Narrativa económica, teologÃa del mercado y manipulación. |
La polÃtica democrática presupone una premisa elemental; que el debate público se desarrolle sobre una base mÃnima de hechos compartidos. Cuando esa base se erosiona sistemáticamente, el problema deja de ser comunicacional y se convierte en institucional.
En la Argentina contemporánea, el discurso económico oficialista presenta una caracterÃstica llamativa; esta es la coexistencia persistente entre afirmaciones de éxito macroeconómico y una realidad social que amplios sectores de la población experimentan como deterioro material de magnitud.
Mientras el ministro de EconomÃa Luis Caputo describe públicamente la situación económica como un proceso de estabilización exitoso, pero lo acompaña con una groserÃa como: "a los que piden devaluar me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo..." (ámbito.com, 1 de abril 2026), los ojos se posan en los itinerarios sociales y productivos y, estos reflejan niveles significativos de contradicción; contracción económica, pérdida de ingresos reales y aumento de la precariedad social.
Esta brecha entre discurso y experiencia cotidiana ya viene planteando una pregunta central. - ¿Cómo puede sostenerse una narrativa económica exitosa cuando una parte significativa de la ciudadanÃa percibe que dicha narrativa contradice su propia experiencia material? -
La respuesta no puede reducirse a la suposición simplista de que la sociedad "cree" o "no cree" en el discurso gubernamental. La relación entre discurso polÃtico y percepción social es considerablemente más compleja. Como señaló Hannah Arendt en su análisis clásico sobre la mentira en polÃtica, las sociedades modernas pueden llegar a convivir con narrativas públicamente cuestionadas siempre que estas logren organizar un marco interpretativo coherente para los acontecimientos.
El fenómeno sugiere precisamente esa dinámica; la de un sistema de producción discursiva que no busca describir la realidad económica sino estructurar la manera en que dicha realidad es interpretada. En este contexto, el discurso gubernamental argentino presenta tres rasgos distintivos.
Primero, la utilización recurrente de indicadores económicos y sociales controvertibles como instrumentos. Variables macroeconómicas como inflación, reservas, superávit fiscal o niveles de pobreza son presentadas en clave de éxito polÃtico aun cuando su interpretación empÃrica resulta objeto de polémica entre analistas económicos y centros de investigación.
Segundo, la introducción de un registro moral y espiritual en el discurso. Las referencias recurrentes del presidente Javier Milei a conceptos como "las fuerzas del cielo" o a figuras bÃblicas-como Moisés y Aaron- funcionan como un dispositivo simbólico que dota al programa económico de una legitimidad "trascendente" que excede el plano estrictamente técnico.
Tercero, la amplificación sistemática de estas narrativas mediante actores de redes digitales, periodistas de medios de comunicación amigables y actores polÃticos alineados; produciendo un ecosistema comunicacional en el cual las afirmaciones oficiales se reproducen con alta intensidad algorÃtmica independientemente de su grado de verificación empÃrica.
Bajo este modelo, el poder polÃtico no se limita a gestionar variables económicas, sino que interviene activamente en la construcción de los marcos cognitivos mediante los cuales la sociedad interpreta dichas variables.
El discurso económico del actual gobierno argentino constituye un caso particularmente explÃcito de gobernabilidad basada en la ficción, en el cual la estabilidad polÃtica se sustenta menos en resultados materiales verificables que en la administración simbólica de percepciones, expectativas y antagonismos sociales.
Desde esta perspectiva, la cuestión central no es simplemente si determinadas afirmaciones gubernamentales son verdaderas o falsas. El problema es más profundo, el problema es la transformación del discurso económico en un instrumento de construcción de realidad polÃtica.
Autores como Karen Ho han demostrado que los mercados financieros no operan únicamente sobre datos objetivos, sino también sobre narrativas culturales que legitiman prácticas económicas altamente desiguales. Callon introdujo la idea de que los discursos económicos no solo describen los mercados; sino que contribuyen a producirlos. Trabajos como Liar's Poker (El Poker de los mentirosos) de Michael Lewis muestran cómo la cultura de Wall Street naturaliza prácticas especulativas mediante narrativas que glorifican el riesgo, la agresividad y la acumulación extrema.
La economÃa de la ficción
En la economÃa contemporánea existe un supuesto implÃcito que raramente se cuestiona; los indicadores macroeconómicos serÃan instrumentos neutrales de medición. Inflación, pobreza, reservas o superávit fiscal funcionarÃan como termómetros que describen la realidad económica con mayor o menor precisión técnica. Sin embargo, la experiencia argentina reciente sugiere que esos indicadores pueden cumplir otra función mucho más relevante; convertirse en dispositivos narrativos ficcionales de legitimación polÃtica.
En un foro empresarial, por ejemplo, Milei sostuvo que el actual proceso económico habÃa permitido "sacar 12 millones de personas de la pobreza", presentándolo como uno de los logros centrales de la polÃtica económica oficial. Mas tarde en otras apariciones irÃa escalando a 13 millones, luego 14 millones y, hasta 15 millones.
Por ejemplo, informes oficiales indican que la inflación argentina continúa por encima de las previsiones oficiales, alcanzando niveles interanuales cercanos al 35%, lo que refleja tensiones persistentes en la dinámica de precios a pesar del programa de ajuste fiscal implementado por el gobierno. Mientras tanto, el gobierno habla de una inflación bajando, próximo a alcanzar 10 meses consecutivos de suba del IPC (Ãndice de Precios al Consumidor). Al mismo tiempo, diversos analistas, profesionales y académicos-con datos oficiales del mismo gobierno- han advertido que el ajuste macroeconómico ha producido efectos recesivos significativos, generando dudas sobre la sostenibilidad social del programa económico en el mediano plazo.
Lo que resulta particularmente llamativo, es la intensidad con la que el discurso oficial insiste agresivamente en presentar el proceso económico como un éxito inequÃvoco, incluso en contextos donde los indicadores muestran resultados negativos como el impresionante aumento de la deuda pública.
Cuando finalmente las consecuencias materiales de la ficción polÃtica se vuelven imposibles de ignorar -crisis económicas, colapsos institucionales o conflictos sociales profundos- el deterioro acumulado de la esfera pública puede ser ya demasiado grande para revertirse sin una crisis de magnitud.
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de lo mejor de la nota.
y sus tres patas,
una de ellas casi religiosa, con figuras biblicas... y un acting del Joker....de lo mas mesianico.
esa ensalada demencial... es escupida por el algoritmo, de manera multiplicada.
y la ayuda de los medios ¨amigues¨... que no son pocos los que quedan.
algunos... despacito... sin mucho ruido.... empiezan a abandonar el cuento... no sea cosa de prenderse fuego en la hoguera.
chamuscarse mucho.... deja marcas. imborrables.