No estamos ante la evaporación del Estado, sino ante la privatización de su discrecionalidad. |
La comedia del arte de la extrema derecha global encontró en la Argentina de Javier Milei su escenario más histriónico. Bajo la promesa de demoler el Estado para liberar a las fuerzas productivas de las garras de la "casta", asistimos en realidad a una transmutación de la administración pública. El Leviatán no ha muerto; cambió de clientela. Para el ojo de la antropologÃa de las finanzas y la economÃa polÃtica, el espectáculo actual no es una ruptura, sino la culminación de un capitalismo de compadrazgo sofisticado, donde la jerga del libre mercado sirve de camuflaje para una masiva transferencia de recursos y la captura institucional del aparato estatal.
Para desentrañar esta paradoja, resulta indispensable recurrir a la célebre fórmula de Robert Klitgaard: C=R+DA. El volumen de corrupción (C) es directamente proporcional a las rentas monopólicas (R) y a la discrecionalidad (D), e inversamente proporcional a la rendición de cuentas o accountability (A). El experimento libertario argentino valida este postulado. Mientras la retórica oficial demoniza la regulación estatal, la praxis gubernamental multiplica las rentas económicas extraordinarias para los sectores aliados, expande las facultades discrecionales del Poder Ejecutivo y reduce los mecanismos de control. No estamos ante la evaporación del Estado, sino ante la privatización de su discrecionalidad.
Comencemos por el epicentro financiero, donde el Ministro de EconomÃa, Luis Caputo, despliega su destreza en el arbitraje regulatorio. En los pasillos de Wall Street y las mesas de dinero locales, la denominada "bicicleta financiera" no es una disfunción, sino un diseño deliberado. La manipulación de tasas y el endeudamiento selectivo representan la generación artificial de rentas (R) para fondos de inversión. AquÃ, el funcionario actúa como un estructurador de productos soberanos de alto rendimiento y bajo riesgo para sus antiguos empleadores, maximizando la discrecionalidad en detrimento de la transparencia.
El caso de Metrogas ilustra con precisión esta dinámica de captura. La distribuidora se dispone a repartir 60.000 millones de pesos en dividendos a sus accionistas, mientras mantiene una deuda de idéntica magnitud con el Estado. En cualquier manual de finanzas corporativas, esto calificarÃa como socialización de pasivos. Bajo la égida anarcocapitalista, se consagra como "eficiencia". El Estado actúa como un acreedor complaciente, permitiendo el vaciamiento de recursos que deberÃan financiar el erario público, constituyendo una apropiación privada directa de activos públicos mediante la inacción gubernamental.
La discrecionalidad regulatoria y judicial encuentra su correlato en el escándalo de la firma cripto-financiera LIBRA. Doce dÃas después de un polémico fallo que dejó sin querellantes la causa por esta estafa, el Poder Ejecutivo oficializó la designación de la jueza Ana Juan en el juzgado de Hurlingham, un tribunal que ni siquiera ha sido habilitado por la Corte Suprema. Este apuro por colonizar terminales judiciales clave revela que el control del arbitraje requiere de una red de seguridad jurÃdica que garantice la impunidad de los nuevos actores de la era digital.
El nepotismo y el clientelismo de alta gama también reclaman su lugar. Federico Sturzenegger, el arquitecto de la desregulación, utilizó la estructura de la CancillerÃa para garantizarle a su esposa un contrato como profesora de inglés. Mientras se predica la meritocracia y se despide a miles de empleados estatales, el cÃrculo áulico goza de privilegios medievales. Este micro-cronyism se complementa con las inconsistencias patrimoniales del vocero, Manuel Adorni, cuyas declaraciones de ganancias presentan lagunas intolerables para cualquier estándar de auditorÃa corporativa, convirtiendo la transparencia en una burla sistemática.
En una escala más rústica, las sospechas de coimas del 3% coordinadas bajo la órbita de Karina Milei, la influyente secretaria de la Presidencia, evidencian que las viejas prácticas de peaje estatal gozan de excelente salud en la nueva administración. A esto se suma el financiamiento del diputado José Luis Espert, cuya vinculación con el narcotraficante Fred Machado expone la dimensión más peligrosa del financiamiento polÃtico informal, la penetración del capital ilÃcito en las estructuras de representación parlamentaria, allà donde el dinero compra leyes y silencios.
Incluso las áreas destinadas a la protección social, como la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), han sido colonizadas por esquemas de desvÃo de fondos. La paradoja es total, se desmantela la asistencia a los sectores vulnerables invocando la lucha contra la corrupción, mientras se estructuran canales opacos para el usufructo polÃtico. El discurso moral del gobierno funciona como un dispositivo de distracción. Mientras el debate se entretiene con la pirotecnia discursiva del Presidente, la verdadera "casta" de las finanzas corporativas opera con total impunidad detrás del decorado.
En conclusión, la gestión de Javier Milei no representa la abolición de las patologÃas estatales, sino su reconfiguración para el beneficio de un oligopolio financiero bien conectado. La contradicción entre la teorÃa del libre mercado y los hechos descritos desaparece al analizar la antropologÃa profunda del hombre de finanzas que hoy habita el poder; para ellos, el Estado no es un enemigo a destruir, sino una opción de compra (call option) de alta volatilidad que debe ser ejercida al máximo antes de que expire su mandato polÃtico. El anarcocapitalismo real promovido por el actual oficialismo de turno, no es más que el viejo y conocido saqueo, redactado con la sofisticada elegancia de la jerga financiera internacional.
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