La tecnoplutocracia actual no debe entenderse únicamente como una concentración obscena de riqueza material, sino como una maquinaria incesante de producción de sentido histórico. |
Durante el siglo XX, la legitimidad de las democracias occidentales descansaba sobre una premisa previsible. Los ciudadanos elegÃan representantes para administrar conflictos dentro de instituciones estables. Sin embargo, las primeras décadas del siglo XXI han inaugurado una mutación mucho más profunda que una simple crisis de representación. Desde el surgimiento de outsiders polÃticos transgresores hasta la consolidación de una élite tecnológica sin precedentes, el orden contemporáneo asiste al nacimiento de una nueva forma de autoridad que ya no promete reformas graduales, sino una auténtica refundación histórica; no ofrecen una mejor gestión, ofrecen la redención.
Para comprender la magnitud de este fenómeno, las categorÃas convencionales de la ciencia polÃtica y la economÃa resultan insuficientes. Es necesario recurrir a la teologÃa polÃtica y, especÃficamente, a la matriz analÃtica de la escatologÃa bÃblica. La hipótesis es tan audaz como empÃricamente verificable en el paper: (Gobernar el Fin de los Tiempos Correspondencias Estructurales entre la EscatologÃa Clásica y el Aceleracionismo de Plataformas) del autor. La secularización moderna no eliminó los relatos del "fin de los tiempos"; por el contrario, los tradujo al lenguaje de la innovación disruptiva, el capitalismo de plataformas y la restauración nacional.
Toda narrativa escatológica requiere una secuencia estable, y la primera condición de posibilidad es la consagración de una crisis estructural. Figuras de la nueva derecha como Donald Trump o Javier Milei construyen sus discursos sobre diagnósticos de decadencia terminal. La Argentina empobrecida por el modelo de la "casta" o el "sueño americano muerto" sirven como el escenario apocalÃptico ideal. El presente es presentado como una etapa terminal, y el colapso civilizatorio se vuelve la norma.
Pero el desastre no ocurre por azar, exige un responsable. Aquà opera la segunda gran correspondencia estructural; la construcción del enemigo civilizatorio. Conceptos como el "deep state" en Estados Unidos, la "casta" en Argentina o la "Catedral" liberal en los escritos de los ideólogos neorreaccionarios (NRx) como Curtis Yarvin y Nick Land, funcionan como estructuras difusas y omnipresentes que encarnan el mal. El conflicto polÃtico ordinario se abandona para dar paso a una guerra existencial de claridad moral, el enemigo es el principal obstáculo para la salvación de Occidente.
Es en este vacÃo de legitimidad institucional donde emerge la promesa de salvación y la figura del mediador extraordinario. Este liderazgo carismático y mesiánico se bifurca en dos vertientes que convergen en su desprecio por la democracia deliberativa. Por un lado, los lÃderes polÃticos tradicionales que apelan a "las fuerzas del cielo" o a mandatos divinos para justificar terapias de choque económicas y reconfiguraciones soberanas. Por el otro, los aristócratas digitales de Silicon Valley -Peter Thiel, Alex Karp o Elon Musk- cuyas visiones sustituyen la acción colectiva por la fe en la Inteligencia Artificial, la automatización y la inmortalidad biológica. En el aceleracionismo landiano (Land), la IA superinteligente se convierte en el nuevo Dios maquÃnico que abolirá la ineficiencia biológica humana.
La soberanÃa se vuelve hÃbrida. Mientras el Estado formal se debilita, corporaciones de procesamiento masivo de datos y vigilancia predictiva (como Palantir Technologies) asumen prerrogativas de seguridad nacional, convirtiéndose en los verdaderos arquitectos de lo gobernable.
La tecnoplutocracia actual no debe entenderse únicamente como una concentración obscena de riqueza material, sino como una maquinaria incesante de producción de sentido histórico.
En conclusión, los imaginarios religiosos no han desaparecido; han mudado de piel. Ayer las sociedades buscaban respuestas sobre el destino colectivo en los textos sagrados; hoy, depositan de manera secularizada esas expectativas de salvación en lÃderes disruptivos y en tecnologÃas algorÃtmicas opacas. Quienes prometen rescatarnos de la decadencia terminal están diseñando un nuevo orden postdemocrático, cimentado bajo la antigua y poderosa lógica de la redención civilizatoria.
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