"El día que tenga una de estas, sabré que he triunfado", dijo alguna vez la indómita Samantha Jones, el personaje más atrevido y provocador de la exitosa serie Sex & the City, parada ante la vidriera de Hermès mientras miraba embelesada una Birkin Bag.
La misma cartera que, unos miles de kilómetros más al sur del mundo, Cristina Fernández de Kirchner se animó a lucir la tarde que embarcó en el Tango 01 rumbo a la Cumbre que el Mercosur celebró días atrás en Río de Janeiro, acompañada por su esposo, el presidente Néstor Kirchner.
Y la llevaba con altanera elegancia, sabiendo el valor de esa pieza de colección que muy pocas mujeres en el mundo pueden ostentar. De hecho, ninguno de los hombres que la secundaban (entre ellos, Oscar Parrilli) repararon en ella, actitud que no sorprendió en lo más mínimo a la Primera Dama.
La cartera mito, tal como la denomina el mundo de la moda, nació durante un vuelo en avión en el que la por entonces ascendente y muy sexy actriz inglesa Jane Birkin coincidió con uno de los más altos ejecutivos de la firma Hermès. La historia es conocida. A ella se le cae una agenda con fotos de la canasta de mimbre que llevaba como bolso y él le sugiere que se busque una agenda con bolsillos a lo que la joven Birkin responde: "Hermès no hace agendas de ese tipo". El desconocido le responde: "Yo soy Hermès, si me da su agenda, le voy a hacer bolsillos". La actriz dobló la apuesta y le dibujó su cartera ideal, grande y elegante. Al poco tiempo él la llamó para decirle que la tenía lista y le pidió permiso para bautizarla con su apellido. Así nació la Birkin Bag.
Actualmente, la maison francesa se enorgullece en admitir que hay listas de espera de varios años para adquirir un modelo de esos y que el precio va desde los 6 mil euros (el más básico) a los 30 mil (el más exclusivo).
Llegar a ella requiere paciencia, bastante tiempo y muchísimo dinero. Seguramente, Cristina de Kirchner no dudó en juntar estos tres elementos para llegar hasta esta ansiada meta…aunque tratándose de una mujer renombrada y con fama de "pocas pulgas", es probable que Hermès (cuya sede porteña está ubicada en la refinada Avenida Alvear) no la haya hecho esperar demasiado.
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