Editorial
Juventud, salud mental y trabajo: una agenda urgente
Por Pablo Garello
Salud mental, desocupación, precarización y consumos. Un mundo de frustraciones, las deudas de la política y el desafío de la dirigencia joven.

 Hace pocas semanas nos enteramos de un dato preocupante: los suicidios son la principal causa de muerte violenta en la provincia de Santa Fe, solo en 2025 hubo 448 casos. Por su parte, la tasa nacional pasó de 7,8 cada 100 mil habitantes en 2020 a 11,8 en 2025. Un crecimiento atroz, en el que la juventud resulta la más afectada.

Mientras que Argentina vive una insatisfacción democrática, los jóvenes una decepción democrática. No solo están insatisfechos, es algo más profundo: están decepcionados. Los gobiernos de Macri, Alberto y Milei fueron tallando la frustración de la generación presente.

Desde hace una década, Argentina no crece y los ingresos y las condiciones de vida se van deteriorando año a año. Hay que trabajar más horas para, con suerte, llegar a fin de mes. Para los jóvenes adultos eso significa un retorno masivo a la casa de los padres dejando parejas, estudios, proyectos. La casa propia, ni en sueños. ¿Tener hijos? una utopía; ¿vacaciones? ni pensarlo.


Mientras que Argentina vive una insatisfacción democrática, los jóvenes una decepción democrática. No solo están insatisfechos, es algo más profundo: están decepcionados. 

¿Cómo se hace frente a tanta frustración? El juego, la prostitucion virtual, el consumo efímero, los ansiolíticos y el scrolleo forman parte del menú para enfrentar la precarización de la vida que impacta en la salud mental de la población, con especial intensidad en las generaciones jóvenes.

Por supuesto: no se trata solo de una cuestión material. La crisis espiritual, la pérdida de lazos comunitarios, el derrumbe de la identidad y la autoexigencia permanente, explican en gran medida el aumento en la tasa de suicidios. Pero la imposibilidad de proyectar una existencia digna en términos económicos, sin dudas, profundiza la crisis. ¿Qué sentido tiene la vida, sí incluso trabajando 12 horas diarias, cualquier proyecto es imposible? ¿Dónde queda la posibilidad de soñar?

El problema es doble: mientras que en las grandes ciudades se vive con encierro, miedo y frustración, en las localidades más pequeñas, los jóvenes se ven obligados a migrar por falta de empleo; el desarraigo también genera angustia, produciéndose un círculo vicioso que el gobierno provincial no aborda.

Si revisamos los censos 2010 y 2022, veremos que el departamento 9 de julio creció solo un 3,9% mientras que el departamento Rosario creció 13%. Y por cada nuevo habitante que sumaron los tres departamentos del norte: General Obligado, Vera y 9 de Julio en conjunto, Rosario sumó 5,5 habitantes.

El desarraigo es un fenómeno que ocurre en todo el interior argentino, pero que en Santa Fe ostenta proporciones graves. Adultos en edad activa, sin trabajo en los pueblos o en regiones aisladas, van a probar suerte a las grandes ciudades. Al menos en Rosario o en la Capital pueden hacer Uber, salir a cadetear, trabajar de albañil o en casos extremos, cartonear. Es una cuestión de supervivencia: prefieren malvivir en la ciudad que vegetar en regiones sin oportunidades.

 El desarraigo es un fenómeno que ocurre en todo el interior argentino, pero que en Santa Fe ostenta proporciones graves 

Esto causa problemas enormes: las grandes urbes crecen sin planificación, aumenta el hacinamiento, la desigualdad y la violencia. El transporte y los servicios empeoran. Las distintas gestiones de gobierno se la pasan resolviendo problemas que les estallan en la cara (Rosario y la inseguridad como ejemplo más cabal). El resultado: no hay tiempo para la planificación estratégica y la resolución de problemas estructurales. Por otro lado, los pueblos se vacían y la provincia se desequilibra geopolítica y geoeconómicamente. En ambos lugares se vive mal. Y los jóvenes, más expuestos a la precarización, el desarraigo y a conflictos de salud mental, resultan las víctimas acuciantes de este proceso.

Desde la juventud peronista estamos abordando la problemática. Hace pocas semanas en Timbúes, se realizó un encuentro con más de 250 jóvenes y propusimos alternativas que quedaron plasmadas en un documento. Como modo de reparación histórica, el próximo encuentro será en el norte de la provincia.

Los jóvenes tenemos la responsabilidad de construir un futuro distinto, aunque eso implique disputar con los actores de la vieja política. Frente a la comodidad, organización; frente a la resignación, trabajo; frente a la política, renovación. Soñar por un lugar que nos cobije, nos brinde oportunidades y nos permita proyectar junto a otros. Por la Argentina y la Santa Fe que nos merecemos.

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