La campaña de Soledad Núñez en Asunción de cara a las municipales del 4 de octubre atraviesa su momento más delicado debido al distanciamiento de la dirigencia capitalina del Partido Liberal Radical Auténtico. Fuentes internas de la coalición opositora admiten en reserva una profunda desconfianza hacia los operadores del PLRA, a quienes acusan de vaciar los actos de calle.
El malestar no responde a una simple diferencia de criterios tácticos o de agenda, sino a una ausencia fÃsica en las reuniones de comando y en los recorridos barriales. Mientras los candidatos del tercer espacio acompañan a la candidata en la calle, muchos referentes liberales hacen campaña por su cuenta para asegurarse un lugar en la Junta.
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Ante los reclamos formales presentados por la falta de despliegue territorial, los ediles minimizan la situación escudándose en la presencia de figuras nacionales, como el presidente del partido, Alcides Riveros, o el gobernador Ricardo Estigarribia. Desde el comando retrucan que son ajenos a los barrios de Asunción.
El reclamo constante que hacen los sectores del tercer espacio, con Patria Querida a la cabeza, es que estas figuras no son los dueños de los votos y que el vacÃo operativo de los concejales liberales resulta injustificable. De hecho van en listas separadas y la jefatura de la campaña recae en Stephan Rasmussen, presidente del PQ.
Ese vacÃo alimenta la sospecha más temida por toda la oposición no liberal: que la estructura tradicional del PLRA termine "durmiendo" a sus aliados el dÃa de los comicios. El fantasma pasa por la logÃstica electoral y la capacidad real de cuidar los votos frente a la maquinaria aceitada de la ANR.
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Dentro de la oposición, el liberalismo concentra el mayor porcentaje histórico de padrón y la cantidad imprescindible de afiliados para cubrir los locales de votación. La alerta apunta a un faltazo de los mesarios liberales el DÃa D.
Ante esta extrema vulnerabilidad frente a la maquinaria partidaria oficialista, el equipo polÃtico de Núñez ya comenzó a reclutar sus propios suplentes de manera unilateral. Los colaboradores ya despliegan un operativo preventivo propio para blindar el control de los locales.
Pero el riesgo más grande es que operadores polÃticos operen ese dÃa solo a favor de sus concejales y no a favor de la candidata única de la oposición. Un pacto "azulgrana" en las mesas de votación podrÃa aniquilar la unidad opositora y repartirse los votos para la Junta, en desmedro de los candidatos de la lista "Unidos por Asunción".
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Esta crisis de confianza encuentra sustento en los antecedentes del PLRA en Asunción y el histórico acomodo de sus dirigentes en la estructura municipal. Gran parte de los presidentes de comités partidarios de la capital perciben haberes mensuales dentro de la propia comuna.
Este esquema es endilgado a los concejales Augusto Wagner y Ramón Ortiz, señalados como los arquitectos de los pactos subterráneos con los colorados. Ambos llevan décadas en la Junta Municipal y son cuestionados por haber avalado sistemáticamente la gestión financiera de Óscar "Nenecho" RodrÃguez.
Las bases polÃticas de esta complicidad de vieja data ya dinamitaron candidaturas opositoras anteriores, como denunció en su momento el hoy senador Eduardo Nakayama. Pese al historial de acuerdos ocultos con la ANR, la estructura formal sigue siendo un mal necesario para cualquier intento electoral competitivo que intente articular la oposición.
La resistencia de los ediles podrÃa responder también a un cálculo vinculado a las mejores chances de Camilo Pérez de llegar a la silla del intendente, como dicen los sondeos, que el comando de Sole minimiza de mediciones encargadas.
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