Si hay algo que caracteriza al ex legislador porteño y ex Director de Deportes de la ciudad de Buenos Aires, Daniel Bravo, es que supo consolidar lazos sólidos con algunas figuras gravitantes de la política nacional, lo que le permitió ocupar cargos y espacios estratégicos. Entre ellos, el ex ministro del Interior alfonsinista, Enrique "Coti" Nosiglia, el jefe de Gabinete Alberto Fernández y el destituido mandatario porteño, Aníbal Ibarra.
Pero su momento de fama lo tuvo cuando apareció en la Casa Rosada junto al arrepentido en el caso de las coimas del Senado, Mario Pontaquarto, para entrevistarse con Alberto Fernández. Tiempo después también llegó a la tapa de los diarios, pero esta vez por razones más espinosas: denunció en plena campaña del 2005 al candidato del ARI, Enrique Olivera, por una supuesta cuenta en el exterior. Luego de las elecciones se comprobó que la denuncia era infundada.
Un dato sustancial ayudó a este ex diputado porteño en su carrera política: es el hijo del fallecido dirigente socialista Alfredo Bravo, quien siempre gozó de una sólida imagen de coherencia y honestidad en su accionar público.
Arrepentidos
Pontaquarto fue el primer "arrepentido" de este caso que hace pocas semanas tuvo un vuelco inesperado. Dijo haber sido el "valijero" de los 5 millones de pesos/dólares que se habrían pagado de coimas. Y acusó al gobierno de Fernando de la Rúa.
Pontaquarto hizo público su arrepentimiento a través de una nota concedida al desaparecido semanario TXT que dirigía Adolfo Castelo. Según dijo haber participado del reparto de las coimas le produjo un daño personal que finalmente lo llevó admitir públicamente sus culpas. "Fue la equivocación más grande de mis 41 años de vida. Ahora me libero de un hecho que me torturó durante mucho tiempo", aseguró a TXT.
La historia oficial dice que la decisión comenzó a tomar cuerpo el viernes cinco de diciembre de 2003 cuando su amigo Daniel Bravo lo llevó Pontaquarto a reunirse con el entonces jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra, en su despacho de Bolívar 1.
Días después de dar la entrevista a TXT, volvió a reunirse Pontaquarto con Ibarra. En esa ocasión, el encuentro fue en el domicilio particular del jefe de Gobierno porteño y participaron Pontaquarto y el anfitrión. Ocho días antes de su declaración, Ibarra y Bravo se reunieron con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández y allí se habría terminado de delinear la declaración y algunas cuestiones vinculadas con temas económicos.
Una fuente inobjetable del ARI le dijo a La Política Online que "Bravo estuvo al tanto de todos los pormenores de esta causa por su relación explícita de amistad con Pontaquarto", y agregó: "Ellos se conocieron hace más de cuatro años, en la casa de Nosiglia en un encuentro reservado para algunas personas. Desde entonces, se los pudo ver juntos en muchísimas ocasiones".
Esta extraña vinculación de Bravo con la causa de los sobornos volvió a darse esta semana, en otro particular episodio. Según consignó el diario Clarín, el pasado viernes, a horas de que la aparición de la nueva testigo Sandra Montero volviera a sacudir el caso, Bravo reapareció en escena.
El abogado de Sandra Montero, Roberto Ribas, confirmó que su clienta pidió ingresar a un programa oficial de protección de testigos y por este motivo tuvo una reunión en el ministerio del Interior, aunque en esa cartera aclararon que no fue con el ministro Aníbal Fernández.
Lo curiosos es que ese mismo día Ribas sí se encontró con Daniel Bravo, en un bar cercano a Tribunales. Ribas dijo que el encuentro fue "casual", pero nunca aclaró como fue que llegó a conocer a Bravo.
Un pasado ibarrista
El diciembre de 2003, Daniel Bravo - padre de tres hijos- asumió como Director General de Deportes porteño, tras un acercamiento que tuvo personalmente con el entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra.
Desde ese cargo, estuvo involucrado en uno de los episodios más desagradables de la política argentina de los últimos tiempos, cuando en el 2005 presentó una denuncia contra el candidato a primer legislador del ARI, Enrique Olivera, por la presunta omisión de más de 1,6 millones de dólares en su declaración jurada.
Según la denuncia presentada por Bravo, en la declaración jurada patrimonial y financiera de Olivera que el ARI colocó en su página de Internet, éste omitió "la existencia de una cuenta" radicada en el Banco Crédito Suisse First Boston de la Confederación Helvética, número 420028471, "que al día diez de octubre de 2005 registraba un saldo positivo de 1.671.571,05 dólares".
Sin embargo, a los cuatro días de concluidos los comicios, los propios bancos internacionales involucrados desmintieron la existencia de ese dinero y Bravo tuvo que salir a desmentir que su relación con Alberto Fernández y con el propio Ibarra haya motorizada esta evidente "operación política".
"Fui legislador porteño al mismo tiempo que Alberto Fernández [jefe de Gabinete nacional], pero de ahí a decir que él me pagó para que cuestionara a Enrique Olivera es una locura. Yo ni voy a votar al Gobierno ni estoy operando políticamente. Me llegó una denuncia anónima y la trasladé a la Oficina Anticorrupción [OA]", respondió Daniel Bravo, quien agrego: "Me llegó una nota en un sobre cerrado que revelaba movimientos de una cuenta bancaria desde el Citibank de Buenos Aires al Credit Suisse de la Confederación Helvética, más otra cuenta en el HSBC de Nueva York. Ambas estaban a nombre de Enrique Olivera y tenían balances cerrados en septiembre y en octubre, respectivamente. La de Suiza tenía fondos por más de 1.600.000 dólares y la de Nueva York, por más de 560.000. Olivera no las declaró cuando fue el presidente del Banco Nación".
Finalmente, el funcionario porteño dijo: "Carrió usó denuncias anónimas cuando hizo su informe de lavado. El 90 por ciento de su información era anónima y ella hacía conferencias de prensa todos los días. Ahora se queja. Me come la cabeza saber quién me mandó la información y por qué, pero no por eso iba a dejar de pedir que se investigara. Lo que rechazo es eso de que me pagó el Gobierno. Hice la denuncia porque me llegó la información y nada más".
Sin embargo, estas aclaraciones no lograron conmover al ARI. Un diputado de esa fuerza sostuvo a La Política Online que por aquella época "Bravo estaba negociando con Alberto Fernández un futuro cargo a nivel nacional, uno de sus máximos anhelos".
Concretamente , Carrió también dijo que "la denuncia de Bravo fue una "operación articulada desde la Jefatura de Gabinete con la complicidad de la Cancillería", involucrando dentro de este armado al entonces ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa, por entonces candidato porteño del kirchnerismo.
La caída
En mayo de 2006, Bravo fue reemplazado en su cargo por el actual subsecretario de Deportes porteño, Claudio Andrilli. Para la ocasión, tuvo una cena despedida en el club Sunderland, ubicado en Lugones 3100 en el barrio de Saavedra. La comida fue organizada por los empleados de la Dirección de Deportes y participaron unas 200 personas, entre ellos el cuerpo de delegados del sindicato municipal que conducen Amadeo Genta y Patricio Datarmini.
Bravo recibió dos placas en reconocimiento a sus tareas en la dependencia. Una plaqueta fue entregada por los docentes de gimnasia y la otra por el personal administrativo. En este evento quedo en claro la sólida relación de Bravo con Ibarra y sus aliados sindicales de entonces.
Aún hoy Bravo mantiene periódicos contactos con los restos del ibarrismo, sector en el que le reconocen su lealtad cuando llegó la hora de enfrentar el Juicio Político.
En febrero de este año y poco antes de su destitución, Aníbal Ibarra agradeció el apoyo recibido de más de 70 deportistas, dirigentes y periodistas deportivos, ante el difícil transe que le tocaba enfrentar, durante una comida realizada en su honor.
El organizador de la movida en Costanera Norte no fue otro que Daniel Bravo y hablaron entre otros el ex presidente de Vélez Sarsfield, Raúl Gómez y el vice primero de River Plate, Julio Macchi. Fue uno de los tres actos que este ex legislador armó en defensa de su jefe.
Esto le permitió a Bravo acercarse aún más a Ibarra que se desplomaba en las sombras del veredicto final por la tragedia de Cromañon, y según un legislador que resultó clave en la caída del jefe de Gobierno, "La actividad de Bravo a favor de Ibarra nos reveló que desde el principio Alberto Fernández también apostaba por salvarlo del naufragio".
La cercanía de Bravo con los hombres del fútbol también es conocida. José María Aguilar, el cuestionado presidente de River sostuvo en el 2000, al desmentir un vínculo orgánico con Nosiglia: "Nosiglia es de Boca y éste no es un tema menor. Con él y con el diputado Daniel Bravo (el hijo de Alfredo)hemos tenido reuniones en las que se habló del tema futbolístico en general, planteamos problemas y soluciones, pero esto nunca se inscribió en una estrategia política interna para el club. Que yo sepa, no desarrolla una actividad en nuestro ámbito riverplatense".
Un legislador del PRO, explicó a La Política Online que esas relaciones con el mundo del fútbol le permitieron a Bravo "acceder al cargo de Director de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires".
Claro que el factor determinante para acceder al poder gobierno fueron sus poderosos amigos, que como suele suceder con los amigos, tienen la mala costumbre de pedir favores.
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