A tres días de las elecciones municipales en Asunción, no se percibe en las calles una efervescencia desbordante, sino un clima de espera y cálculos de última hora. Los comandos de campaña del oficialismo y la oposición ajustan la logística de cara al decisivo "Día D".
En la carpa opositora la expectativa se mantiene alta ante la posibilidad de que la candidatura de Sole Núñez dé vuelta el resultado. Los equipos técnicos se aferran a los sondeos propios que muestran una remontada sostenida y que se apoyan en la memoria estadística de comicios previos.
Los operadores recuerdan que en su momento Mario Ferreiro conquistó la intendencia con cerca el 55% de los votos con una participación del 60%. Bajo esa misma lógica, calculan que sumando los caudales que obtuvieron Eduardo Nakayama y Johanna Ortega en 2021, Sole necesita alcanzar un piso del 45% para un mano a mano con Camilo Pérez.
Un factor que alimenta el optimismo opositor es el crecimiento vegetativo del padrón electoral asunceno, que saltó de 430.000 a apenas 450.000 habilitados. Ese margen de 20.000 nuevos votantes es una veta clave para captar independientes e inclinar la balanza hacia la alternancia en Asunción.
Por el lado del oficialismo, la dinámica muestra una complejidad táctica que preocupa a los estrategas de Camilo. Las cifras de las internas dejaron 126.000 votos para Pérez y 132.000 para las listas de ediles, una brecha que genera inquietud en la estructura colorada.
Desde la vereda opositora reconocen que la ANR supo elegir a un candidato competitivo, enfocado en captar al electorado de clase media-alta "por arriba" y a los votantes de los bañados por "abajo". Con todo, confían en activar el voto castigo y el corte de boleta.
El cierre de campaña de Núñez fue evaluado por armadores de la oposición como positivo, pese a los cuestionamientos de sectores oficialistas por su carácter modesto y ligeramente elitista. Un miembro del comando de campaña contó al menos unas 700 personas entre liberales y referentes del tercer espacio sin arreo masivo. Los recursos, dijo a este medio, están destinados estrictamente en la capacitación de apoderados y miembros de mesa.
En la oposición también minimizan la caravana organizada por el cartismo en la Costanera, calculando una concurrencia acotada de entre 2.000 y 3.000 personas en un millar de vehículos. Para la estructura tradicional colorada, apuntan, se trató de una movilización discreta pensada meramente para proyectar una imagen de victoria en medios. De todas formas, la tendencia hasta la veda de encuestas favorecían a Camilo.
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El factor financiero deja al descubierto el altísimo costo operativo de la estructura partidaria. Referentes de la disidencia colorada admitieron a LPO que el último tramo generó fuertes roces debido a la escasez de fondos.
Fuera de micrófono admiten que llegaron a reclamarle directamente al candidato a intendente por la carestía de recursos, logrando la asignación de aportes semanales para encarar la recta final de la campaña. Fuentes del cartismo habían reconocido que las primarias desgastaron a los aspirantes a concejales.
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Las proyecciones de gasto para el domingo evidencian diferencias presupuestarias entre ambas campañas. Mientras los cálculos de la oposición sitúan el costo de su operativa del "Día D" entre 700.000 y 800.000 dólares, el oficialismo maneja cifras que oscilan entre los 5 y 6 millones de dólares.
Los antecedentes históricos reflejan esta asimetría crónica: en 2021 la oposición gastó unos 500.000 dólares con Nakayama, y en la era de Ferreiro se movilizaron 350.000 dólares frente a los 4,5 millones invertidos por los Samaniego, y hasta 6 millones de dólares para la campaña de Óscar "Nenecho" Rodríguez.
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