan la chapa republicana.
El análisis exprés de Prieto desnudó una fuerte paridad entre los sectores en pugna para las candidaturas de la ANR. Para el líder de Yo Creo, la puja se reduce a una disputa muy ajustada entre Rigoberto Chamorro y Magno Álvarez.
"Creo que están empatados. Rigoberto mide un poco mejor, pero el otro tiene más recursos. Al final, el que más guapee va a ganar las internas", gatilló el exintendente, no sin sembrar cizaña sobre la estructura y el despliegue económico que define la interna colorada en la región. Chamorro supo ser su aliado en los comicios de 2021, mientras que Álvarez es la ficha del Clan Zacarías Irún para darle pelea al oficialismo local.
Para Prieto, la verdadera pulseada política del departamento no se juega en las mesas de su partido, sino el próximo 4 de octubre. Sin embargo, el presidenciable opositor reconoció en la víspera que los Zacarías Irún siguen pisando fuerte y mantienen una vigencia territorial ineludible en Alto Paraná, como vaticinan los sondeos.
La tensión de la jornada colorada en el décimo departamento no estuvo exenta de perlitas que amenizaron el clima de sospechas cruzadas. Una de ellas la protagonizó nada menos que el director de Itaipú, Justo Zacarías Irún.
En un descuido que generó risas entre los presentes y los fiscales de mesa, el histórico referente esteño llegó hasta su local de votación con toda la comitiva y la atención mediática encima, solo para percatarse en la mesa de que se había olvidado la cédula de identidad. El blooper obligó a un retraso logístico minúsculo, pero suficiente para dejar una postal incómoda en una jornada donde su sector se juega el control del territorio.
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