Macroeconomía
Entre la espada y la pared
Por Rodrigo Álvarez
En 2019 difícilmente se alcanzará la meta fiscal y tampoco habrá crecimiento. En el mejor de los casos, el Gobierno sacrificará algunos puntos de déficit para que la actividad acote su caída.

Mientras las expectativas de actividad económica para lo que resta del año se deterioran continuamente, el Gobierno no hace más que seguir fortaleciendo las medidas contractivas. A las elevadísimas tasas de interés del Banco Central, se suma el fuerte compromiso asumido por parte de Hacienda con el ajuste fiscal.

Esta situación encierra a la economía entre la espada y la pared. El ajuste fiscal que supone el cumplimiento de la meta continuará afectando negativamente a la actividad, al empleo y a la recaudación. Con ello, se profundizará el retroceso en el nivel de indicadores sociales, tal como se vio en los datos de pobreza del último semestre.

Más allá de algunos anuncios puntuales de bajo impacto para reactivar la demanda, el Gobierno se muestra muy poco dispuesto a reorientar el rumbo. Los recientes anuncios tienen gusto a poco: primero, la línea de créditos a una tasa de 29% no es compulsiva, por lo que los bancos no están obligados a cumplir el objetivo. Segundo, el adelanto del aumento de la AUH -si bien tendrá fuerte aumento real- hará un aporte reducido a nivel macro; y tercero, los créditos al consumo a través de Anses a tasa nominal entre 47% y 53% tampoco dinamizarán la actividad.

De esta forma, pese a que los datos del primer trimestre podrían ser mejores en términos de actividad (el EMAE de enero creció por segundo mes consecutivo en la serie sin estacionalidad), y a que el arrastre negativo que dejó el 2018 se revisó a la baja (de -2,9% en el EMAE de diciembre a -2,4% en el PIB recientemente publicado), sostenemos que 2019 será un año de fuerte caída.

Escenario 1

Un escenario base (antes del shock de la política fiscal) implicaría una caída del producto de 2%, con una importante recuperación del agro (crecimiento de 17% interanual luego de la sequía del año pasado), pero con una continua caída del resto de los sectores por el impacto del menor consumo e inversión.

Esta caída es consistente con el arrastre muy negativo para la actividad que dejó el año pasado. En un ejercicio hipotético, si durante todo 2019 la actividad se mantuviera en el nivel alcanzado a fines de 2018, la caída promedio anual de 2019 sería de 2,4%.

En tanto, si bien esperamos que el agro aporte cerca de 1 punto de crecimiento, con esto no alcanza: la inversión está en un impasse por la incertidumbre cambiaria y en modo wait and see, por temor a que el resultado de las elecciones modifique en algo las reglas de juego. Además, el consumo privado seguirá afectado por la inflación.

Este escenario es consistente con un déficit primario de 1,3% del PIB que, si bien supone un ajuste de prácticamente 1 punto del PIB respecto de 2018, implicaría un incumplimiento respecto de la meta establecida de 0% porque la recaudación se verá fuertemente afectada por la menor actividad.

Frente a la disyuntiva entre reactivar la actividad o cumplir con la meta fiscal, la administración se encuentra firmemente comprometids con este segundo objetivo y muestra muy poca flexibilidad para aplicar medidas paliativas que amortigüen los efectos nocivos del ajuste. En parte porque el compromiso es vinculante y en parte, creemos, por una cuestión dogmática.

Dado que el Gobierno se muestra resuelto a cumplir con el acuerdo, un déficit menor al de nuestro escenario base supondría niveles de actividad aún peores. Veamos:

Escenario 2

En un segundo escenario, por ejemplo, si el ajuste llegara a un déficit de 0,7% del PIB, la actividad mostraría una caída adicional que totalizaría 3,0% en el año. De lo anterior se desprende que la caída de la actividad que sería consistente con el cumplimiento del acuerdo para llegar al 0,3% de déficit (dado que se permite elevar el gasto social por encima de la meta) es brutal, en torno a 3,4%, sobre la caída de 2,4% del año pasado.

Entendemos que, pese a la voluntad del Gobierno de alcanzar el cumplimiento, la caída de la actividad que implicaría dicho escenario pondrá un límite fáctico al ajuste.

Más allá del compromiso asumido con el FMI, el cumplimiento de la meta fiscal será prácticamente imposible de alcanzar, aun ajustando nuevamente la actividad.

Por el lado del consumo, la caída del empleo significaría un desafío adicional a los deteriorados ingresos reales afectados por la inflación. Por el lado de la producción, una nueva caída de la demanda interna es una sentencia de muerte, dadas las elevadas tasas de interés que ya están asfixiando a las empresas.

A modo de conclusión

Desde Analytica sostenemos que el Gobierno se encuentra entre la espada y la pared. Tanto el compromiso con el cumplimiento de la meta fiscal como la voluntad de transmitir optimismo sobre el rumbo de la actividad de cara al año electoral, se verán truncados.

La meta fiscal se encuentra en jaque por la caída de la recaudación que supone la recesión de la actividad, mientras que la reactivación económica se encuentra coartada por el ajuste monetario y fiscal.

La magnitud de ajuste que demanda el cumplimiento de la meta fiscal implica una recesión sobre la actividad que entendemos será fuertemente resistida. Por el lado del consumo, la caída del empleo significaría un desafío adicional a los deteriorados ingresos reales afectados por la inflación. Por el lado de la producción, una nueva caída de la demanda interna es una sentencia de muerte de las firmas, que ya están asfixiadas por las elevadas tasas de interés.

En conclusión, este año difícilmente se alcanzará la meta fiscal y tampoco habrá crecimiento económico. En el mejor de los casos, queda esperar que el Gobierno sacrifique algunos puntos de déficit fiscal (aunque igualmente ajustando fuerte respecto del año pasado) para que la actividad acote su inevitable caída. 

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