Editorial
Homo Argentum
Por Pablo Cano
La película de Francella no es un yeite border del Presidente, es la descripción de la sociedad que explica circularmente la idiosincrasia y composición del sujeto que LLA pretende representar.

Pasado el hervor producido por el singular modo en que el Presidente Javier Milei abrió las sesiones ordinarias del Parlamento, todo parece indicar que la Argentina se encamina a transitar el 2026 entre el revoleo al que la somete la geopolítica unidimensional a la que se ha entregado y la profundización de un plan económico que mezcla un "plata dulce" para pocos con la recreación de la primarización decimonónica ampliada (minería, shale y gas se suman a carnes y granos... y un poquito de carry).

Si a eso le sumamos la precariedad cotidiana del gobierno -cuyo último capítulo es el grotesco episodio del gendarme Gallo-, con una inflación que no cede, un empleo que se resquebraja y una recaudación de IVA que viene de un semestre seguido en caída mostrando la contracción feroz del consumo, la conclusión parece simple: "No va a andar", convicción que ordena en algún punto la expectativa de la oposición.

Pero... ¿será tan así?

Si uno observa el discurso de Milei del pasado domingo, hay algo rumiando en la exposición que pasa de largo entre lo anodino de la misma, su pésima lectura y la vocación manifiesta de hacer el show de la grieta por fuera del libreto. Milei (o su escriba) entiende que una parte sensible en términos electorales de la sociedad se banca y banca esto a pesar de los costos.

La ausencia absoluta de referencias que hablen de mejorarle el bolsillo a las grandes mayorías, una descripción sobre el mercado del empleo schumpeteriana y una invocación constante a construir un nosotros amplio y axiológicamente "bueno" ("Sé que no estoy solo, que me acompañan millones de argentinos de bien que decidieron no rendirse y que hoy vuelven a creer que una Argentina distinta es posible") nos permite entender que Milei (o su estratega) tiene una visión del sujeto que pretende representar, de sus demandas y, lo más importante, de su caracterización como un sujeto "nuevo" desconectado de las tradiciones que formatearon al ciudadano argentino hasta el 2023 (primera elección presidencial post pandemia)... el Homo Argentum.

Milei entiende que una parte sensible en términos electorales de la sociedad se banca y banca esto a pesar de los costos

Si bien pareciera que el núcleo duro de la demanda de representación política sigue ordenándose en un 35/40 para cada bando entre peronistas y antiperonistas, el casi tercio que pendula de aquí para allá (del 54% de CFK al 55% de Milei) pareciera estar cristalizado en las clases medias bajas, que habitan en la primera periferia de las grandes ciudades y que son, mayoritariamente, hombres sub 40, universo que está particularmente expuesto a la necesidad del rebusque ante la contracción del empleo formal y empieza a habituarse a un recorrido laboral de subsistencia que, como todo contexto, debe reinterpretarse para ser llevadero. Y Milei parece estar encontrando la forma de narrarles ese presente que cancela de manera definitiva el sueño progresista de la clase media argentina para transformarse en lo que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han describe como una "sociedad del cansancio" que se autoexplota voluntariamente (el orgulloso repartidor/chofer de aplicación que pondera la libertad de organizar sus horarios) pero que es mostrada virtuosamente como una libertad de emprendedor a la cual hay que sacarle de encima lo que la perturba -por ej.: el Estado- para que pueda desarrollarse totalmente (Han empieza a difundir esta idea alrededor de 2010; es probable que Marcos Peña la haya leído también, pero la sociedad del 2015 era menos dócil que la del 2023... no había Uber y Pedidos Ya en aquel entonces, recién empezaba).

Byung-Chul Han (autor de "La sociedad del cansancio", "Psicopolítica" y "La sociedad de la transparencia", entre otros) describe la sociedad neoliberal-digital como una donde ya no hay opresión externa: el sujeto, como dijimos, "se autoexplota", se vuelve transparente hasta la náusea -esa pulsión de narrar un yo en redes superficial y mainstream- y expulsa al Otro real convirtiendo a la libertad en herramienta de su propia sumisión. Esa expulsión del "Otro real" implica en términos de relaciones sociales rechazar lo diferente para quedarnos solos con nuestros reflejos (esa acumulación de contenidos iguales en los feed de redes sociales) logrando una sociedad que parece libre pero es una cárcel de lo idéntico... un fascismo con algoritmos que produce una sedación de las pulsiones transformadoras con tipos como el Gordo Dan galvanizando la mirada del mundo.

Bajo este prisma, la película "Homo Argentum" no es un yeite border del Presidente, es la descripción de la sociedad (o de una parte de ella, por lo menos) que explica circularmente la idiosincrasia y composición del sujeto que LLA pretende representar: los argentinos son así, esos otros son así, nosotros no somos así, ponemos en crisis a eso que son los otros porque los verdaderos argentinos de bien somos nosotros, los que estamos viendo la película, reconociendo en esos otros un nosotros asordinado, dando así forma a otro concepto del surcoreano que la película muestra como una "psicopolítica del boludo", hacerse el idem para disimular el fracaso propio y ajeno (la escena del hijo de 39 años que no se quiere ir de la casa es un resumen perfecto de este punto). Así, el argentino que cuentan Duprat y Cohn surge como el sujeto neoliberal perfecto pero con acento porteño: un emprendedor de la viveza que se cree libre porque se las rebusca y el que se la rebusca no es garca, sino un pillo sobreviviente (cómo en la escena del arbolito que entrega a los turistas) o el personaje hipertransparente en la pose y opaco en la acción (aquel del inicio de la película que ocasiona dos muertes y sigue como si nada minutos después de haber ponderado los "valores de los argentinos"), o el que vive rodeado de otros que solo sirven como escalón o decorado (el relator que colapsa mientras la fiesta sigue y nadie lo registra)... un conjunto de ponderaciones del ser nacional que nos pintan de manera horrible y que -como gran efecto del momento de la sociedad y de cierta pericia del film- no recibió un reproche masivo puesto que se impuso que era una mirada sobre los "otros"... y ese otro -tal como describe Han- está desconectado y por lo tanto no hace daño, no molesta porque en algún punto se hace un eco irreconocible de nosotros mismos -sobre el cual podemos permitirnos hacernos los boludos- explicando también de esta forma por qué Milei actúa contra el kirchnerismo y con algunos otros actores del poder (como Rocca y Clarín) de la manera en que lo hace: son el Otro real, el que le disputa y el que no puede -aunque lo intente- suprimir.

Francella se desmarca de Milei: "No hay trabajo, el panorama es desolador"

Si la irrupción de LLA nos ha llevado a todos a replantearnos la forma de pensar en cómo están ordenadas las demandas mayoritarias de la sociedad y cómo ésta busca la representación de las mismas, todavía cabe preguntarse si lo acontecido en 2023/2025 es el inicio de un fenómeno de reordenamiento de tales demandas y sus sistemas de representación o apenas un espejismo de efectos prácticos hijo de la pérdida del mayor capital que siempre tuvo el peronismo para aportar a sus bases electorales: orden y previsibilidad.

Mientras el peronismo profundiza sus cuitas internas y empieza a murmurar que lo que falta es un programa alternativo (muchachos, al peronismo le falta rebeldía antisistema para ganar las elecciones y luego gobernar como parte del sistema como casi siempre ha hecho), el oficialismo navega convencido -por convicción o por inconciencia- sobre una sociedad que acompaña esto (describa esto como usted prefiera) porque cree que así se va a llegar a aquello (la Argentina potencia) y por ahora las elecciones y las encuestas lo ponen en un umbral competitivo de cara al 2027... claro que el Homo Argentum puede ser también una veleta y, como ha declarado recientemente Guillermo Francella, "el panorama es desolador".

¿The end? 

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