Opinión
Saín tropezó con Saín
Por Fabricio Navone
Declaraciones desafortunadas y errores evitables precipitaron la salida del ministro que se animó a patear el tablero con la lucha contra las mafias y puso en vilo a importantes figuras del poder santafesino

 Apenas asumió Omar Perotti como gobernador frente a la Asamblea Legislativa, señaló la necesidad de separar la paja del trigo: marcar una línea divisoria entre los funcionarios del Estado y las bandas delictivas bajo la sospecha de que existían (y existen) tenebrosos puntos de contactos entre las mafias y sectores de la política, la justicia y la policía que convirtieron a las principales ciudades de Santa Fe en las más violentas del país.

Para esa tarea, convocó al especialista en seguridad, Marcelo Saín, quien ya había desembarcado en la provincia por concurso durante la gestión del socialista Miguel Lifschitz para ponerse al frente del Organismo de Investigaciones en el ámbito del Ministerio Público de la Acusación.

Ya como ministro, Saín transitó un campo minado cuando las causas judiciales más emblemáticas, como la del juego clandestino, dejaron a la intemperie nombres rutilantes de la policía, la justicia, y de la política santafesina y que al escarbar, amenazaban con salpicar a importantes hombres del poder financiero y empresario.

A raíz de ello, se hicieron evidentes los hilos que atan los extremos del crimen organizado que conectan a jóvenes sicarios, personajes menores del hampa, con hombres de negocios que compran protección policial y judicial con la venia de sectores de la política como sucedió con el atentado al Casino de Rosario que le costó la vida a un desprevenido apostador y que a partir de allí se descubrieron los vínculos de Leonardo Peiti, "el zar del juego", con policías, fiscales y dirigentes locales, investigación que aún no mostró todos los alcances. Este jueves la Legislatura suspendió a un tercer fiscal por la misma causa.

"Vamos a fondo", le ordenó Perotti a Saín para que el ministro le transmitiera el apoyo político a los miembros del Ministerio Público de la Acusación a cargo de las causas. Pero como en las situaciones bisagras, las formas pesan casi tanto como el fondo, Saín no supo atravesar ese campo minado con la prudencia que los objetivos demandaban.

El abuso del desparpajo que se necesita para asumir desafíos de época, obligó a la salida anticipada de Saín luego de una larga lista de errores innecesarios en el plano de la política, con declaraciones y posteos en redes con los que se granjeó el repudio de un amplio abanico de personalidades de la oposición y oficialistas, de quienes se sintieron amenazados por el curso de las investigaciones o simplemente, por la herida de algún ego.

Al reclamo por mayores controles a la circulación de armas entre la población civil que hizo el intendente de Rosario, Pablo Javkin, Saín salió a cruzarlo con estadísticas y a pedirle "seriedad" en las declaraciones. Una reacción exagerada para un alcalde que hizo un pedido por demás razonable para una ciudad que contabiliza más de 50 crímenes desde que comenzó el año. Fue la última aparición pública de Saín como ministro.

Pero a los exabruptos del funcionario se le sumó el malestar de la población por los delitos menores (y permanentes) como los arrebatos y robos callejeros que reflejaron deficiencias en aspectos operativos de la policía como la organización del patrullaje y de las acciones preventivas y socavaron la imagen de la gestión. Ir contra la estructura mafiosa enquistada en la provincia es un camino loable pero no es suficiente si al ciudadano no se le brinda la protección básica cuando sale al trabajo.

En el medio, Saín impulsó una ambiciosa (y necesaria) reforma policial que apunta a la profesionalización de los oficiales, controles cruzados al accionar y mejoras de las condiciones laborales, según los parámetros de seguridad democrática. Pero con los vínculos quebrados con la Legislatura, los proyectos no tuvieron oportunidad de convertirse en ley. 

El interrogante que queda flotando en el aire es si el nuevo ministro, Jorge Lagna, estará dispuesto a avanzar con las investigaciones que removieron sedimentos del poder en la provincia y si su muñeca política (es un histórico dirigente del PJ) le allanará el camino para conseguir mayores resultados.

En principio, el nuevo funcionario recibió la bienvenida de todo el arco político de la provincia mientras se mostraban dispuestos a restablecer el diálogo. El tiempo dirá si se inicia una etapa de consensos para la gestión de Omar Perotti y si esos acuerdos mínimos no se traducirán luego en un pacto de impunidad.

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