Editorial
Un Pendrive en el Placard
Por Pablo Cano
El Presidente no escatima contradicciones para sostener el relato de su gobierno.

Sigue habiendo una ventaja para Milei. La entienda él, sus estrategas o simplemente sea así el personaje, el Presidente no escatima contradicciones para sostener el relato de su gobierno en una praxis que mezcla fingir demencia con tomar por boludo al otro, a veces incluso en el mismo párrafo. En eso, todavía saca una diferencia clara frente a "la casta", que conserva cierto prurito para contonearse con los vientos de ocasión y le regala tiempo y agenda a un oficialismo que solo mantiene el norte cuando se trata de identificar al enemigo con el cual pretende polarizar. La distancia con el peronismo se vuelve evidente en el modo en que ambas fuerzas tratan a sus potenciales corruptos: uno sigue sin poder hablar del tema, mientras Milei cuestiona a Majul por hablar poco de Insaurralde a la vez que despide a Adorni con un emotivo abrazo. Chapeau para los estrategas violetas: aun en medio de la crisis -que es por la malaria y no por la cascada- les miden el aceite a las usinas peronistas y les clavan una agenda que debería resultar más vergonzante para los libertarios, por actualidad, que para el panperonismo.

Cuando en el lejanísimo 1.º de marzo de este año el presidente Javier Milei quiso instalar "la moral como política de Estado", él -o, mejor dicho, su estratega- asumía algo central para este 2026: el orden macro iba a seguir asfixiando la micro y el plan económico tenía, como única política de recomposición del ingreso, la baja de la inflación, aun cuando ésta llegara a costa de mayor recesión. No es un mal plan. El núcleo electoral duro de cara a 2027 -tal como quedó demostrado en las elecciones de 2025- empieza a asimilar integralmente la composición del voto que tuvo JxC y está concentrado en sectores con un profundo sesgo antiperonista, mayoritariamente ubicados en el universo de mayor poder adquisitivo, capaces de gambetear el achique de la economía y beneficiarse de la combinación de orden macro y dólar atrasado. Hay un pucho que falta para llegar al 45% y evitar un ballotage. Para ese sector -la clase media empobrecida que habita en los grandes conurbanos y, sobre todo, en las capitales del NOA y el NEA-, el discurso moralista le sigue permitiendo al Presidente, cuyo partido está ausente en la gestión territorial, capturar el descontento acumulado contra las "castas de proximidad": intendentes y gobernadores que sostienen su poder con las mismas prácticas que alimentan el cuestionamiento de quienes están afuera y el resquemor de quienes están adentro. Traducido: en 2023 Milei gana en todas las capitales del norte argentino, salvo Santiago del Estero, no solo por cierta retracción del aparato local, sino porque en esa elección los votantes encuentran una válvula de escape para su bronca contenida contra una práctica y un sistema que podrían resumirse así... "Acá todos sabemos cuánto maneja el gobernador y sus amigos; mirá si nos va a impresionar un Flipper que se compró Adorni".

Así, la lucha contra la corrupción no funciona como una demanda ética a representar, sino como la narración del enemigo al que se debe derrotar. Por eso Adorni, Libra o los audios de Spagnuolo no anulan la posibilidad de reeditar la corrupción del peronismo/kirchnerismo ni de agitar videos con dólares, sea en un placard o en una oficina,: más que juzgar sucesos viejos, eso reactiva la memoria del sistema vigente allí donde todos se conocen, desde La Banda del Río Salí hasta Hurlingham.

Aunque basta con hojear el ultracitado Los ingenieros del caos, de Giuliano Da Empoli, para entender lo básica y unidimensional de la estrategia libertaria, pareciera que tanto quienes buscan "emprolijar" el modelo como aquellos que deberían representar una alternativa al ciclo violeta corren a la saga de la agenda que les impone Milei. Dan por sentado que sus límites -ostensibles, tanto como líder político como en relación con su plan económico- decantarán en un ciclo nuevo, y entonces discuten su sentido y su protagonista. Eso le permite a Milei seguir transitando casi sin molestias la construcción de una escenografía donde puede prescindir del león y de la motosierra, pero no del discurso rabioso para identificar de manera brutal y primaria al que tiene enfrente. Claro que al oficialismo le queda enfrentar una economía que en la mayoría de los hogares argentinos está haciendo estragos: basta con ver el incesante crecimiento de la mora junto con la baja en el consumo de leche. Pero apuesta a una inflación en cero, al ordenamiento de todo el antiperonismo detrás de una sola oferta y a gritar "inmorales", "ensobrados" y "corruptos" mientras negocia con Comodoro Py, convencido de que su público no cuestiona dólares que aparecen en placares o pendrives. Ya lo explicó la psicología: la indignación es políticamente correcta y la rabia es un placer personal. En tiempos donde estos no abundan para una gran mayoría, Milei les sigue brindando el más barato, el más disponible y, tal vez por eso, el más difícil de discutir.

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  • 1
    coya
    Hace 9 horas
    09:23
    La Prueba de que es una nota de mierda es uqe nadie habla del tema.
    Tenes un problema amigo. Todos sabemos que Fidanza opera para el PJ. Está bien, son las reglas, y el no se esconde.
    Pero a vos no te conoce nadie flaco, tenes una foto impresentable, y argumentas como un neardhental.
    Todo tu argumento se resume en Mili es el antiperonismo. Y el antiperonismo es tan estupido que con tal de no votar al peronismo va a seguir votando a este impresentable.
    Todo lleno de los mismos reduccionismos, falacias y tautologías de las que te quejas.
    Se te ven los hilos de lejos. Sos igual de impresentable que los leoncitos.
    Responder
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