Miramos el futuro, pero este pasado es mil veces mejor que el presente. |
La historia de las conquistas sociales se consagra también con el puño y la letra de quienes logran traducir la dignidad humana en normas jurÃdicas inquebrantables.
Un ejemplo de esto del siglo XX lleva el nombre de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) de 1974, y la impronta intelectual de un hombre fundamental: el Dr. Norberto Centeno. Recordar su figura, su obra y su trágico destino no es un mero ejercicio de nostalgia; es un imperativo polÃtico y moral en un presente que asiste, a la demolición programada de los derechos conquistados por el movimiento obrero.
Para comprender la magnitud de lo que hoy está en juego, es necesario retroceder a la vida de los años setenta. El General Juan Domingo Perón, en el epÃlogo de su vida y con la sabidurÃa de quien entendÃa que la verdadera justicia social requerÃa de una arquitectura jurÃdica inquebrantable, eligió personalmente al Dr. Centeno. Este prestigioso abogado laboralista marplatense no fue un técnico frÃo contratado al azar; fue el director de un equipo de mentes brillantes que, bajo la supervisión directa y constante del propio Perón, dio forma al anteproyecto de la LCT. Aquel texto no pretendÃa regular el mercado desde una perspectiva mercantilista; su objetivo era humanizar los vÃnculos de producción, nivelar la histórica asimetrÃa entre el capital y el trabajo, y blindar a la familia trabajadora contra la arbitrariedad.
La ley fue finalmente promulgada en septiembre de 1974 por la presidenta MarÃa Estela MartÃnez de Perón, pocos meses después de la muerte del General. En aquel momento, la legislación laboral argentina se consagró como el estándar de protección y dignificación del trabajador más avanzado del planeta entero. No existÃa en el mundo un cuerpo legal que amparara con tanta vehemencia la estabilidad del empleo, el principio de indemnización protectora, los descansos, las licencias y la primacÃa de la realidad por sobre los contratos basura. Era la cúspide de un modelo de paÃs donde el trabajo no era considerado una simple mercancÃa regulada por la oferta y la demanda, sino un derecho humano fundamental y el eje ordenador de la vida comunitaria.
Sin embargo, los sectores del privilegio concentrado jamás perdonaron semejante avance. La dictadura cÃvico-militar instalada en 1976 no solo vino a imponer el terror a través de la desaparición forzada de personas, sino que trajo consigo un plan económico de miseria planificada que requerÃa, como condición necesaria, la destrucción de la LCT. El ensañamiento contra el andamiaje legal de Centeno se cobró la vida de su propio mentor. En julio de 1977, en el trágico episodio conocido como "La Noche de las Corbatas", un grupo de tareas secuestró a un conjunto de abogados laboralistas y defensores de derechos humanos. Centeno fue trasladado al centro clandestino de detención que funcionaba en la Base de la Fuerza Aérea de Mar del Plaa, donde fue torturado hasta la muerte. Aquel crimen atroz demostró que las balas y la picana de la dictadura no solo buscaban quebrar cuerpos, sino arrancar de raÃz el derecho laboral argentino. Paralelamente, la dictadura suprimió y modificó más de un centenar de artÃculos de la ley original, mutilando su espÃritu profundamente humanista.
El martirio de Norberto Centeno y sus colegas de "La Noche de las Corbatas" representa el precio que pagó una generación por el pecado de defender la Constitución Nacional y el bienestar de la clase trabajadora.
Hoy, a varias décadas de aquellos años oscuros, la historia parece repetirse bajo el ropaje de la democracia formal, pero con la misma voracidad destructiva. Asistimos a una reforma laboral contemporánea que, lejos de modernizar las relaciones de producción, opera como un viaje en el tiempo hacia el siglo XIX. Con el argumento falaz del "déficit", la "competitividad" y la supuesta necesidad de atraer inversiones extranjeras, se están borrando de un plumazo las conquistas históricas por las que Centeno dio la vida.
La distancia entre aquel modelo de suma protección de 1974 y la actual reforma es abismal y dolorosa. Donde antes habÃa estabilidad laboral, hoy se promueve la precarización y el despido arbitrario abaratado; donde antes existÃa el principio de irrenunciabilidad de los derechos, hoy se intenta camuflar la explotación bajo la figura del "colaborador independiente" o monotributistas forzados; donde la ley original ponÃa el foco en la dignidad de la familia obrera, las normativas actuales priorizan la tasa de ganancia de las corporaciones y el alivio fiscal para los evasores. Lo que la dictadura genocida comenzó a mutilar mediante la violencia de las armas, las reformas neoliberales del presente buscan consolidarlo mediante decretos y leyes de entrega.
Resulta indispensable desarmar el lenguaje robótico y tecnocrático de los gurúes económicos que pretenden naturalizar el despojo. No estamos ante un "cambio de paradigma del mercado"; estamos ante una transferencia brutal de recursos desde los sectores asalariados hacia el capital más concentrado, un vaciamiento ético que despoja al ciudadano de su condición de sujeto de derecho para convertirlo en un insumo descartable. La flexibilización laboral no genera empleo; genera sumisión, miedo y pobreza estructural.
Frente a este escenario de desguace, levantar las banderas de la memoria es un acto de legÃtima defensa. Recordamos al Dr. Norberto Centeno y a todas las vÃctimas de "La Noche de las Corbatas", quienes pagaron con su sangre el compromiso inquebrantable de sostener las leyes que protegÃan a los humildes. Su legado no pertenece al pasado; es una trinchera jurÃdica y polÃtica desde la cual resistir el avasallamiento actual. Reivindicar su obra hoy implica alzar la voz contra la reforma laboral precarizadora, recuperar el orgullo de la identidad trabajadora y recordar que los derechos siempre se defienden.
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