Argentina absorbió el 75% de la soja exportada por Paraguay durante los primeros cinco meses de 2026 y ya se consolida por amplio margen como el principal destino del grano nacional. De cada cuatro dólares generados por las exportaciones de soja paraguaya, tres provinieron de ventas realizadas al mercado argentino.
Entre enero y mayo, Paraguay exportó soja a Argentina por USD 1.754,5 millones, cifra que representa un crecimiento del 49,4% respecto al mismo periodo del año anterior. La fuerte demanda de la industria aceitera argentina volvió a convertir al vecino paÃs en el principal comprador de la producción local.
Gracias al impulso de la oleaginosa, las exportaciones totales de Paraguay hacia Argentina alcanzaron USD 2.323,4 millones, con un aumento interanual del 51,1%. La soja explicó el 75,5% de todo lo vendido al mercado argentino, lo que reafirma su papel como eje central de la relación comercial entre ambos paÃses.
La fuerte dependencia del mercado argentino para la comercialización de la soja paraguaya es un tema que desde hace años genera preocupación dentro de la industria agroexportadora. Si bien Argentina se mantiene como un socio estratégico y un comprador fundamental para la producción nacional, la elevada concentración de los envÃos en un solo destino expone al sector a riesgos externos que escapan al control de los productores paraguayos.
Cambios en la polÃtica económica, modificaciones tributarias, restricciones comerciales o fluctuaciones cambiarias en el paÃs vecino pueden tener un impacto directo sobre uno de los principales rubros de exportación de Paraguay, según la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), que sigue de cerca la tendencia.
Las compras desde Argentina reavivan también el debate sobre necesidad de avanzar hacia una mayor transformación de las materias primas dentro del paÃs: gran parte de la soja paraguaya sale al exterior en estado natural para ser procesada en otras industrias de la región, principalmente en Argentina.
Esta situación limita las oportunidades de generación de valor agregado, empleo e inversiones asociadas a la cadena productiva. En contrapartida, insisten en CAPPRO, la industrialización permite convertir el grano en productos de mayor valor, como harina proteica y aceite de soja, algo que amplÃa las posibilidades de acceso a mercados internacionales.
La estrategia de procesamiento local también representa una herramienta para reducir la vulnerabilidad comercial. Mientras que la soja en grano tiene una fuerte dependencia de compradores regionales, los productos industrializados llegan a más de 40 mercados en distintos continentes.
Esta diversificación disminuye la exposición a las decisiones de un solo paÃs. A ello se suma el contexto internacional favorables para el aceite de soja, cuya demanda se encuentra impulsada por el crecimiento de la industria de biocombustibles en Brasil y Estados Unidos.
Más allá de las exportaciones, la industrialización permitirÃa acelerar un mayor ingreso de divisas. La harina de soja constituye uno de los principales insumos para la producción de proteÃnas animales, especialmente en los sectores porcino y avÃcola, actividades que vienen registrando un importante crecimiento en Paraguay.
Al mismo tiempo, el aceite puede convertirse en materia prima para la producción de biodiésel y promover el uso de combustibles renovables. En este contexto, la discusión sobre el destino de la soja paraguaya trasciende el comercio exterior y se vincula directamente con el desafÃo de transformar la riqueza agrÃcola en mayor desarrollo industrial y crecimiento económico sostenible.
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