Editorial
Argentina sale de lo malo para entrar en lo horrible
Por Osvaldo Nemirovsci
Dentro de esta matriz ideológica, la empatía hacia el prójimo y la solidaridad social dejan de ser vistas como virtudes republicanas para ser estigmatizadas como anomalías o delitos de Estado

En el año 2024, el artista español Mauro Entrialgo publicó un libro titulado Malismo: La ostentación del mal como propaganda. Contrariamente a lo que puede suponerse, el término acuñado no opera gramaticalmente como un adjetivo. Se trata, en rigor, de un sustantivo masculino, común y abstracto que, al amalgamar la raíz léxica del adjetivo "malo" con el sufijo "ismo", trasciende la mera calificación individual para constituirse, casi, en un sistema doctrinal, una categoría analítica y una práctica de alcance social.

El malismo se fundamenta en una estrategia comunicacional y propagandística inédita en la política contemporánea: el despliegue abierto y ostentoso de discursos, actos y decisiones de carácter reprobable. Lejos de ocultar la amoralidad o la transgresión ética, sus cultores la exhiben de forma explícita y performativa como un activo provechoso, articulando una narrativa diseñada para cosechar réditos en la arena electoral, comercial, mediática o institucional.

En todo el mundo, figuras gubernamentales encarnan a la perfección esta lógica. Su modus operandi estriba en articular pronunciamientos caracterizados por una virulencia dirigida intencionalmente hacia los sectores más postergados, vulnerados o marginados del entramado comunitario.

El núcleo conceptual del malismo radica precisamente en erradicar la vergüenza o el disimulo; la agresividad no se enmascara, sino que se enarbola como un atributo de presunta autenticidad, audacia e irreverencia frente a lo establecido.

Ha superado el campo de la política y la ostentación del mal se ha capilarizado en variados estratos y se ve en el ecosistema comercial mediante marcas que apelan a nombres "canallas" como factor de venta; sintoniza con las dinámicas televisivas y digitales que mercantilizan la humillación ajena como espectáculo de consumo masivo; y se consolida a través de la retórica belicista e imprudente de líderes militares o los sermones de referentes religiosos que legitiman la exclusión, el odio y el rechazo a la otredad. Todas estas expresiones confluyen en un mismo paradigma: la elevación de la crueldad a la categoría de pilar identitario.

A esta altura de la soirée[1], al decir del pensador de Ingeniero Jacobacci Cefe Namuncurá, es preciso advertir la severa conversión que ha sufrido este dispositivo. Lo que en otras épocas supo vincularse a la provocación contestataria, la rebeldía o la modernidad estética orientada a desafiar a las estructuras de poder, ha sido cooptado y neutralizado por el propio sistema.

En manos del establishment económico, mediático y político, la provocación perdió su aliento emancipador para mutar en una herramienta de dominación. Hoy constituye una plataforma disciplinadora dirigida a erosionar los pactos democráticos esenciales, dinamitar las coberturas de solidaridad social y disolver los consensos comunitarios en torno a los derechos humanos, la justicia distributiva y la dignidad humana.

En este sentido, el escenario político argentino ofrece un caso de estudio paradigmático. Pedimos permiso al español Entrailgo y decimos que el malismo en Argentina ha mutado al "horribilismo" O sea...digamos, como el malismo, pero peor, o sea digamos.

Esta evolución se consolida a partir de diciembre de 2023, con el advenimiento al gobierno de Javier Milei y su equipo de gestión, cuya configuración encaja en la definición estricta de una kakistocracia: el gobierno de los peores, los más mediocres y los menos calificados para la conducción del Estado.

El paradigma de esta administración condensa las expresiones más virulentas del malismo original, profundizándolas. Se asiste a una inédita institucionalización de la crueldad como política pública explícita y sistemática. Colectivos vulnerados y agredidos, tales como las personas con discapacidad, los jubilados, los trabajadores del sector público, los científicos y el sistema universitario, son sometidos de forma cotidiana al despojo progresivo de sus derechos conquistados y a un agravio verbal constante emitido desde las más altas magistraturas.

El horribilismo trasciende el mero cálculo táctico del malismo: añade el regodeo y el orgullo explícito de gobernar a partir del resentimiento. Dentro de esta matriz ideológica, la empatía hacia el prójimo y la solidaridad social dejan de ser vistas como virtudes republicanas para ser estigmatizadas como anomalías o delitos de Estado. Su objetivo declaratorio ya no se limita a la provocación, sino que persigue la demolición metódica del bienestar común, transformando el sufrimiento social en el parámetro fundamental de su validación política.

Esto, crease o no, ocurre en nuestro pais argentino.


[1] Soiree: Fiesta o reunión nocturna.

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