Editorial
Malabaristas sin red
Por Pablo Tigani
La Argentina de Milei vive un experimento económico tan extremo como caótico.

Los bancos argentinos se encuentran en un laberinto. ¿Engaño o avaricia? - Wes Peden no es ministro ni banquero. Es el mejor malabarista del planeta. Capaz de sostener siete, ocho, diez objetos en el aire. Ahora bien, ¿qué pasa cuando quienes destinan el timón de un país creen que están haciendo algo similar con las licitaciones para esterilizar pesos, o con los indicadores macroeconómicos, las reservas internacionales, las tarifas, los salarios y la paciencia de millones? ¿Qué pasa cuando se confunde el arte con el engaño, y la técnica con la improvisación?

La Argentina de Milei vive un experimento económico tan extremo como caótico. Mientras su núcleo duro lo aplaude, otros observan con preocupación un modelo de gestión que basa su viabilidad en pilares endebles: deuda en pesos más costosa, dólar reprimido, deficit fiscal devengado y postergación del estallido. Todo esto, mientras millones de ciudadanos se convierten en funambulistas de su propia supervivencia.

El truco: deuda, deuda, deuda

El BCRA y el Ministerio de Economía han optado por una estrategia que se sustenta en un "pacto de silencio financiero" sostenido por subastas de títulos y colocaciones en dólares. El mercado cambiario enfrenta presiones crecientes. A las tradicionales coberturas preelectorales se suma una combinación explosiva: aumento del circulante en pesos, desarme del carry trade, récord de importaciones y turismo, menor oferta del agro y tensión con fondos internacionales que reducen su exposición a deuda local. A la vez, cuatro bancos internacionales recomendaron cautela y salieron de posiciones en Argentina.

El mensaje de esta semana es claro; vamos a tomar toda la deuda que se necesite para intentar llegar a octubre. Y ahora no cualquier deuda, deuda de cortísimo plazo a tasas crecientes, para que los bancos no huyan al dólar, mientras detrás de escena se está amasando una bomba que podría explotar en cualquier momento.

El "show" sigue mientras el público mantenga el aplauso. Pero los mismos que entraron por la ventana con dólares financieros, ya salieron por la puerta grande con las ganancias... ahora va emigrando el remanente menos avispado.

El peligro del éxito parcial

Milei logró bajar la inflación en el corto plazo sin plan de estabilización, pateando el deficit y el costo social al futuro. Como un mago que distrae al público con una mano mientras con la otra esconde el truco.

Pero la inflación no es un fenómeno únicamente monetario. También es político, cultural, psicológico. Lo que hoy baja puede estallar mañana, si el sistema no encuentra un anclaje real en confianza, competitividad, capacidad productiva, salarios dignos, institucionalidad.

Todo lo que se construye está montado sobre una lógica de emergencia permanente. La política fiscal depende de un DNU para detener un aumento en las jubilaciones. Y la estrategia de crecimiento es un deseo, no un plan.

Cuando se caigan las pelotas...

El problema de hacer malabares es que todo luce espectacular... hasta que una pelota cae. Cuando eso pasa, el público deja de aplaudir y empieza a mirar con piedad. O con bronca. Esa pelota puede ser el dólar, la inflación, los plazos fijo en pesos, la deuda con los bancos locales, o la reacción social. Cualquiera que se caiga puede desatar un efecto dominó. Y entonces, ya no hay prestidigitador que nos salve.

Si algo sabemos es que los malabares nunca terminan bien. Porque el truco más difícil no es sostener las pelotas en el aire. Es saber cuándo bajarlas, ordenarlas... y empezar de nuevo.

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